domingo, 1 de octubre de 2017

SEDICIÓN Y REBELIÓN



                Desde que los gobernantes independentistas catalanes decidieron poner jaque mate a nuestro sistema constitucional, que algunos llaman “régimen del 78”, denigrándolo públicamente como si no fuera homologable con el resto de democracias europeas, una serie de politicastros, que tanto abundan en España, han vertido públicamente tal cantidad de barbaridades y mentiras que finalmente han calado en buena parte de la ciudadanía para mayor desprestigio de nuestro Estado de Derecho y, por ende, mayor beneficio para sus espurios objetivos. Por ello, cuando este acoso y derribo contra el Estado de Derecho es inminente y peligrosísimo, mientras muchos se preguntan si desde sus instituciones no se puede hacer algo más para parar el Golpe de Estado institucional secesionista, conviene hacer un acelerado esfuerzo pedagógico-político para que la ciudadanía conozca en toda su dimensión la situación y obre en consecuencia, pues de tanto repetir interesadas mentiras, va calando la idea de que los españoles, incluidos los catalanes, soportamos un Estado opresor, liberticida y casi dictatorial, en el que hasta proliferan los “presos políticos”, cuando, comparado con el resto de países de nuestro entorno europeo, sucede todo lo contrario, ya que si de algo adolece nuestro Estado de Derecho es precisamente de cierta debilidad en uno de los instrumentos esenciales para la defensa del ordenamiento constitucional, como es el Código Penal, casi al margen de afrontar con nitidez los gravísimos delitos de sedición y rebelión, que cometen quienes pretenden la liquidación del Estado y de su organización. En efecto, desde la reforma del Código Penal de 1995 del ex ministro socialista Juan Alberto Belloch, añadiendo a la redacción de dichos delitos el requisito de “violencia”, la aplicación de los mismos se hace más compleja que en la redacción anterior y en la de la República, con la que, sin lugar a dudas, los promotores de este golpe de Estado auspiciado desde las instituciones ya hubiesen sido procesados por dichos delitos, como sucedió al President Lluis Companys, procesado junto al President del Parlament, Joan Casanova, y condenado a 30 años de prisión por el Tribunal de Garantías Constitucionales (equivalente al actual Tribunal Constitucional) el 6 de octubre de 1934.
        El hecho de que hasta el momento el problemón catalán sólo se haya abordado desde los delitos de desobediencia, prevaricación o malversación de caudales públicos (más bien delitos no contra las Instituciones del Estado ni contra la División de Poderes, sino contra la Administración Pública, de menor gravedad y con penas más leves), obedece seguramente a su menor complejidad interpretativa, pues con el Código Penal de 1932, el de la República, iniciativas como las del Parlament y del Govern ya hubieran sido consideradas como delitos de rebelión o sedición sin lugar a dudas, al no imponer la exigencia de un alzamiento público y violento, que sí exige el Código Penal vigente desde la reforma de Belloch, sin que ni los posteriores gobiernos de Aznar, Zapatero y Rajoy lo hayan tocado a pesar de la evidente menor protección del orden constitucional que tal reforma conllevaba. No obstante, tal como evoluciona el “procés”, el delito de sedición ya está en ciernes (y el de rebelión ya veremos), pues el art, 544 del vigente Código Penal dice que “son reos de sedición los que…se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales”. En la retina tenemos las imágenes televisivas de los tumultos para impedir a la Guardia Civil ejecutar las resoluciones judiciales, sus coches destrozados, el griterío callejero y las pintadas avalando la desobediencia a la legalidad… juzguen ustedes mismos si no estamos en la antesala de dichos delitos.
        En todo caso, lo que debiera quedar meridianamente claro es la demagogia de quienes machaconamente intentan convencer a la gente de buena fe de que en España hay un Estado “franquista” y “opresor”, que hay que liquidarlo, contraponiéndolo además con la Segunda República y negándole su homologabilidad con las democracias europeas (sean repúblicas o monarquías constitucionales), cuando la realidad es que, como sucedió en 1934 con Companys y como sucedería ahora con cualquier mandatario regional en Europa, hechos y comportamientos como los que asombrosamente estamos viviendo y sufriendo en Cataluña hubieran llevado ya a sus promotores a penas de cárcel y de inhabilitación, pues cualquier Estado democrático que se precie lo primero que ha de hacer es blindarse frente a sus enemigos, que son todos aquellos que, actuando al margen de la ley, pretenden liquidarlo para imponer antidemocráticamente sus proyectos. Es paradójico que encima de semejante debilidad de nuestro actual Código Penal respecto a delitos directos contra el Estado, tengamos que soportar además que digan que tenemos un “régimen” liberticida; es el colmo de los colmos.               
                        Fdo. Jorge Cremades Sena

jueves, 31 de agosto de 2017

MAMARRACHADA DE XIMO PUIG



                        Leo “La Generalitat estudia modificar los Moros y Cristianos para ´no violentar´ al pueblo musulmán” y me quedo atónito, pues pensaba que, de alguna forma, ya habíamos superado aquellas abundantes ocurrencias y despropósitos de la época de ZP cuando, por ejemplo, se eliminaba de los libros de texto la famosa frase “no llores como una mujer lo que no defendiste como hombre” que la sultana Aixa dijo a su joven hijo Boabdil tras perder Granada. La justificación de tan sabia medida, que es una frase “machista”; por tanto, la borramos de la Historia y todos contentos. Ahora la justificación por parte de la Generalitat Valenciana para modificar la tradicional fiesta de Moros y Cristianos, tan arraigada en tantos pueblos de la Comunidad Valenciana, es, según Puig, “no violentar” al pueblo musulmán (supongo que al que convive en nuestro país) “en la actual situación histórica que vivimos”, considerando que “en aras de fomentar la convivencia pacífica entre los cristianos y los musulmanes habría que cambiar algunas partes de la fiesta”. En definitiva, habría que “edulcorar” la batalla final de la Reconquista para que el triunfo cristiano “no se evidencie como la supremacía de un pueblo sobre otro”. Es más, el President valenciano apunta también que convendría cambiar la denominación de “moros” por “musulmanes” o “mahometanos”, pues circunscribir el colectivo a los procedentes del Norte de África resulta “reduccionista” y de lo que se trata es de adoptar gestos que “visualicen nuestra voluntad de integrar de forma plena y definitiva a quienes ya forman en número una parte muy importante de nuestra región”. Y, por si no fuera suficiente, Mónica Oltra, la que realmente manda en la Generalitat, explica que “todos entendemos que se trata de una tradición histórica muy arraigada, pero hay determinados actos…que escenifican actos violentos protagonizados por los moros y que deberían desaparecer para no promover la islamofobia”. Finalmente, para rematar el asunto, el Consell anuncia que a partir de ahora cualquier ágape de actos oficiales no incluirá jamón ni cualquier otro producto que contenga cerdo con el fin de que “cualquier persona pueda participar del mismo sin problema alguno”. No extraña que la Federación Alicantina de Moros y Cristianos haya tachado el asunto de “mamarrachada absoluta” que “atenta contra nuestra idiosincrasia festera y nuestras costumbres”.
            Ahora resulta que unas fiestas, que conmemoran las batallas que se libraron durante la Reconquista, violentan a los actuales musulmanes que han decidido vivir libremente en España y que para tener con ellos la fiesta en paz (nunca mejor dicho) lo que hay que hacer es cambiarlas o incluso eliminarlas como piden algunos, cuando lo procedente y sensato sería convencer a todos de que sencillamente se trata de una fiesta, obviamente basada en hechos históricos y, por tanto, nada ofensiva para las actuales generaciones. Entender que dichas fiestas promueven la islamofobia es sencillamente de psiquiatra, tergiversar los hechos históricos que se conmemoran como si no hubiera habido vencedores y vencidos una estupidez cateta, y cambiar las denominaciones para evitar el reduccionismo, como si de un tratado histórico riguroso se tratara, es simplemente absurdo. La Historia de cada país es la que es y sus tradiciones, casi siempre derivadas de ella, también. Todo ello, obviamente, circunscrito a un tiempo y un contexto determinado. No entenderlo así, como hace Puig, es una aberración y desfigurarla conscientemente por cualquier motivo una barbaridad absoluta. La Reconquista fue lo que fue, un largo proceso histórico, no siempre bélico (a veces convivieron cristianos, musulmanes y judíos en paz, entendiendo la paz con los patrones de entonces), por el que los cristianos expulsan a los musulmanes, quienes previamente habían invadido al Reino Visigodo, también cristiano y así sucesivamente hasta el Neolítico. Sólo a los descerebrados se les puede ocurrir agravios comparativos o reivindicar territorios, como Al Ándalus (el territorio ocupado por los musulmanes) ya que por esa regla de tres igual derecho tendrían visigodos, romanos, fenicios, cartagineses, griegos….y todos aquellos civilizaciones que fueron sometidos en su momento por otros pueblos. Y de aquellos hechos nacen tradiciones que perviven actualmente, sin que ello suponga ofensa alguna a nadie.
            Y para colmo, el asunto de los ágapes oficiales sin jamón, carne de cerdo o sus derivados para que todos los invitados participen sin problema alguno. Supongo que también sin vino o bebidas alcohólicas. Es evidente que la Generalitat, en un acto de comprensión infinita, opta para que los problemas los tengan los españoles no musulmanes, que somos la inmensa mayoría. Y en nuestro país. Esperemos que, al menos, por razones de reciprocidad, exigirá el mismo trato para los españoles que residan en países musulmanes o los visiten, lo contrario, como sucede ahora, sería extremadamente injusto. Tengo la certeza de que la inmensa mayoría de la comunidad musulmana en España así lo ve. Sólo una minoría y el Consell ve lo contrario.  
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

lunes, 28 de agosto de 2017

SI TINC POR; SI TENGO MIEDO



                        Sumándome obviamente al lema de la manifestación antiyihadista de Barcelona “No tinc, por” (“No tengo miedo” en castellano para que lo entiendan quienes no tienen la fortuna de dominar ambas lenguas oficiales, castellano y catalán, en España), tengo que expresar a continuación que “Sí tinc por” (“Si tengo miedo”), no ya a las células yihadistas asesinas, que en cualquier lugar pueden sembrar el horror puntualmente, provocando un profundo e infinito dolor inmenso, asesinando cobarde e impunemente a personas inocentes e indefensas sin razón ni sentido alguno, pretendiendo arrebatarle su libertad para imponerles mediante la violencia y el horror inmenso su siniestro proyecto de sometimiento a sus fundamentalistas reglas sociales de su visionario e indiscutido sistema de esclavitud y anulación de cualquier civismo en libertad, inspirado desde el más allá mediante una torticera, injusta y radical interpretación del Corán, que, como antaño sucedía con la Biblia, les capacita para matar en nombre de Dios, sea el que sea, otorgándose además el siniestro honor de convertirse en mártires. No tinc por, no tengo miedo, a semejantes descerebrados por mucho daño que puedan causar a las gentes de buena voluntad ya que, no sin esfuerzos ni sacrificios, la unidad indispensable de los hombres libres, de los ciudadanos del mundo amantes de la libertad y la paz, sabrán combatirlos, como ha sucedido a lo largo de la Historia, y relegarlos al lugar de repudio que les pertenece. Sin embargo, visto lo acontecido en la manifestación y lo que viene aconteciendo desde hace algún tiempo en España, si tinc por, si tengo miedo, a aquellos que con sus demagógicas, sibilinas y cínicas composturas y comportamientos incívicos se camuflan perfectamente dentro del sistema democrático de libertades para desde dentro minar sus cimientos y favorecer, manipulando a las gentes sencillas, sus totalitarios proyectos políticos, tan fundamentalistas, totalitarios y peligrosos para la paz, la prosperidad y la convivencia en libertad como el de los yihadistas, pues siempre es más duro y difícil combatir a los que a hurtadillas recogen las nueces que a quienes con su colaboración disimulada zarandean el nogal directamente y con fuerza para hacerlas caer al suelo.
            Si tinc por, si tengo miedo pues, a quienes, como la CUP entre otros, apenas respaldados por la ciudadanía, mezclando una cuestión de política internacional como es la venta de armas entre diversos Estados con un hecho repugnante como es un atentado terrorista, equiparan responsabilidades acusando al Jefe del Estado y al Presidente del Gobierno, de ser “responsables indirectos” de los asesinatos cuando los únicos culpables y responsables son los terroristas que perpetran los atentados, en este caso además sin utilizar armas; si tinc por, si tengo miedo, a quienes, como Pablo Iglesias por ejemplo, defienden en una entrevista televisiva, rodeado de acólitos demócratas de toda la vida, los abucheos al Rey y a Rajoy, máximos representantes del Estado, en nombre de la “libertad de expresión” y que acto seguido su caterva de seguidores no dejen expresarse en la siguiente entrevista a Andrea Levi con gritos e insultos constantes o que para entrevistar a García Albiol, por ejemplo, se tenga que buscar un rincón apartado de la manifestación; si tinc por, si tengo miedo, a que con absoluta impunidad aparezca en los medios una patética y tétrica representación cupista antisistema con fotos boca abajo del Jefe del Estado para romperla a continuación ya que su escaso porcentaje de votos catalanes les legitima para hablar en nombre del pueblo catalán y su aversión al Monarca; si tinc por, si tengo miedo, a que el máximo representante del Estado Español en Cataluña, Puigdemont, presuma públicamente de tener ya las urnas preparadas para celebrar un referéndum ilegal cuando debiera hacer justo todo lo contrario y defender la misma legalidad que le inviste con semejante autoridad; si tinc por, si tengo miedo a que demasiados partidos políticos, que se dicen democráticos, no quieran participar con todas las consecuencias en el Pacto Antiterrorista junto a PP, PSOE y Ciudadanos, lo que sin duda resquebraja la unidad de acción frente a una de las mayores amenazas que tiene planteada el país; si tinc por, si tengo miedo, a que el fundamentalismo independentista, que tanto daño ha causado a los pueblos a lo largo de la Historia, prevalezca sobre las víctimas de los atentados, sobre el dolor de sus familiares y sobre la amenaza terrorista, intentando ejercer durante la manifestación sus dotes propagandísticas al mejor estilo nazi goebbeliano de un único y supremo principio, una única y suprema idea, la independentista en este caso, visualizada con la concentración de un centenar de banderas esteladas, no oficiales, próximas a las autoridades del Estado al que quieren liquidar. Si tinc por, si tengo miedo, y no precisamente a los yihadistas, hay otros incluso tan peligrosos como ellos, aunque con apariencia de demócratas de toda la vida.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

lunes, 10 de julio de 2017

SÍ, PERO…



                        Sin lugar a dudas es una buena noticia que Mariano Rajoy y Pedro Sánchez hayan dado apariencia de normalidad a lo que en democracia es normal, como son los encuentros entre el Jefe de Gobierno y el líder de la oposición para tratar, especialmente, asuntos de Estado, que trascienden la dimensión ideológica partidaria y afectan a todos los ciudadanos. Y es buena noticia que lo hayan hecho en un distendido ambiente de cordialidad, tomándose el tiempo necesario y el sosiego suficiente para buscar puntos de encuentro imprescindibles, dejando atrás, ¡ojalá que para siempre!, la crispación y el evidente desencuentro de su anterior reunión, la del “no es no” del líder socialista, erróneo planteamiento que ningún líder democrático debiera utilizar jamás con rotundidad ya que, precisamente si se trata de asuntos de Estado esenciales para la salud democrática del mismo, la mayor discrepancia debiera ser, como mucho, un “sí pero”….aunque lo deseable en estos casos sea siempre un sí rotundo. Y, como era de esperar, en el presente encuentro, que duró casi dos horas y media frente al anterior que apenas llegó a veinte minutos, tomó gran protagonismo el mayor problema que tiene el Estado, que es, sin duda alguna, el esperpéntico referéndum ilegal totalitario que, sí o sí y cueste lo que cueste, pretende convocar el Govern de la Generalitat de Catalunya, asunto que, como ya había anunciado Sánchez, se zanja con el rechazo al mismo por parte del PSOE, alineándose obviamente con el Gobierno de Rajoy, con el PP, con Ciudadanos y con cualquier otro partido esencialmente democrático. Sí pues a garantizar al Presidente del Gobierno, como era de esperar, que “siempre va a tener el apoyo del PSOE en la defensa de la legalidad y la Constitución”. ¡Faltaría más! Es lo que espera cualquier demócrata ante el grotesco intento de un golpe de mano totalitario, que ambos interlocutores califican de “inaceptable”, por lo que, de entrada, es tranquilizador el “sí” rotundo de Sánchez a apoyar la unidad de España y respaldar las medidas que tome el Gobierno para que se cumpla la ley y se impidan “iniciativas unilaterales rupturistas”.
            Sin embargo, dicho lo anterior, es preocupante que ese “sí rotundo” a la legalidad para impedir la ilegal consulta, se quede en un “sí, pero…”, que puede dar un cierto aliento a los defensores del ilegal “procés” catalanista, tras ser matizado con posteriores declaraciones, tanto de Margarita Robles como de Pedro Sánchez, en el sentido de que el PSOE, si llega el caso, no respaldará la aplicación del artículo 155 de la Constitución, para suspender total o parcialmente la autonomía catalana, cuando ni siquiera lo puso Rajoy sobre la mesa durante el encuentro con el líder socialista. Desafortunadas declaraciones por innecesarias, inoportunas y, sobre todo, por contradictorias con la defensa de la legalidad constitucional, que generan dudas y recuerdan aquel incongruente e inexplicable “no es no” (a favorecer la investidura de Rajoy, a nuevas elecciones y a gobernar con apoyos independentistas), contradictorio con la defensa de la gobernabilidad, que acabó como acabó. Un “sí pero” que significa yo te respaldo rotundamente en la lucha contra el secesionismo totalitario pero soy reticente a que apliques todos los mecanismos constitucionales que tienes para hacerlo. ¿Alguien lo entiende? Y, si no es así, quien lo plantea debiera explicar nítidamente a los ciudadanos por qué si llega el caso no se ha de aplicar semejante medida y sí otras como, por ejemplo, la Ley de Seguridad Nacional. Cabe preguntarse, ¿y si no fuera suficiente con ello, se dejaría a los gobernantes independentistas proseguir su ilegal camino? En fin, un “sí pero” insuficiente que genera sombras de duda innecesarias.
            Pero además es que este “nuevo PSOE” de Sánchez, pide “mesura” y “proporcionalidad” en la respuesta del Gobierno a los independentistas, tanto en sus acciones como en sus “declaraciones”, ya que, según Robles, algunas de ellas “se pueden entender como una provocación”, y exige a Rajoy “vías de diálogo” con los secesionistas al entender que no ha dado los “pasos necesarios” para entenderse con los independentistas y, que, en caso contrario, será el PSOE quien plantearía “iniciativas legislativas”, concluyendo que “los problemas en política no se solucionan acudiendo a los tribunales” cuando son cuestiones “netamente políticas” y “hay muchas vías jurídicas y políticas para abordar esta cuestión”. Es decir, “mesura” y “proporcionalidad” ante la desmesura y desproporcionalidad de los gobernantes independentistas y no provocarles respondiendo contundentemente a sus reiteradas provocaciones intolerables, cuando la mayor mesura y proporcionalidad es sencillamente la aplicación de la Ley; “vías de diálogo” y “pasos necesarios” con quienes no quieren dialogar salvo para independizar Cataluña como sea, cuando inútilmente se ha ofertado dialogar a condición de hacerlo en el marco de la legalidad; “iniciativas legislativas” socialistas para resolver el asunto, que no ponen encima de la mesa… Es cierto que los problemas políticos no se solucionan sólo con los tribunales, por ello sólo se lleva a quienes, como es el caso, desde las propias instituciones democráticas se saltan la legalidad vigente para independizar Cataluña y no a quienes la reivindican. ¿Acaso la aplicación de la ley no es en democracia la esencial “medida política” para el mantenimiento del Estado de Derecho? ¿No es el requisito previo y el marco para el resto de diálogos políticos? Por ello, no es suficiente el “sí pero” de este “nuevo PSOE” que, como Ciudadanos, por ejemplo, debiera apostar por un “sí rotundo” y sin reticencias.
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

lunes, 19 de junio de 2017

SOMOS LA IZQUIERDA



                        Desde aquel lema o eslogan del XXVII Congreso del PSOE en 1976, “Socialismo es libertad”, el primero en España tras la Guerra Civil, y el del “Por el cambio” de la campaña electoral de 1982, que tantos apoyos concitó, hasta el actual de “Somos la izquierda” del XXXIX Congreso Federal, recién celebrado, ha llovido mucho. Tanto que los propios delegados al Congreso, los medios y los tertulianos hablan de un “nuevo PSOE”, como si el viejo PSOE ya no sirviera para nada, como si hubiera que enterrarlo, como si no hubiera existido, cuando es protagonista privilegiado y responsable primordial del cambio político en España, del tránsito de la dictadura a la democracia, del subdesarrollo al desarrollo en todos los sentidos, de la falta de libertades a la consolidación de la libertad, del aislamiento al reconocimiento internacional, de la desigualdad a la igualdad, del centralismo gubernamental a la descentralización territorial jamás pensada… En fin, de tantas y tantas urgentes necesidades que, tras el lema de su histórico Congreso definiendo su esencia principal como partido, “la libertad”, resumía en su eslogan de campaña electoral posterior, “el cambio”, que, en todos los sentidos, necesitaba nuestro país para situarse en un lugar privilegiado del concierto internacional, homologándose con la parte del mundo que apuesta por la democracia y la libertad. Y, obviamente, el éxito fue arrollador. Así suele suceder cuando los objetivos políticos de un proyecto son claros y cuando el análisis de la realidad es acertado. Y así fue hasta que en 1996, ya en plena democracia consolidada, se produce el siguiente relevo gubernamental, lógico y saludable en democracia, producto del lógico desgaste, de algunos desaciertos y de algunas conductas indeseables por parte de algunos dirigentes. Hasta aquí, todo normal, pero desde entonces el PSOE, lamentablemente, va de mal en peor, dando tumbos y palos de ciego, a pesar de que extraordinarias circunstancias propiciaran de nuevo su acceso al Gobierno en 2004, y sobre todo, muy especialmente, desde que se hizo palpable su incompetencia para afrontar la crisis económica que llevó a nuestro país al borde de la ruina y al PSOE a la oposición de nuevo.
            Pero si aquel “viejo PSOE” jamás tuvo que reafirmar su identidad en sus lemas congresuales, pues todo el mundo sabía lo que era y representaba, mal asunto que este “nuevo PSOE” tenga que hacerlo para darse a conocer y además de forma imprecisa. ¿Es que el “viejo PSOE” no era de izquierdas? ¿Qué era pues? ¿Acaso los comunistas no reivindicaban sin éxito que la izquierda eran ellos desde el principio? ¿Y qué? Es paradójico que, cuando el comunismo (la otra izquierda, pues no sólo hay una) se ha diluido estratégicamente entre opciones populistas y anticapitalistas, maquilladas como transversales para disfrazar su verdadero proyecto totalitario y caduco, el “nuevo PSOE”, como solía hacer tanto el PCE como IU, recoja su fracasada estrategia y haga gala presuntuosa no ya de girar a la izquierda en sus políticas sino de ser la izquierda misma, única y sacrosanta. ¿Decir “somos la izquierda” supone que somos comunistas, anarquistas o anticapitalistas? ¿Acaso dichas opciones “de izquierdas” no son incompatibles en sí mismas con la izquierda socialdemócrata? Me temo que este “nuevo PSOE” sigue instalado en una nebulosa falaz, cuando lo que interesa a los españoles es conocer las propuestas, concisas y concretas, para resolver sus problemas desde una óptica de izquierda moderada, socialdemócrata y progresista, frente a las provenientes de una izquierda radical minoritaria en toda Europa. Si además el “nuevo PSOE” se suma al errático análisis de la realidad de la otra izquierda, una España catastrófica al borde del abismo, ni sus objetivos políticos son claros ni el análisis de la realidad acertado. Lo contrario de lo que sucedía con el “viejo PSOE”, hasta que inició un cambio de rumbo hacia la indefinición y la pérdida de identidad.
            Si entonces el principal problema de España era consolidar la democracia, afianzando la libertad, la igualdad y la solidaridad de todos los españoles, para que dejaran de ser súbditos y se convirtieran en ciudadanos, hoy el principal problema es todo lo contrario, un pulso totalitario a la democracia, concretado en especial en el desafío independentista catalán y más amplio y difuminado por quienes pretenden acabar con el Estado de Derecho, al que tachan como “régimen”. ¿Estará el “nuevo PSOE” a la altura de las circunstancias? De momento la inoportuna inclusión en su proyecto de la “España plurinacional”, tan del gusto de la otra izquierda y de los secesionistas, genera bastantes incertidumbres, pues, en el mejor de los casos, sería un proyecto teórico a largo plazo al requerir una mayoría cualificada en las Cortes Generales y en el pueblo español, hoy bastante improbable, y al plantearse en pleno desafío totalitario independentista. ¿No sería preferible ser socialistas en vez de ser “la izquierda”? Pienso que sí.
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena