lunes, 23 de mayo de 2016

NEBULOSA SOCIALISTA



                        Un acierto total sin duda la escenificación de unidad interna del PSOE en un mitin de Pedro Sánchez en Madrid ante casi todos los barones socialistas (incluida la baronesa Díaz) y destacadas figuras como Zapatero, Almunia, Rubalcaba o Borrell, para arrancar motores en una campaña electoral bastante complicada tras la nebulosa socialista desencadenada con la estrategia equivocada de Sánchez en su empeño por ser investido presidente a pesar del varapalo electoral sufrido el 20-D. Ahora, sólo desde la unidad interna, con un proyecto nacional socialdemócrata para toda España y remando todos en la misma dirección para consolidarlo, se pueden afrontar las bajas expectativas que le dan las encuestas con el riesgo añadido de que Unidos Podemos consiga incluso el pretendido “sorpasso”, que los comunistas siempre ansiaron para liderar la izquierda e imponer su modelo. Pero además la nebulosa socialista, hoy por hoy, es tan densa que requiere mucho más que una o varias escenas de unidad (falsas o verdaderas) para que los ciudadanos perciban todos los desencuentros, aventuras y ocurrencias recientes como espejismos anecdóticos superables y no como realidades inapropiadas que inhabilitarían al PSOE como instrumento adecuado para la alternancia política y la gobernabilidad de España, imprescindibles en el sistema democrático. Baste recordar, por no ir más lejos, el reciente espectáculo protagonizado con motivo de la confección de las listas conjuntas al Senado a instancias de Pablo Iglesias, levantando a algunos barones socialistas contra Sánchez y poniendo en evidencia, como en otros tantos asuntos trascendentales, la ausencia de uniformidad de criterio en todos los territorios. Por tanto, para comenzar a despejar el nebuloso horizonte político socialista hay que esclarecer concreta y concisamente los signos de identidad del partido, en vez de generar dudas, para que todos perciban con claridad el espacio político que ocupa, cual es y debe ser el socialismo progresista, democrático y moderado (o socialdemocracia, como prefieran), diferente, aunque no incompatible con otras opciones democráticas (conservadores, liberales, centristas…) pero claramente incompatible, por razones obvias, con las de tendencia radical o totalitaria (populismo, comunismo, antisistema, nacionalsocialismo…), esencialmente opuestas a los sistemas democráticos occidentales e incompatibles con ellos.
            Dice Sánchez en el citado mitin que “el cambio no tiene intermediarios” apelando al voto útil en el pistoletazo de salida para las generales del 26-J, porque “la garantía de cambio es decir sí al PSOE” y no a Podemos o Ciudadanos. Pero lo dice inmediatamente después de intentar por activa y pasiva un pacto de investidura con Iglesias y todo lo que le rodea, abortado gracias a la manifiesta incompatibilidad entre Ciudadanos y Podemos, así como a la división generada en el seno del partido socialista. ¿Descarta Sánchez tras el 26-J pactar con opciones de dudosa ideología democrática cuando sus barones gobiernan o desgobiernan con ellas en CCAA y Ayuntamientos protagonizando desencuentros sustanciales y manifiestos despropósitos día sí y día no, sólo unidos por el único objetivo común de que no gobierne el PP? No basta pues decir que el PSOE sale a ganar las elecciones (como los demás), pues lo más probable es que, aunque las ganara, no sería con la mayoría suficiente para descartar alianzas y tras la trayectoria anterior de Sánchez hay serias dudas de cuál va a ser su posición en política de pactos. Añade, emulando a Felipe González (antes lo hizo con Adolfo Suárez) que “si el PSOE no gana en España no habrá cambio”, pero, a diferencia de entonces, el problema es que hoy muchos ciudadanos temen que dicho cambio (en abstracto) pueda ser a peor si en él participan populismos, comunismos y nacionalismos trasnochados como sucede en los países en que han gobernado. Y para ello el PSOE ha de dejar meridianamente claro que vetará cualquier apoyo gubernamental directo o indirecto con formaciones de tendencia totalitaria en vez de vetar a las que, como la socialdemocracia, son meridianamente democráticas y homologadas con las corrientes ideológicas europeas.
            La nebulosa socialista necesita más que nunca definir con absoluta claridad su proyecto gubernamental “progresista, dialogante y social” y su decisión de defenderlo, bien desde la oposición o bien en el gobierno, según quieran los ciudadanos con sus votos, aclarando que para hacerlo desde el Gobierno se requiere, de entrada, ganar las elecciones, sin posteriores interpretaciones de falsos progresismos o falsos cambios no decididos expresamente por los españoles y que sólo puedan materializarse sumando un mosaico de partidos minoritarios, que como dice ahora Sánchez “se van a tener que presentar con papeletas apaisadas”, pero a los que lamentablemente anduvo suplicando apoyos hace cuatro días para ser investido. No en vano, gracias a tan errado proceder socialista, a sus indefiniciones, aventuras y coqueteos con socios indeseables, el PP de Rajoy se permite, como Sánchez, pedir el voto útil y presentarse a la opinión pública como la única opción al “viejo comunismo” pues la opción socialdemócrata con semejante trayectoria ha dejado de serlo.
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

Google+ Followers