lunes, 8 de mayo de 2017

GUERRA CIVIL SOCIALISTA



                        Si definimos “guerra civil” como la que se da entre dos o más bandos de una misma nación, valga como ejemplo la “guerra civil española”, bien podemos definir por analogía como “guerra civil socialista” a la que se han declarado dos o más bandos de un mismo partido, en este caso del PSOE, con motivo de las primarias, pues de una verdadera guerra interna se trata a tenor de lo actuado hasta la fecha por militantes y dirigentes. En efecto, durante la fase de captación de avales, se ha consolidado el proceso de fragmentación del partido en dos grandes bandos irreconciliables y un tercer bando minoritario, que supuestamente pretende una reconciliación condenada al fracaso. En realidad, hoy conforman el PSOE dos partidos antagónicos, como los dos bandos que conformaban la España del 36 que acabaron finalmente en tragedia, y, si nadie lo remedia, en tragedia puede acabar el PSOE, tal como afirma el candidato menos apoyado, Patxi López: “si seguimos haciendo mal las cosas, podemos desaparecer; estamos en una situación límite por la división interna”. Y no le falta razón al socialista vasco ya que en este proceso de primarias no sólo está en juego el liderazgo del partido y su pertinente renovación orgánica, al que tiene legítimo derecho a aspirar cualquier militante, que es lo que debiera ser el fondo de la cuestión, sino que además está en juego su propia ideología socialdemócrata de las últimas cuatro décadas, que tantos éxitos le han dado. El modelo organizativo e ideológico del PSOE es lo que se está jugando hoy a cara de perro, viéndose venir desde el momento en que la anterior cúpula dirigente, liderada por Pedro Sánchez, para no acatar la decisión final del Comité Federal, máximo órgano de dirección socialista, dimitiera de malas formas al no poder imponer su criterio, cuestionando desde entonces la legitimidad del mismo y la pertinente dirección socialista transitoria, la Gestora, para erigirse como el valedor indiscutible de la militancia frente a los órganos de dirección, de la democracia interna directa frente a la delegada y del verdadero socialismo de izquierda frente a la socialdemocracia, que son las señas de identidad con las que ahora se presenta demagógicamente como candidato frente a quienes no defienden la militancia, ni la democracia, ni son socialistas ni de izquierdas….es decir, como miembros de otro partido y no del suyo.
            Y en esta guerra civil socialista, como en todas las guerras, si el fondo de la cuestión es dramático, las formas son trágicas, ya que de lo que se trata no es de convencer sino de vencer al contrario. Y para vencer, cuanto más juego sucio, mejor. Mientras Susana Díaz se empeña en defender que “no hay buenos ni malos” y que “todos somos compañeros y compañeras”, desautorizando de alguna forma a su Secretario General de Málaga por llamar a Margarita Robles “hija puta”, basta asomarse a las redes sociales, la actual panacea del proselitismo político, para saber por dónde van los tiros contra ella y sus partidarios: “la gusana”, “que es de derechas”, “doña Susana”, “la gente de Susana ni han jugado limpio ni lo van a hacer”, “que esperamos de gentuza, degenerados del partido adjunto al PP”, “tenéis que votar todos a Pedro y ya nos quedamos los socialistas de corazón”, “estómagos agradecidos, a ver la Sultana, golpista y traidora”… Son algunos de los piropos que se dedican entre compañeros socialistas, como convincentes argumentos para cosechar avales y conseguir ser proclamados candidatos.
            Pero esto no ha hecho más que empezar, pues ahora se trata de ganar las primarias y erigirse en Secretario General. Y, al efecto, como la más apoyada es Susana, pero entre los apoyos de Sánchez y López sumarían más, Pedro se apresura en manifestar “tiendo la mano a mi querido compañero Patxi López para hacer del PSOE un partido de izquierdas” y éste le contesta “no me parece la forma correcta, tenemos que parar esto, la fractura ha llegado a niveles de emergencia, esto es suicida”, mientras Susana irónicamente afirma que “alguno, al que no le salen los números, al segundo día solicita acuerdos de mesa camilla”. Las espadas están en alto y, como último episodio de la refriega, durante un acto de Pedro Sánchez el alcalde de Calasparra denuncia “prácticas mafiosas” de la Gestora y llama “faraona” a Susana, echando más leña al fuego en esta indecente guerra civil socialista. A la espera del desenlace final, lo trágico para el PSOE, gane quien gane, es qué harán el día después de revolcarse en este fango de hedor insoportable que hace imposible la futura convivencia de los dos bandos del partido o, mejor dicho, qué hará el partido que pierda las primarias, ya sea, según ellos mismos, el mafioso de derechas o el auténtico socialista de izquierdas. La unidad ya no será creíble para la ciudadanía.
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

viernes, 28 de abril de 2017

FRANCIA COMO EJEMPLO



                        Tras los resultados de las elecciones presidenciales francesas en la primera vuelta, algunos han querido ver ciertos paralelismos entre el panorama político de Francia y de España cuando, a simple vista, ni el modelo de Estado, ni el sistema electoral, ni la estructura territorial, ni la memoria histórica de ambos países son comparables. Baste señalar, por ejemplo, que en España no hay elecciones presidenciales, como las que se acaban de celebrar en Francia, o que los españoles tenemos un sistema electoral proporcional mientras los franceses lo tienen mayoritario a dos vueltas. No obstante, de la primera vuelta de las presidenciales francesas (veremos qué pasará en las legislativas, con tantas circunscripciones como diputados para elegir directamente uno en cada una de ellas y por tanto nada que ver con España), lo más parecido a las generales españolas en términos de apoyos porcentuales, sí se pueden hacer algunas comparaciones entre ambas y sacar determinadas conclusiones en lo referente al mapa político resultante según las preferencias ideológicas de los franceses y de los españoles (cuestión distinta es la segunda vuelta, inexistente en España, en la que los galos habrán de elegir entre los dos candidatos más votados en la primera vuelta), aunque allí el objetivo sea elegir al Jefe de Estado y aquí al Presidente del Gobierno. Y en términos porcentuales el 23´9% de franceses apuesta por el centrista-liberal Macron, el 21´4% por la ultraderechista Le Pen, el 19´9% por el conservador Fillon, el 19´5% por el radical izquierdista Melenchon y el 6´2% por el socialista Hamon; mientras que en las últimas elecciones generales en España el 33% de los españoles apostó por el conservador Rajoy, el 22´7% por el socialista Sánchez, el 21´1% por el radical izquierdista Iglesias y el 13% por el centrista Rivera. De entrada pues, y en términos comparativos, podemos concluir, salvando las distancias y los matices, que el radicalismo, euroescéptico y antisistema, representa en Francia el 40´9%, dividido entre la ultraderecha y la ultraizquierda, mientras que en España supone el 21´1% y se concentra sólo en la ultraizquierda; que el centrismo y la derecha europeísta cuenta en Francia con el 43´8% de apoyos y en España con el 46%; y que el socialismo democrático o socialdemocracia representa el 6´2% en Francia y en España el 22´7%.  
            Es cierto, dicho lo anterior, que en ambos países los partidos tradicionales (conservador-republicanos y socialistas en Francia; populares y socialistas en España), protagonistas de la gobernanza en las últimas décadas, han sufrido un serio revés electoral en favor de otras fuerzas emergentes, radicales o no, que han sabido capitalizar el descontento social provocado por la crisis, pero, incluso así, las diferencias del panorama político son sustanciales, pues en España (la memoria histórica reciente está muy presente) a diferencia de Francia, es hoy, por un lado, impensable el éxito de opciones ultraderechistas, lo que ha permitido a los conservadores de momento aguantar el liderazgo político, y, por otro lado, improbable una clara hegemonía en la izquierda de opciones radicales comunismo-populistas, lo que ha permitido a los socialistas de momento evitar el ansiado “sorpasso” de los comunistas. Por tanto, salvo que populares y socialistas cometan graves errores y renuncien a sus signos de identidad (en tal caso se suele apostar por el original y no por la copia), aún es posible en España que los partidos clásicos aguanten el desafío de los radicalismos, sobre todo si, a diferencia de Francia, se mantiene el crecimiento económico y la creación de empleo, pues el mayor caladero de voto radical se da en circunstancias caóticas de descontento generalizado. No obstante, cabe añadir que, a diferencia de Francia, en España hay una dificultad añadida, el desafío independentista, que requiere un cerrado consenso de todos los partidos democráticos moderados.
            En todo caso, salvando todas las distancias, sí cabe tomar Francia como ejemplo en alguna cuestión sustancial. Mientras los españoles hemos soportado un año de ingobernabilidad por los desencuentros entre los partidos políticos democráticos, en Francia tienen claro que el objetivo es evitar que los radicales extremistas lleguen al poder y, para ello, tanto el conservador Fillón, homologable con Rajoy, como el socialista Hamon, homologable con Sánchez, piden el voto en la segunda vuelta para el centrista Macron, homologable con Rivera y triunfador electoral, frente a la ultraderechista Le Pen, mientras que el radical izquierdista Mélenchon, homologable con Iglesias, se mantiene en la ambigüedad (los extremos totalitarios se tocan). Aunque el diario conservador “Le Fígaro” lamenta, pero asume, tener que elegir “entre la gripe y el cólera”, es decir, entre Macron y Le Pen, respectivamente, en España se debería tomar como ejemplo y no se hace (aquí no hay segunda vuelta electoral para que decidamos directamente los votantes), pues nuestros políticos no entienden que en democracia hay que optar a veces entre lo importante y lo imprescindible. Ya ven, en Francia sí.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

miércoles, 19 de abril de 2017

EL TROLABÚS



                        No, seguro que no; el título del artículo no se debe a ningún error tipográfico, es decir, a un simple salto de tecla que cambia la “a” por la “e”, y, por tanto, si se animan a leerlo, no crean que su contenido tiene algo que ver con algún trolebús (ómnibus eléctrico alimentado por una catenaria de dos cables superiores desde donde toma la energía mediante dos astas) ni nada que se le parezca. El título obedece simplemente a una mayor precisión del nombre, Tramabús, con que Podemos ha bautizado su nada original iniciativa, copiada del grupo Hazte Oír, consistente en sacar a la calle un autobús propagandístico con el falso objetivo, en este caso, de denunciar las tramas corruptas en España, y, dadas las mentiras, embustes, engaños y trolas con que sus ocupantes-guías pretenden confundir a la opinión pública en beneficio propio, es aconsejable rebautizarlo como Trolabús en honor a la verdad y a una mayor aproximación a la realidad. En efecto, agotada ya la batalla de “la casta”, plagiada también en aquella ocasión del chavismo venezolano, y amortizados sus positivos efectos electorales y mediáticos, que los tuvo, toca ahora la batalla de “la trama” para seguir agitando la calle y confundiendo a los ciudadanos, que es lo único que saben hacer, con el único objetivo de mantenerse en el candelero político-mediático, dada su manifiesta incapacidad y pereza de hacer política desde las instituciones en las que ya están y así beneficiar los intereses generales de la ciudadanía. Y la principal trola del Trolabús es convencer a los  españoles de que los troleros podemitas pretenden en exclusiva erradicar de cuajo la corrupción y las prácticas corruptas en España, de las que algunos de sus miembros ya participan también, cuando han sido incapaces de aportar ni una sola iniciativa parlamentaria al respecto (al igual que sucede en otras tantas políticas sectoriales), que es el camino adecuado en cualquier Estado democrático para resolver los problemas, y cuando de lo que se trata realmente es sencillamente de una engañosa operación de marketing que les permita recuperar de nuevo un protagonismo político-mediático que han ido perdiendo últimamente gracias a su inoperancia política y al darse cuenta la ciudadanía de que sus ofertas reales consisten en vender gato por liebre.
            El plagiado invento del Trolabus, la última ocurrencia del “pablismo” dirigente en Podemos, consiste en poner en circulación un autobús decorado con las caras de una serie de políticos, empresarios y periodistas que, según ellos, representan la “trama corrupta” en España y, rayando lo delictivo, mezclan en dicho decorado a verdaderos corruptos confesos, que ya están en la cárcel, a presuntos corruptos, que están siendo investigados, y a otros personajes públicos que no están incursos en ningún procedimiento judicial ni tienen interpuesta demanda alguna en los tribunales, cuyo señalamiento inquisitorial público sin previa denuncia, que no interponen, rozaría, jurídicamente, figuras delictivas (como injuria, difamación o calumnia) y, políticamente, prácticas fascistas totalitarias para incitar al odio (como los señalamientos públicos nazis contra los judíos o los sambenitos inquisitoriales). Por tanto, los promotores del Trolabus, como en los mejores tiempos del fascismo, señalan públicamente a quienes, con razón o sin ella, consideran delincuentes y dignos de reprobación pública para que se ponga sobre ellos el punto de mira y, al efecto, mezclan en tan indecente pancarta acusatoria a políticos, entre otros, como Mariano Rajoy, Aznar o Felipe González, con otros como Bárcenas, Rato o Jordi Pujol; a empresarios como Blesa, Díaz Ferrán, Villar Mir o Arturo Fernández; e incluso a periodistas como Cebrián o Eduardo Inda, a quien, por cierto, paradójicamente, un juez acaba de dar la razón desestimando la demanda de Pablo Iglesias contra él al considerar “veraz” la información sobre sus cuentas en el paraíso fiscal de Granadinas y además condenando al líder podemita al pago de las costas judiciales, quién, obviamente, pretende amordazar al periodista, habitual destapador de casos de corrupción, para que no haga públicas sus miserias o conductas poco edificantes.
            En fin, con tan nobles objetivos en el marco del “difama que algo queda”, el Trolabús o autobús de las trolas, que ya circula impunemente por Madrid (el del grupo Hazte Oír, fue paralizado “ipso facto” y con toda razón), promete recorrer algunas otras ciudades españolas, mientras el propio Iglesias e Irene Montero, su pareja sentimental y sustituta de Errejón en la dirección de Podemos, actúan como guías inquisitoriales explicando a su antojo “qué es la trama, cómo actúa y dónde tiene sus sedes”, dejando claro que la “trama”, como la “casta”, son obviamente todos menos ellos. Un esperpéntico espectáculo más de Podemos que se suma a los que ya nos tiene acostumbrados en el Congreso de los Diputados, donde no aportan una sola iniciativa parlamentaria que, obviamente, requeriría horas de trabajo, dedicación y entrega, que es en definitiva para lo que los españoles les pagamos sus suculentos sueldos.
                        Fdo. Jorge Cremades Sena

martes, 28 de febrero de 2017

JUSTICIA COMO ARMA POLÍTICA



                        La coincidencia temporal de sentencias judiciales sobre varios casos de corrupción relevantes (“Gürtel”, “Nóos”, “Tarjetas black”), que en estos días han dictado los respectivos tribunales, pone de relieve el torticero uso de la Justicia como arma política arrojadiza sin reparar, tanto los medios de comunicación como los políticos, en el daño que semejantes comportamientos hacen a nuestro Estado de Derecho, pues una cosa es hacer crítica jurídica a las sentencias que no nos gusten o a las leyes en que se sustenten, ¡faltaría más!, y otra bien distinta es arremeter gratuitamente cuando conviene, sin argumento jurídico alguno, contra tribunales, jueces y fiscales como si formaran parte de un sistema de justicia ideologizada y sometida al poder ejecutivo y, por tanto, carente de independencia (requisito básico de cualquier sistema democrático moderno) y al servicio de los poderosos. Un panorama siniestro alejado de la realidad que algunos, demasiados quizá, dibujan y venden mediáticamente a la sociedad, para obtener particulares beneficios políticos o de audiencia, a través de politicastros de pacotilla o de tertulianos de piñón fijo y a sueldo, que, con verdades a medias, cuando no mentiras, engañan a los televidentes para conseguir sus espurios objetivos a base de desprestigiar malintencionadamente a la Justicia que, en España, mejorable como casi todo en esta vida y como en el resto de países, aunque tarde, funciona y, prueba de ello, son las condenas dictadas, entre otras, a los líderes de los casos citados, sean quienes sean, contradiciendo a los agoreros que, desde el inicio de la investigación y durante el proceso, intoxicaban diciendo lo contrario y, no conformes con ello, ahora siguen intoxicando contra las sentencias dictadas, con tal de deteriorar nuestro Estado de Derecho. Una cosa es hacer crítica jurídica, otra informar y otra opinar basándose en falsedades sobre la actuación de tribunales y aplicación de procedimientos legales, atribuyéndoles maliciosamente arbitrariedades inexistentes o intencionalidades perversas cuando simplemente aplican la ley según lo establecido y, en base a ello, dictan sentencias según su mejor o peor entendimiento, siempre con la garantía de que instancias superiores dictarán el veredicto definitivo. ¿Dónde está el problema, pues?
            Decir, como dicen algunos públicamente, que Urdangarín se va “de rositas”, cuando, de momento, acaba de ser condenado a seis años de cárcel, sabiendo que, como el resto de ciudadanos, tiene derecho a recurrir a instancias superiores hasta que la sentencia sea firme y ejecutable, es simplemente mentir. Y añadir que en España hay una justicia para “exduques” o poderosos, porque no dictan prisión provisional, y otra para los demás, sabiendo que los jueces suelen aplicar la norma general de libertad con cargos cuando no hay riesgo de fuga (supuesto obviamente subjetivo, pero que en Urdangarín no cabe duda al tener escolta), es simplemente una majadería contra los jueces que así lo han acordado. Si se pretende que las condenas se ejecuten antes de ser definitivas, que se elimine entretanto la libertad con cargos o que la aplicación de ésta deje de ser a criterio razonado de los jueces sobre el peligro de fuga, dígase. Y si se considera conveniente socialmente, cámbiese la legislación. Lo inaceptable es arremeter contra los jueces según convenga política o mediáticamente cuando aplican lo establecido y menoscabar su actuación según la condición de los personajes en que recae en vez de los hechos y circunstancias juzgados.
            Arremeter, como arremeten algunos, contra la Infanta Cristina para dañar la imagen de la Monarquía o Jefatura de Estado que democráticamente nos hemos dado los españoles, porque está contenta tras haber sido absuelta de los delitos que se le imputaban y por vivir su vida normal, sabiendo que actúa, como cualquier otro ciudadano en situación similar, es simplemente una hipocresía. Y añadir que la han absuelto por ser quien es, habiendo dicho en principio que ni la iban a sentar en el banquillo, sabiendo que durante el juicio, como no puede ser de otra forma, se han observado todas las garantías procesales y se han amparado todos los derechos de unos y otros, incluido el del recurso, es simplemente una majadería contra la Justicia en España, una de las más garantistas que existen, pero, obviamente para todos y como a todos, incluida la Infanta. Si se pretende realmente una Justicia igual para todos y, cuando así se aplica, lo que realmente se desea es una justicia más represiva y distinta para “exduques” y poderosos que para el común de los mortales, dígase. Ni la Infanta es la única que ha sido absuelta, ni Urdangarín el único condenado, por más que algunos pretendan venderlo así ante la opinión pública. Ni la Infanta, entre los absueltos, es la única que está contenta y vive su vida con normalidad, ni Urdangarín, entre los condenados, es el único que queda en libertad a la espera de la decisión definitiva de la Justicia. Esa es la realidad, pese a quien pese.
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

jueves, 19 de enero de 2017

CANDIDATURA DE PATXI LÓPEZ, UN FRAUDE



                        Aunque se rumoreaba y, ya se sabe, “cuando el río suena, agua lleva”, Patxi López es el primero en lanzar su candidatura a la Secretaría General del PSOE, seguramente por aquello de que “quien da primero, da dos veces” y, curiosamente, sin que nadie le pida explicaciones avala su decisión diciendo que no va a “participar en un apaño” y que llegará “hasta el final”, que se ve el único candidato “capaz de tender puentes con todos”, que “la abstención en la investidura fue un error”, que se presenta “para defender un proyecto y no para luchar contra nadie”, que le gustaría “sumar a Pedro Sánchez” en su “proyecto”, que “no son tiempos de cálculos de poder sino de hacer propuestas claras a los militantes”, que su “prioridad” será recuperar la unidad entendida no como “uniformidad” sino desde “la lealtad, el compañerismo y la fraternidad”, y que no siente haber traicionado a Sánchez ya que siempre ha sido leal a su “secretario general, a todos” y ahora lo es  al proyecto en el que cree de “una izquierda exigente”, es decir, al proyecto de Pedro Sánchez. Bonitas palabras que cualquier candidato, limpio de polvo y paja, podría asumir como propias, pero que, lamentablemente, en boca de Patxi López, dada su trayectoria, no sólo suenan a deslealtad, engaño y traición hacia Pedro Sánchez y la camarilla que, como él mismo, le animaron en su errática trayectoria, sino que además suponen un fraude a los militantes que, adoctrinados por ellos, se erigieron en baluarte inexpugnable del absurdo “no es no”, la absurda “izquierda exigente” e inútil de que habla López, que les conducía hacia el abismo, la inoperancia y la irresponsabilidad más absoluta.
            Un fraude a las bases, que, animadas por el “sanchismo” defendido por Patxi López, confiaron, erradas o no, en la promesa de que lo ideal para el PSOE y para España era llevar “hasta el final” y con todas las consecuencias el “no es no” a la investidura de Rajoy e incluso a dialogar con la derecha, para que muchos cuadros, entre ellos Patxi, abandonaran el barco absteniéndose frente a unos pocos que se mantuvieran fieles al ex secretario general, quien, animado por los suyos, entre ellos López, renunciaba al escaño para no desobedecer las directrices oficiales y mantener legitimidad plena para presentarse después como candidato a la Secretaría General con su proyecto. Pero ahora, ¡oh sorpresa!, antes de que Sánchez confirme públicamente su candidatura y tras ser abandonado por sus propios cuadros territoriales, que no por las bases, aparece Patxi López y, tras hablarlo con ellos, que no con las bases, se le anticipa pretendiendo liderar el proyecto sanchista y, sin reparo alguno, publica que fue un error abstenerse (aunque él se abstuvo), que lo acertado era desobedecer al Comité Federal (aunque él lo obedeció) y que invita a Sánchez a que le apoye en su candidatura, cuando lo razonable sería que él apoyara a Sánchez de nuevo o se sumara a las tesis oficialistas definitivamente. ¿Quién cree ahora que llegará “hasta el final” y no se trata de un “apaño” para minar las opciones del sanchismo en las primarias? ¿Por qué él sí como líder, y Sánchez no, del proyecto pedrista frente al tradicional modelo socialista que, supuestamente, defiende Susana Díaz? No en vano la palabra “traición” se oye cada vez más en el ambiente.
            Un fraude en toda regla ya que, tras la manifiesta ruptura del PSOE en dos modelos antagónicos, tanto ideológicos como organizativos, puesta de manifiesto de forma abrupta públicamente, sólo cabe despejar, sin paños calientes y con todas las consecuencias, cuál de los dos modelos es mayoritario entre la militancia socialista, pues, ya no se trata sólo, aunque también, como en ocasiones anteriores, de la indecente y tradicional lucha por el poder personal entre las diversas “familias”, que tanto daño ha hecho al PSOE, sino de algo mucho más grave y trascendental como es decidir si el modelo de partido socialista futuro seguirá siendo homologable con la socialdemocracia europea o con los modelos populistas de izquierda emergentes en Europa, por lo que no cabe esa “tercera vía” que oferta Patxi López y, si cupiera, difícilmente podría ser pivotada por alguien que tanto se ha decantado y tan fervientemente ha apostado por uno de los dos modelos antagónicos en litigio, lo que le inhabilita como elemento de concordia. Con razón Pedro Sánchez, al conocer la decisión de su ex colaborador, manifiesta que, frente a las supuestas candidaturas de Susana y de él mismo, “no tiene sentido que haya tres candidaturas”, pues son dos modelos los que están en juego y cada uno de ellos ya tiene a sus respectivos líderes… Un tercero huele inevitablemente a fraude, bien para que nada cambie, bien para favorecer en definitiva de forma desleal a cualquiera de los dos verdaderos contendientes.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena