viernes, 14 de enero de 2011

¿PRODUCTIVIDAD FUNCIONARIAL...O EFICACIA?


¿PRODUCTIVIDAD FUNCIONARIAL O EFICACIA?
                   En el dislocado y variopinto escaparate de ocurrencias al que el Gobierno de Zapatero nos tiene acostumbrados, el tercero de sus vicepresidentes, el Sr. Chaves, acaba de colocar la enésima, que no la última, consistente en que una parte del salario de los funcionarios se calcule evaluando la productividad de su trabajo. Al instante, el flamante ministro de trabajo, el Sr. Gómez, dice desconocer tal propuesta, aunque esto ya no sorprende a nadie; demuestra, una vez más, la magnífica coordinación que caracteriza al Gobierno. Lo sorprendente es que sigan empecinados en anunciar de forma espontánea, según se le ocurre a cada cual, una serie de medidas, que no han sido previamente evaluadas y, a la postre, sólo valen para crear mayores incertidumbres en los que supuestamente habrán de soportarlas, muy especialmente si, como es el caso, se presumen de muy difícil aplicación.
          La productividad es la relación entre la producción final -de bienes y servicios- y los factores productivos que se utilizan para producirlos, entre los que está el trabajo, pero no es el único factor (primera dificultad para calcular la productividad salvo que el resto de factores sean idénticos para todos los trabajadores), de ahí que, generalmente, al hablar de productividad nos referimos a la generada por el factor trabajo basándonos en una serie de indicadores como puede ser la producción real de cada trabajador, la que realiza en un tiempo determinado, etc. Sin embargo, medir la producción resulta relativamente fácil en el sector primario y secundario –productores de bienes-, pero es más complicado calcularla en muchos grupos del sector terciario –productores de servicios-, donde están encuadrados los funcionarios. En roman paladino: es fácil calcular las barras de pan que fabrica un panadero, pero difícil medir la educación que un profesor imparte a sus alumnos (segunda dificultad para medir la productividad en este sector por lo difícil que resulta calcular la producción del trabajador). Incluso así, ya no es tan fácil, ni siquiera para el sector primario o secundario, calcular la productividad ya que, para ello, se ha de tener en cuenta el rendimiento total de la actividad productiva de los demás factores y no sólo los del trabajo –no es igual fabricar pan de forma artesanal que con máquinas supermodernas en que el factor “capital” juega un importante papel-, lo que,  para gran parte del sector terciario, se traduce no en dificultad sino casi en imposibilidad de calcularla. Ello, sin añadir, las específicas normativas a las que los funcionarios están sujetos según los distintos grupos de nivel funcionarial, ni los complejos componentes de sus salarios a base de una serie de complementos específicos, de destino, etc. Así las cosas, la propuesta de Chaves, a priori, consistiría en añadir una nueva variable en el componente salarial  del funcionario como resultante de calcular lo incalculable, salvo que entienda que mejorar la productividad consiste, por ejemplo, en que cada policía ponga diariamente un mayor número de multas, que cada médico atienda a más enfermos en el mismo tiempo, o, que cada profesor imparta clases en un aula abarrotada de alumnos. Si es así, que nada tiene que ver con la productividad, conseguiría cierto ahorro ya que menos funcionarios prestarían servicios a mayor número de personas -¡qué buena propuesta para reducir el gasto!-, pero a costa de que dichos servicios empeoraran sustancialmente como es obvio. Y, si sigue siendo así, ¿por qué no piensa en la productividad de su tercera vicepresidencia o en la de algunos ministerios? ¿por qué no en la productividad de la caterva de asesores de los diferentes despachos, desde el menor cargo político hasta la del Presidente del Gobierno?. Perdón, me olvidaba de que la productividad de los cargos políticos y asesores a dedo es muy difícil de calcular, prácticamente imposible.
          Como no me cabe duda de la buena intención del Sr. Chaves, seguramente es que confunde productividad con eficacia, que es la capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera; en este caso, el de prestar buenos servicios públicos. Si es así, comparto con él el deseo de hacerlos más eficaces, especialmente los que tienen peores resultados, como educación, justicia o seguridad ciudadana. Pero la causa principal de la actual ineficacia no está en la supuesta baja productividad del trabajo del funcionario, a quien la Administración debe exigirle, en todo caso, el cumplimiento de la función encomendada y, para ello, tiene suficientes mecanismos si es que no la cumple; más bien está en otros ámbitos -legislativos, inversiones, etc- que le garanticen condiciones de trabajo adecuadas. Dicho de nuevo en roman paladino, no puede ser eficaz, por ejemplo, dar clases en barracones y aulas prefabricadas, carecer de mecanismo para erradicar el alto absentismo o la dejadez de muchos padres para que sus hijos hagan las tareas, etc, juzgar en los juzgados con pasillos repletos de expedientes por falta de personal y de medios, o velar por la seguridad ciudadana desde un autobús porque no funcionan los vehículos policiales y nadie los repara. Miles de ejemplos que demuestran las principales causas de la ineficacia de determinados servicios públicos, en que los funcionarios que los prestan, en circunstancias precarias y con muy poca cobertura legal de autoridad, han de trabajar soportando insultos y vejaciones, cuando no agresiones físicas, de demasiados usuarios, quienes son conscientes de que, con un poco de suerte, encontrarán cierto amparo legal a sus propias irresponsabilidades. Si lo que quiere Chaves es mejorar la eficacia de los servicios públicos ya sabe por donde van los tiros. . . Otra cuestión es que yo me equivoque y no sea esto lo que quiere el tercero de los vicepresidentes de ZP.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

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