jueves, 7 de abril de 2011

SUCESIÓN DE ZAPATERO, ESPERANZA O FRUSTRACIÓN

                        Por fin Zapatero ha sido capaz de tomar una decisión acertada aunque, como ya es su costumbre, probablemente a destiempo. No obstante, poner fecha de caducidad a su gobierno personal, aunque sea a plazos, es un alivio para la mayoría de los españoles y, muy especialmente, para los propios socialistas. Para los primeros se atisba el final de un túnel repleto de incoherencias, despropósitos, rectificaciones y desaciertos que han conducido a España a la cola de los países de su entorno, poniendo en grave riesgo el estado del bienestar. Para los segundos se abre la posibilidad de colocar al PSOE en el lugar que históricamente le corresponde, despojándolo de una hojarasca dirigente, frondosa en incompetencias e incapacidades. La noticia, en principio, es buena para todos, pues las causas por las que Zapatero se va -o lo echan- es lo de menos, ya que lo importante es que anuncie que ya no se vuelve a presentar. El zapaterismo, a las pruebas me remito, es la peor experiencia gubernamental de nuestra historia democrática; jamás un presidente de gobierno se convirtió, como ahora, en un lastre para sus propios correligionarios –dejando a su partido en las más bajas cotas de aceptación popular- y para el resto de ciudadanos –dejando España al borde del abismo- y, aunque obviamente Zapatero no es el único culpable de tal desaguisado, sí es su responsable político como secretario general de los socialistas y como jefe del gobierno. La incógnita es si su renuncia pone punto final a la hegemonía del zapaterismo dentro del partido. Fuera, es decir en el gobierno, ya lo dirán en su día los votantes.
            Así las cosas, la renuncia de Zapatero abre un proceso sucesorio que, al margen de la fórmula y la estrategia que utilicen, aportará, según sea el resultado final, una bocanada de aire fresco de esperanza o un estertor seco de frustración para miles y miles de ciudadanos progresistas que, hartos del zapaterismo, manifiestan en las encuestas su más absoluto rechazo a esta peculiar forma de hacer política. Recuperar su confianza en breve espacio de tiempo es la difícil tarea que tiene ahora el PSOE ya que la renuncia de Zapatero no garantiza “per se” la  erradicación del zapaterismo, que puede perpetuarse sin él en la dirección del partido. De momento, los socialistas han elegido el peor de los escenarios posibles para tan ansiado anuncio; con unas elecciones locales a la vuelta de la esquina, con los militantes proclamando a gritos en los mítines a tres presidentes zapateristas –Rubalcaba, Chacón y el propio Zapatero como interino- y con una anunciada elección postelectoral del candidato definitivo a las próximas elecciones generales se presume complicado armarse de la serenidad necesaria por más que algunos lo intenten. La proclamación de facto, aunque ahora no toque hacerlo, de dos candidatos, Rubalcaba y Chacón, ambos protagonistas del zapaterismo imperante en el partido –como miembros de la ejecutiva federal- y en el gobierno –como vicepresidente y ministro del interior el primero y ministra de defensa la segunda- augura, si nadie lo remedia, una buena salud al zapaterismo, convirtiendo la necesaria reflexión ideológica interna de los socialistas en una simple lucha de intereses personales que los futuros votantes pueden llegar a percibir como una “pelea entre policías y soldados” tal como ha manifestado Rodríguez Ibarra con fina ironía. Una lucha entre Rubalcaba y Chacón por hacerse con los despojos de un partido roto en mil pedazos -de lo que ambos son responsables directos junto a Zapatero-, con el riesgo de obtener el peor resultado electoral de toda su historia, sólo puede provocar que el remedio, pretendido con la retirada de Zapatero, sea peor que la enfermedad de mantenerlo en el poder. Las copias siempre son peores que el original.
            Si se trata de erradicar el zapaterismo hegemónico, no es creíble que el proyecto lo dirijan los más activos colaboradores de Zapatero, quienes, incluso públicamente, dicen estar orgullosos de serlo. Sólo una nueva vía, un nuevo líder socialista, crítico con Zapatero, puede aportar la suficiente dosis de credibilidad. Haberlos haylos, falta que tengan la suficiente valentía y honestidad para asumir la responsabilidad de postularse como candidatos a las primarias frente a quienes sólo pretenden que todo siga igual aunque parezca lo contrario. No es el momento de postularse, cierto; pero ya se han encargado otros, desde las bases o las alturas, de postular a estos últimos y ellos, aunque no lo digan públicamente, bien que se dejan querer. Ya juegan con ventaja, al extremo de que, cuando oficialmente se abra el proceso de primarias, invalidarán en la práctica la consolidación de cualquier otro candidato. ¿Estará aquí la clave de la forma y el momento en que Zapatero ha anunciado su futura retirada? Todo es posible.
            Si se trata de maquillar el zapaterismo con la intención de rebañar algunos votos ante las malas expectativas electorales, habría que recordar el pésimo resultado obtenido con las últimas remodelaciones ministeriales, hechas con idéntica intención, que sólo han servido para que algunos mejoren su currículo como detentadores de una cartera ministerial. Los socialistas tienen pues la oportunidad de convertir la sucesión de Zapatero en una esperanza de futuro o en una frustración generalizada, por más que ésta le pueda ser útil a algunos en el plano personal.

                                   Fdo. Jorge Cremades Sena 

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