jueves, 8 de enero de 2015

EUROPA, AMENAZADA

                        Ensimismados en nuestros problemas domésticos, los europeos somos incapaces de afrontar con contundencia el verdadero peligro, o al menos el más importante, que amenaza de forma rotunda nuestra convivencia en paz y en libertad. Siendo importante, como destacan hoy los medios, que la caída del petróleo pone a la UE al borde de la deflación, que aumenta la presión para que el BCE compre deuda soberana, o que en Grecia hay una fuga masiva de capitales de más de 3.000 millones en un mes, y tantos otros asuntos por el estilo de tipo político o económico, ninguna de estas preocupaciones tiene sentido si, al final, perdemos los valores democráticos que inspiran nuestra convivencia. Y la llamada civilización de Occidente, además de estos asuntos caseros, está seriamente amenazada por liberticidas internos y externos, mientras que, al menos en lo que toca a la vieja Europa, ni estamos ni se nos espera en los momentos de poner toda la carne en el asador para hacerles frente. No es la primera vez en la Historia europea que un pacifismo mal entendido, que una escrupulosa y enfermiza concepción inmaculada de tolerancia ilimitada, nos ha conducido al caos. No entender, precisamente, que la democracia y la libertad tienen todo el derecho a defenderse de forma contundente de quienes hacen del belicismo y la intolerancia la razón de su existencia es jugar a favor del totalitarismo y la esclavitud, poniendo en grave riesgo una convivencia de progreso, paz y libertad a base de hacer cada vez más débiles a los demócratas. El reciente ataque terrorista al semanario satírico “Charlíe Hebdo” en París, ni es una venganza (en todo caso intolerable) por las caricaturas de Mahoma, ni es un hecho coyuntural protagonizado por tres dementes surgidos por generación espontánea, ni es un atentado aislado contra la libertad de expresión… es, sencillamente, como el resto de atentados terroristas que, desgraciadamente, se vienen dando en diferentes países europeos, un sanguinario episodio más dentro de la estrategia diabólica de un plan perfectamente organizado con el claro objetivo de finiquitar el sistema de libertades de Occidente.
            Ahora, pese al dolor infinito y la indignación colectiva por semejante barbarie, como todas las que cotidianamente nos muestran los medios de comunicación, nos toca, como demócratas, hacer un llamamiento a la calma y a la serenidad. Ni islamofobias, ni fobias de ningún tipo, pues los musulmanes de bien, como los cristianos o los judíos de bien, como cualquier persona de bien, creyente o no, nada tienen que ver con los energúmenos que sólo entienden el lenguaje del terror como su mejor forma de expresión. Ni medidas excepcionales, ni estrategias heterodoxas desde el punto de vista legal, pues los enemigos de la libertad esperan precisamente el más mínimo comportamiento irregular por parte de las instituciones y las autoridades del Estado, del nuestro o del de cualquier otro Estado de Derecho, para socavar más aún los cimientos democráticos. Toca pues perseguir a los terroristas, ya identificados, encarcelarlos y someterlos a un juicio justo con todo tipo de garantías procesales con arreglo a la legalidad democráticamente establecida. En definitiva, se trata de oponer nuestra fuerza de la razón, que es la ley, frente a su razón de la fuerza, que es la barbarie, por extraño que parezca. Es lo que nos diferencia de ellos.
            Pero, dicho lo anterior, también debiera tocar, una reflexión profunda sobre la ineficacia de una legalidad excesivamente permisiva y garantista con los violentos, con los liberticidas que, como los yihadistas franceses que hoy ocupan nuestra atención, antes de sembrar el terror definitivo, el que ya no tiene remedio, han ido dejando un reguero de actos y comportamientos violentos en los márgenes del marco legal y cuando lo han incumplido alguna vez, como es el caso, se han visto favorecidos con penas leves y sus correspondientes ventajas penitenciarias. Si la esencia del Estado de Derecho Democrático es la exigencia estricta del cumplimiento de la legalidad vigente, para nada se menoscaba la democracia, sino todo lo contrario, con que dicha legalidad sea mucho más severa y más dura con quienes atentan de palabra u obra contra ella. Por dura que sea la legalidad democrática frente a quienes la incumplen no se atenta contra la libertad, sino todo lo contrario. Los legisladores europeos, en todos y cada uno de sus respectivos países, al margen del signo ideológico democrático que tenga cada uno de ellos, tienen la obligación inexcusable de dotar a esta amenazada vieja Europa de los instrumentos legales y materiales necesarios para poder defenderse de sus enemigos internos o externos antes de que ellos acaben con ella. Aún estamos a tiempo de llevar a sus justos términos la tolerancia intolerable que tanto gusta a los intolerantes, así como la seguridad insegura que tanto gusta a los violentos, mientras los pseudodemócratas la aplauden con el argumento de defender la libertad. En fin, hoy estamos a tiempo, mañana puede que ya sea demasiado tarde. Los pueblos de Europa tienen la última palabra.

                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

viernes, 2 de enero de 2015

SYRIZA EN GRECIA, PODEMOS EN ESPAÑA Y…

                        Y podríamos completar una larga lista de partidos populistas europeos, siguiendo con el también griego Amanecer Dorado de extrema derecha, el FPO austriaco, el Frente Nacional francés (o el izquierdista FDI), la Liga Norte italiana (o el izquierdista Movimiento Cinco Estrellas), el UKIP británico, la Alternativa para Alemania, el Partido por la Libertad holandés… y así sucesivamente, tanto en países de la UE como en países terceros, en muchos de ellos, como ven, con la doble versión contrapuesta de radicalismo o populismo de extrema derecha o extrema izquierda. Al final, por el famoso principio de que los extremos se tocan, unos y otros vienen a ser lo mismo, convergiendo en el objetivo de finiquitar el sistema político democrático hegemónico en la inmensa mayoría de los Estados de Europa y en la propia UE (liderado durante décadas por la alternancia política entre moderados de derecha e izquierda) e implantar otro sistema, reinventado a su imagen y semejanza. Eso sí, un nuevo sistema indefinido e impreciso que, obviamente, a medida que crece entre las distintas poblaciones el apoyo a estos partidos populistas radicales genera una preocupación progresiva en el sistema político actual vigente ya que, no por definición sino por aproximación comparativa con referentes que gozan de la admiración de sus respectivos líderes, ya sean referentes actuales (bolivarianismo, castrismo, chavismo…) o históricas (nacismo, comunismo…), todos ellos suponen o supusieron un empeoramiento respecto al sistema actual vigente y, en definitiva, el fracaso rotundo de una convivencia en paz, progreso y libertad. Estos populismos, que no son ni de izquierda ni de derecha (así se autodefinen muchos de ellos), no basan su atractivo en cuestiones de ideología, ni de principios, sino en su estrategia de fomentar y aprovechar el descontento en momentos de crisis para cosechar votos de todas partes adaptando su discurso a las necesidades de cada momento, sin orden ni concierto, con la prioritaria y casi única finalidad de alcanzar el poder como sea.
            Maestros todos ellos en aglutinar descontentos, tanto de un asunto como el contraria, se mueven como pez en el agua en la oposición democrática; maestros en arremeter contra un mal ajeno (Bruselas, capitalismo, inmigración, bancos…), siempre culpable de todos los males de la sociedad, jamás son responsables de nada; y maestros en diseñar proyectos alternativos a base de sofismas atractivos, obviamente irrealizables, sus programas (si es que los tienen) no aguantan ni un cuarto de hora de análisis crítico riguroso. Pero ello no importa, lo importante es menoscabar la gobernabilidad y el “statu quo” y, para ello, cuanto peor, mejor, aunque, si se consigue el respaldo mayoritario democrático (¡menos mal!) la alternativa se desvanezca como un castillo de arena. Al final, lo que no puede ser, no es, y además es imposible. Sólo así se explica, por ejemplo, que el adelanto electoral en Grecia y el previsible triunfo de Syriza, haya sido aplaudido no sólo por Podemos, sino también por el Frente Nacional en Francia. ¿Qué tienen en común Tsipras, Iglesias y Le Pen?; simplemente su convergencia antisistémica. ¿Se imaginan una Europa con Grecia, España y Francia gobernada por semejantes personajes? Pues todos ellos y algún que otro por el estilo en algún que otro país, tienen cada vez más posibilidades de lograrlo. ¿Es motivo de preocupación de cara al futuro? (aunque ellos le llamen miedo, que, según ellos, ha cambiado de bando, sin que sepamos qué miedo tenían hasta hoy en el suyo), júzguenlo ustedes. En definitiva, una posible Europa ingobernable, como desgraciadamente sucede hoy con Grecia, que sólo puede abocarnos a un empeoramiento drástico de la actual situación.
            Se preguntaba Pablo Iglesias, eufórico por el fracaso del sistema en Grecia (entre otras cosas por la irresponsabilidad de Syriza no arrimando el hombre para la gobernabilidad de Grecia en momentos cruciales), si la reacción negativa de los mercados e instituciones financieras ante la crisis griega no será porque temen lo que pase en Europa si Syriza gobierna en Grecia y las cosas mejoran para los griegos. ¡Ojala así fuera! Y añadía que “¿será que temen que después de los griegos les llegue el turno de votar a los españoles?” Quienes no nos movemos en el maniqueo de ángeles y demonios, entendiendo que, por sentido común, cualquier gobernante democrático sólo pretende, aunque sea por mero egoísmo, el bien para su pueblo (otra cuestión es que pueda lograrlo), lo que tememos es que Grecia no pueda conseguir los miles de millones, que no tiene y por tanto necesita, para pagar las pensiones a los griegos, los sueldos a los funcionarios, el gasto de los hospitales y centros educativos…. Tememos que nadie se los preste o lo hagan de forma tan abusiva (su prima de riesgo está por los 900 puntos) que no pueda ser asumible en una situación ya insoportable, susceptible de empeorar. Tememos que Syriza, con su teórico proyecto expansivo, al margen de la UE (dentro de ella no es posible por más excepciones que se hagan), no tenga la varita mágica para sacar todo ese imprescindible dinero de la manga. Y lo tememos porque no nos dice cómo y de dónde lo va a sacar, al igual que hacen el resto de sus colegas populista del resto de países europeos. Ese es el temor, que no miedo, ante quienes, como Iglesias, dicen que “las élites y sus partidos están nerviosos”… ¿acaso ellos no son élites de sus respectivos partidos? Me olvidaba, ellos son los ángeles; el resto, los demonios. Ellos quieren el bien para sus pueblos; el resto, el mal. ¡Así cualquiera!

                                               Fdo. Jorge Cremades Sena

jueves, 25 de diciembre de 2014

EL DISCURSO DEL REY

                        Felipe VI se estrena con el tradicional discurso navideño, un discurso pleno de aciertos en el fondo y en la forma, al extremo de que así lo reconocen hasta quienes son propensos a buscar cualquier tipo de excusa para criticar algún que otro detalle del mismo. Basado en los tres problemas que más preocupan a la sociedad española, el paro, la corrupción y el separatismo, el Rey expone de forma exquisita, sin herir ningún tipo de sensibilidad pero con toda energía, lo que a su juicio debiera hacerse ya que él, como es sabido, carece de cualquier tipo de capacidad ejecutiva, legislativa o judicial. Así, denuncia la corrupción, defiende el Estado de Bienestar y la unidad de todos los españoles de forma contundente. Apelando a que “debemos cortar la corrupción de raíz y sin contemplaciones y regenerar nuestra vida pública”, a que “la economía esté al servicio de las personas” y a que “millones de españoles llevamos a Cataluña en el corazón”, resume con tres frases lapidarias los objetivos que debieran ser prioritarios en el quehacer político de quienes tienen realmente la posibilidad de cambiar el rumbo del país. Un breve, pero indiscutible, catálogo de prioridades políticas para nuestros gobernantes. Y, rematando con que “un cargo público no puede ser un medio para enriquecerse”, con que la “gran mayoría de los servidores públicos” son honrados y con que “los responsables de conductas irregulares ya están respondiendo de ellas” en los tribunales, hace un canto a la esperanza frente al catastrofismo o pesimismo que, lamentablemente, se ha instalado en nuestra sociedad y que algunos pretenden utilizar como único argumento de propaganda política. Denuncia de los problemas esenciales y reivindicación de un impulso moral colectivo para una regeneración de la sociedad, urgente y necesario, son los pilares de un discurso importante en boca de un Jefe de Estado que, por decisión de los españoles, ni debe ni puede ir más allá.
            Por todo lo anterior, es indecente que algunos pretendan sembrar sombras de dudas manifestando que no hizo mención alguna al caso de la Infanta. Ni era el momento, ni es su deber. Tampoco mencionó otros casos de deplorable impacto social. Todos, incluido el “caso Nóos”, quedan incluidos en su lapidaria frase pidiendo que hay que cortarlos de raíz y sin ningún tipo de contemplaciones; es decir, de forma tajante y caiga quien caiga. Habría que hacer una interpretación torticera para achacar el mínimo resquicio de intención en el Rey de pretender pasar por alto la situación de su hermana y su cuñado. Injusto e intolerable por tanto cualquier intento de ponerle el más mínimo borrón a la conducta de Felipe VI al respecto. Como bien ha dicho, quienes son responsables de conductas irregulares, incluida su hermana y su cuñado, ya están respondiendo en los tribunales… Cuestión distinta es que la Justicia no funcione en España con la celeridad y contundencia que todos desearíamos. Pero esto, ni es responsabilidad del Rey, ni depende de él, por lo que cualquier crítica al respecto, debiera recaer en otras instancias.
            Con este ejemplar discurso, un paso más, por tanto, en la exquisita trayectoria, hasta el momento, de esa Monarquía renovada para un tiempo nuevo que el propio Monarca anunciara hace medio año con motivo de su Coronación.

                                   Jorge Cremades Sena

PABLO IGLESIAS EN BARCELONA

                        Sería de necios, como pretenden algunos, ignorar o minimizar el éxito de Pablo Iglesias en su mitin del pabellón deportivo de la Vall d`Hebrón de Barcelona ante unas tres mil personas, que abarrotaban el recinto, y con varios cientos que se concentraban en las puertas por la limitación del aforo. Perfecto escenario y, como debe ser, eufórico auditorio para escuchar al líder de Podemos en su primer mitin tras su elección como Secretario General, así como a Gemma Ubasart, cabeza del partido en Catalunya, que se estrena con “Zapatero nos falló”, dejando claro que los votantes del PSOE son su principal objetivo, y rematando con que toda aquella esperanza puesta en el “no nos falles”, que ZP acogió con tanto entusiasmo, “se vino abajo con una llamada de Berlín” para reiterar el ya conocido euroescepticismo de Podemos. Un éxito no sólo por la habilidad dialéctica de Iglesias, que también, sino por la habilidad estratégica, al elegir como escenario el mayor caladero de votos socialistas en Cataluña, conocido como el cinturón rojo por ser feudo tradicional del voto socialista, justo cuando el PSOE-PSC está desacreditado para liderar y atraer con éxito al electorado de izquierdas, justo cuando han hundido ya prácticamente a IU y justo cuando ambos andan enredados en una paranoica indefinición ideológica con el tema independentista y están siendo sobrepasados por las esquizofrénicas políticas de CiU-ERC, CUP y compañía. Tras ella, remata Iglesias añadiendo, con toda razón, que “Hablar de Cataluña es hablar de recortes sanitarios récord entre 2010 y 2014” para dejar en evidencia a los partidos de izquierdas catalanes que se olvidaron de cuál debe ser su mensaje primordial al preferir pescar votos en el turbulento mar del soberanismo. Y, haciendo un guiño a Cataluña, asegura “Yo soy de Vallecas y me siento en mi casa cuando estoy en Cornellá, L´Hospitalet o Nous Barris”, antes de afrontar su postura respecto al independentismo.
            Con esta casi perfecta puesta en escena, Pablo Iglesias esboza su proyecto teórico y en abstracto. “No he venido a Catalunya a prometer nada a nadie, eso sí, os prometo que a mí no me veréis dándome un abrazo con Rajoy ni con Mas”, lo que, al margen de desdecirse a sí mismo (sí vino a prometer algo), supone un ataque directo a las políticas de izquierdas que no tienen reparo alguno en apoyar las políticas de derechas, tanto a nivel español como catalán. Y sin más se declara contrario a la independencia de Catalunya, “¿Quiero que Cataluña se independice? No, pero sé que la casta española ha insultado a los catalanes”, aunque, como ven, sin renunciar a la incitación al rechazo al resto de España, eso sí, restringido a la “casta”, y se declara favorable al manido “derecho a decidir” pero genéricamente y “sobre todas las cosas” como fórmula perfecta para avalar su proyecto antisistema alegando que “para que haya soberanía y que se pueda decidir sobre todas las cosas hace falta abrir un proceso constituyente que abra los candados”. Es decir, borrón y cuenta nueva a lo establecido democráticamente, como si el sistema democrático actual no existiera, retrotrayéndonos al antiguo debate tras la muerte de Franco, ruptura o reforma, que los españoles zanjaron de forma abrumadora apostando por lo segundo. Así, nada de reformas; ruptura y punto. Un proceso constituyente que, con toda certeza, no obtendría mucho más de la mitad de apoyos que los de la actual Constitución y, con toda probabilidad, supondría, como ha sido tradicional en la historia constitucional española, la imposición de un modelo por parte de la mitad de los españoles a la otra mitad, provocando una muy difícil alternancia política que, como antaño, habría de resolverse mediante episodios más o menos violentos nada deseables. Esta fue la tragedia de la Historia más reciente de España hasta 1978.
            Como ven, todo su discurso basado en el qué, pero ninguna referencia al cómo. No se fía “de los políticos que hacen promesas”, pero hay que fiarse, aunque no diga cómo, de su promesa de acabar con la “casta” de este “régimen corrupto”, en el que cuando surgen brotes verdes de prácticas corruptas entre sus propios colegas de partido, incluido él mismo, no son reales, sino producto de la “campaña de difamación que se estaba produciendo en su contra”. Y, por ello, cuando desde la “casta” política alguien le llama “Don Limpio”, pero que no pasa la prueba del algodón, es un insulto intolerable, mientras que cuando él llama “caniche rabioso”, no a un contrincante político, sino a un periodista, es un piropo ocurrente y, por supuesto, sobradamente merecido. Sólo falta que en esta estrategia nihilista se pretenda evitar que en el futuro haya que decir “Pablo Iglesias nos falló”, como diría Gemma Ubasart, y no precisamente porque “una llamada de Berlín” echara abajo el proyecto, como el de ZP, sino precisamente porque, al no haber proyecto alguno, Pablo Iglesias y compañía no pueden fallar jamás.

                            Fdo. Jorge Cremades Sena 

jueves, 18 de diciembre de 2014

HASTA LOS SANTOS SE EQUIVOCAN

                        Hace unos días la internacionalmente conocida Montserrat Caballé, al preguntarle por las andanzas y asuntos del ex Molt Honorable President de Catalunya, Jordi Pujol, contestó tajante que “Hasta los santos se han equivocado”, lo que genera cierta confusión al no saber si lo que quiere decir la catalana es que Pujol es un santo y como tal se equivoca; que, siendo un demonio, cómo no va a equivocarse si lo hacen los santos; o que, como cualquier mortal, es susceptible de equivocarse. Pero, dejando al margen la consideración personal que Caballé tenga del personaje en cuestión, en todo caso, lo que si queda meridianamente claro e inequívoco es que ella considera como un simple error la conducta del ex President. Una equivocación o error, sin más, por el que, junto a su familia, está siendo investigado e imputado por la Justicia, pero que, curiosamente, le ha proporcionado una descomunal fortuna, oculta a Hacienda en paraísos fiscales y de dudosa procedencia. Asimismo, determinados tertulianos televisivos, incluso muy conocidos, algunos incluso furibundos atacantes de casos de corrupción ajenos, que no propios (me refiero a opciones políticas), como, por ejemplo María Antonia Trujillo, Ministra con el Gobierno de ZP, ahora califican también de “errores” las conductas, por ejemplo, de Tania Sánchez de IU o de algunos dirigentes de Podemos, que todos conocemos. Errores que, por supuesto, les han proporcionado, directamente o a sus familiares, determinadas ventajas como adjudicaciones de pisos, ayudas y subvenciones públicas, sueldos incumpliendo el contrato de trabajo, ocultación de ingresos, pagos y cobros en B, empresas camufladas como asociaciones sin ánimo de lucro… tal como esgrimen, incluso con la documentación pertinente, quienes consideran que se trata de algo más que simples errores o irregularidades. Y cuando éstos tertulianos, más bien pocos, que actúan al margen de santos o demonios preconcebidos, equiparan estos “errores” con los sobradamente conocidos casos de corrupción en el seno del PP o del PSOE (los del “y tú más”), los conversos se sacan argumentos pintorescos, como el de Caballé, para que determinados personajes y sus respectivas opciones políticas, salgan limpios del basurero como si se tratara de ángeles tocados por la mano de Dios.
            Por lo tanto, basta seguir las diversas tertulias televisivas (las de un lado y las del otro), para constatar esta perversa estrategia, que supera incluso la anterior del “y tú más”, consistente en que, indiscutidas las malévolas intenciones del PP contra los ciudadanos y las benévolas pero ineficaces del PSOE, ambos partidos, como protagonistas del pernicioso bipartidismo, que tantas miserias económicas y atentados sociales ha traído a esta España democrática (anteriormente idílica), han de ser estigmatizados como los exclusivos depositarios de la corrupción, dejando al margen de la misma al resto de partidos. Desplazada así la estrategia del “y tú más” por la del “tú sí y yo no”, si entre los autoproclamados baluartes de la pureza inmaculada aparece algún caso similar al de los anteriores, se pasa al capítulo de errores, con lo que, por ejemplo, forrarse con una empresa camuflada como asociación “sin ánimo de lucro” puede ser terrorífico e intolerable para Urdangarín, que lo es, y simplemente un error para Pablo Iglesias. Y si se insiste en que la figura delictiva es idéntica en ambos casos, entonces se recurre a la antigua estrategia del “y tú más” alegando que las cuantías camufladas por uno u otro son incomparables. Obviamente, con estos argumentos, uno se queda estupefacto, cuando algunos tertulianos de tercera generación, hasta defienden la supuesta financiación ilegal de Podemos, frente a la del PP, por ejemplo, porque al ser un partido tan joven aún no tiene financiación pública y, por tanto, está más que justificada su financiación irregular.
            Y con estos planteamientos de moda, no es lo mismo que la concejal de Rivas Tania Sánchez favorezca con su voto presencial a familiares directos, que si lo hace cualquier otro concejal del PP o del PSOE; ni es lo mismo que los Pujol oculten sus ingresos, teniendo que hacer declaraciones complementarias cuando les pillan, a que lo haga el mismísimo Pablo Iglesias, olvidando que, además de su sueldo como eurodiputado, ingresaba 2.000 euros al mes como presentador. Y así podríamos seguir con otros tantos ejemplos por el estilo. ¿A quién no se le olvidan 2.000 euros más de ingresos al mes? ¿a quién, toda una fortuna patrimonial? Hombre, desde luego a la casi totalidad de trabajadores de este país no se les puede olvidar ni una ni otra cifra, pues la inmensa mayoría de ellos está muy por debajo de esas cuantías salariales y de ese nivel de riqueza. Cabe pensar que semejantes olvidos o errores, sean exclusivos de la “casta”, pero, teniendo en cuenta que entre los olvidadizos está Pablo Iglesias, que se autoproclama como “anti casta”, tampoco es válida dicha conclusión. En fin, mejor dejarlo como está, es decir, que sean errores o delitos según cada caso y cada protagonista, pues, al final, como dice Caballé, si “hasta los santos se han equivocado”, al existir demasiadas personas devotas de santos tan diversos (los hay para todos los gustos), el dilema lo seguiremos teniendo sólo los agnósticos, pues los creyentes lo tienen bien claro y en asuntos de fe utilizar argumentos racionales no deja de ser un ejercicio vano.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

miércoles, 10 de diciembre de 2014

POLÍTICA Y JUSTICIA

                        Con demasiada frecuencia se suele recurrir a la Política como a una especie de cajón de sastre en el que cabe todo y, muy especialmente, todo aquello que tiene difícil encaje en los comportamientos de convivencia colectiva habituales. Y no se está desencaminado si, al margen de las diversas acepciones, concluimos que la “política” es la actividad que se ocupa de que una sociedad libre, compuesta por hombres y mujeres libres, resuelva los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Por tanto, cualquier conflicto, cualquier choque de intereses, cualquier litigio entre personas o instituciones es susceptible de ser tratado como un problema político e inevitablemente así ha de tratarse. Pero la Política, con mayúsculas y en su plena dimensión, requiere hombres y mujeres libres, pues en caso contrario serían los gobernantes quienes resolverían e impondrían a su antojo las soluciones a los problemas planteados por la convivencia colectiva de sus súbditos, que no ciudadanos. Hombres y mujeres libres, no en abstracto sino en concreto, ya que la libertad, como concepto abstracto carece de sentido, y por ello ha de concretarse en una serie de libertades, concretas y específicas, libremente acordadas por la mayoría de ciudadanos que libremente se embarcan en la aventura de compartir un proyecto común de convivencia colectiva, lo que supone obviamente una serie de derechos y deberes, así como unas reglas de juego, que todos, absolutamente todos, han de acatar y respetar, como garantía y seguridad de su convivencia colectiva en libertad, necesariamente limitada. Y de esta necesidad de mantener la armonía entre sus integrantes nace la Justicia, como el conjunto de pautas y criterios que establecen un marco adecuado de relaciones entre personas e instituciones, autorizando, prohibiendo y permitiendo acciones específicas en la acción recíproca ejercida por individuos e instituciones. Por tanto Política y Justicia, con mayúsculas, forman parte indisoluble de la convivencia humana en paz y en libertad, al extremo de que disociadas o por separado atentarían gravemente contra la propia dignidad humana, menoscabando la esencia del hombre como ser social y libre, con el grave riesgo de romper la armonía de la convivencia humana colectiva.
            En “román paladino”, para que todos lo entiendan, sin Política no hay Justicia y viceversa, en el más alto significado de ambos términos. Por ello es incomprensible que, ante problemas complejos, como por ejemplo el reto independentista de Artur Mas, Oriol Junqueras y compañía, algunos líderes políticos no independentistas, rompiendo el indisoluble binomio Política-Justicia, como si por separado tuvieran un sentido pleno, digan que el asunto es un problema político y que como tal hay que tratarlo y resolverlo, al margen del desafío a la Justicia que, para lograr su objetivo, plantean los independentistas. Sería interesante en todo caso que quienes así actúan dijeran qué tipo de diálogo exigen a las instancias gubernamentales y para qué lo exigen, con personajes que, como Artur Mas, afirman que la legitimidad política vale tanto como la legalidad, es decir, como la inexcusable observancia y aplicación de la Justicia. ¿A qué legitimidad política se refiere disociada de la Justicia? Fuera de la Justicia, no hay Política en el mejor sentido del concepto y en toda su dimensión. Por tanto el juego perverso con claros intereses particulares de disociar como realidades diferentes y contrapuestas las partes de un todo, prostituye no sólo la esencia de dichas partes sino también la esencia del conjunto como garante de la convivencia humana colectiva en paz y en liberad.
            No vale pues, como dice Durán, esa “tercera vía” entre la “sumisión” y la “secesión”, en sintonía con lo que defiende Pedro Sánchez, siendo legítimas sus ofertas de “estado federal” u otros modelos como proyecto político. No se trata de optar por uno de los dos términos de otro binomio infernal inexistente (sumisión o secesión), al igual que sucede entre Política y Justicia, ya que la aplicación de la Justicia no supone ninguna sumisión, sino todo lo contrario, ya que se trata precisamente de la garantía de libertad dentro del marco político libremente establecido. Sumisión sería someterse a los caprichos de unos pocos o de muchos al margen de la Justicia. Y, en cuanto a la secesión (una opción política como otra cualquiera) de lo que se trata es de si sus promotores pretenden conseguirla al margen de la Política y, obviamente, de la Justicia o, como cualquier otro proyecto, dentro de los cauces que la comunidad colectiva, en este caso la española (incluidos los catalanes), decidió en su momento como expresión libre de su proyecto común de convivencia. La tragedia es justo que algunos pretendan romperlo por meros intereses bastardos y argumenten, engañando a los ciudadanos, para salir del paso, que la solución ha de ser política y no jurídica, cuando la primera opción requiere obligadamente circunscribirse a la segunda. Dice Mas que “Cataluña no confía en el Estado” cuando el problema es que ningún ciudadano realmente libre puede confiar en sus planteamientos anti-políticos por injustos y al margen de la libertad y las garantías democráticas.

                             Fdo. Jorge Cremades Sena 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

CORRUPCIÓN, UN CÍRCULO VICIOSO

                        La corrupción en España es un círculo vicioso, nunca mejor dicho, muy difícil de romper. Y el mejor ejemplo es el último debate al respecto en el Congreso de los Diputados. Una nueva ocasión perdida, la enésima, para romperlo de una vez por todas. A la gran mayoría de portavoces de los distintos grupos parlamentarios de la Cámara no debiera dolerle prendas en reconocer, aceptar y admitir, como hizo en este caso el Presidente del Gobierno, “problemas serios” en asuntos de corrupción ya que es público y notorio. Todo el mundo ya ha perdido hasta la cuenta de los múltiples casos de corrupción que se reparten entre unos y otros, que unos y otros utilizan como armas arrojadizas para menoscabar al contrario, olvidando y ocultando los casos propios. Es la indecente e hipócrita estrategia coyuntural para que las cosas sigan como están, cuando la ciudadanía ya no tiene más tragaderas y sólo espera y desea que, de una vez por todas, todos, absolutamente todos, busquen la fórmula adecuada para acabar definitivamente con tan intolerable situación. Pero, aunque todos lo esperaban, no fue así. Unas setenta medidas anti-corrupción propuestas por el Gobierno, ni siquiera fueron tomadas en cuenta como algo positivo o negativo por parte de casi toda la oposición, rechazándolas con el desvergonzado e incoherente argumento de que el Presidente Rajoy carece de credibilidad para liderar la regeneración, y olvidando que, si de credibilidad se tratara, todos prácticamente deberían hacer las maletas y marcharse a casa, tal como manifiestan las encuestas. En definitiva, el círculo vicioso de la corrupción sigue indemne: como todos los partidos carecen de credibilidad, como todos tienen por qué callar, que ninguno de sus líderes proponga soluciones y si a alguno, como es el caso, se le ocurre hacerlo, por la razón u objetivo que sea, ni las valoramos, sino todo lo contrario, las rechazamos recurriendo al pecado original de su promotor. Por lo visto les es más rentable seguir poniendo en marcha, una vez más, el ventilador de la basura por perjudicial que sea para la ciudadanía en su conjunto y para el interés general. Es la triste realidad.
            Imaginen por un instante que nuestros representantes en el Parlamento estuviesen decididos a luchar contra la corrupción de verdad, sin trampas ni cartón. En ese caso, al margen de lo que opine cada uno de Rajoy o de sus razones para presentar dichas medidas anticorrupción, lo prioritario y sensato sería que se respaldaran las consideradas como positivas para convertirlas en leyes con amplio respaldo y se anunciara la predisposición a mejorarlas, vía enmiendas, en el posterior trámite parlamentario. Lo inexplicable es, como se ha hecho, rechazarlas de entrada porque su promotor no les merece crédito. Y quienes así actúan, al menos, debieran explicar a los ciudadanos, por qué no están de acuerdo y dificultan que se contemple en la ley que, entre otras cosas, se tipifique por primera vez la financiación ilegal como delito, se fije un plazo máximo en la instrucción de los macro-procesos judiciales, se prohíba el uso de tarjetas de crédito a los altos cargos, se exija que los militantes participen en la elección de los cargos de dirección, se extingan los partidos que no cumplan las normas, se haga mayor control de los viajes y gastos de los parlamentarios, se suspenda de militancia cuando se abra juicio oral, se prohíban las donaciones de personas jurídicas y se limiten las de las físicas hasta un máximo de 50.000 euros, se prohíba condonar o renegociar la deuda de los partidos por debajo de los mercados, se obligue a detallar su patrimonio a los cargos al llegar y al abandonar sus puestos….. ¿acaso estas medidas no dificultan las prácticas corruptas? ¿es mejor seguir con el “y tú más”? ¡Basta ya de tanta hipocresía e incoherencia!
            Si de veras queremos romper definitivamente este círculo vicioso de la corrupción, al margen de la ideología de cada uno, hemos de exigir que espectáculos como el protagonizado en el Congreso no se vuelvan a repetir. Precisamente es la institución que puede y debe cambiar el rumbo aprobando una legalidad más adecuada para combatir a los corruptos. Y los responsables de que no se haga tienen nombres y apellidos. En primer lugar el Gobierno que, con su mayoría absoluta, no puede permitirse el lujo de dejar pasar esta legislatura dejando las cosas como están. En segundo lugar la oposición, que no puede permitirse el lujo de dejar pasar la legislatura sin aportar una iniciativa global al respecto y rechazar además la que presenta el Gobierno. Cierto que Rajoy finalmente anunció que, en caso de que no haya consenso amplio, convertirá las propuestas en medidas legales con la mayoría absoluta que los ciudadanos le han otorgado. Es lo que, en todo caso, debe hacer y que cada cual aguante su vela. Lo intolerable es que finalice la legislatura y, entre unos y otros, quede la casa sin barrer. El pueblo en las próximas elecciones sabrá valorar lo actuado por unos y otros. O, al menos, así debiera hacerlo.

                                    Fdo. Jorge Cremades Sena