martes, 12 de julio de 2011

IZQUIERDA UNIDA, UN DILEMA EXISTENCIAL

            El resultado electoral en Extremadura ha puesto a IU en el ojo del huracán, convirtiéndola en el blanco de todas las críticas y todos los halagos, según el color y el interés de quienes lo hagan. El PP gana las elecciones pero sin mayoría absoluta (32 escaños), por lo que el PSOE, segundo partido más votado (30 escaños), necesita el apoyo de IU (3 escaños) si quiere seguir gobernando, cuestión que todos daban por hecho. Pero el Consejo Político de IU en Extremadura, tras consultar a sus bases, ha decidido abstenerse en la investidura, permitiendo que el PP, como lista más votada, gobierne por primera vez a los extremeños y desaloje a los socialistas que lo venían haciendo desde siempre. Una decisión política controvertida y arriesgada que levanta ampollas incluso en la dirección Federal de IU que, por todos los medios a su alcance, intenta impedirlo al considerarlo perjudicial. Paralelamente, un aluvión de argumentos, a favor y en contra de la medida, inunda las tertulias políticas, las entrevistas y los artículos de opinión en los distintos medios de comunicación. La mayoría de los argumentos son generalizadores, de tipo procedimental o ideológico –que gobierne la lista más votada, que lo haga la izquierda, etc-, que, curiosamente, se focalizan en el gobierno de Extremadura, cuando en la constitución de cientos de gobiernos municipales y algunos autonómicos, sin mayorías absolutas –como es el caso-, se acaban de producir todas las combinaciones posibles, incluso el apoyo explícito de IU al PP y no sólo la abstención para dejar que gobierne la lista más votada. Si todos los partidos juegan libremente al pacto que les interesa, por encima de los planteamientos generales de tipo ideológico ¿por qué, si lo hace IU, es acusada de traición a la izquierda, considerando que sus votantes lo que quieren es que gobierne el PSOE? Si es así, ¿por qué no votaron a los socialistas? ¿acaso la propia IU no les acusa de aplicar una política de derechas?. No querer analizar el dilema existencial que padece IU desde el momento de su fundación en 1986 es lo que trae estas contradicciones argumentales.
            En efecto, desde que, en plenas movilizaciones para sacar a España de la OTAN, se aglutinan todos los partidos de izquierdas -excepto el PSOE- y muchos de ellos deciden formar IU con el protagonismo del PCE de Gerardo Iglesias, tan variopinta coalición padece un dilema existencial, constatable en los diferentes vaivenes sufridos desde entonces, no sólo electorales sino también internos. Su vocación de aglutinar el voto de izquierdas, especialmente de la izquierda del PSOE, obtiene cierto éxito a partir de 1989 con Julio Anguita, coincidiendo con el inicio del declive del PSOE de Felipe González, y va en aumento, paralelamente al PP de Aznar, al erosionar al PSOE entre ambos por la izquierda y la derecha, hasta que los populares derrotan al PSOE en 1996 e IU consigue la mayor aceptación popular con 21 escaños en el Congreso. Después, durante los gobiernos del PP, IU inicia un declive que le coloca de nuevo con Llamazares a niveles inferiores a 1986 en las elecciones de 2004 con sólo 5 escaños, mientras el PSOE de ZP triunfa, y, entretanto, IU toca fondo en 2008 con sólo dos diputados. Es obvio que cuando peor le va al PSOE mejor le va a IU y viceversa, ya que ambos, en buena medida, se disputan el mismo electorado y, además, la ley electoral premia a la opción mayoritaria que, hasta el momento, siempre ha sido el PSOE frente a IU. En las recientes elecciones se pone en evidencia de nuevo la obviedad de que, desde un punto de vista pragmático-partidario, el contrincante de IU es el PSOE y no el PP, contrincante ideológico de ambos. Si IU utiliza el pragmatismo partidario se le acusa de “pactos antinatura” y si utiliza la ideología, el “voto util”, para que gobierne la izquierda, se condena a ser correa de trasmisión del PSOE, que, desde su hegemónica posición, no repara en usar su apoyo, cuando lo necesita, para su interés pragmático-partidario, poniendo en evidencia que el verdadero “voto util” para la izquierda no es el que se produce “a posteriori” del proceso electoral, sino “a priori”, es decir, el hundimiento o la desaparición de IU. Es el talón de Aquiles de IU, su dilema existencial: o intenta erigirse en fuerza mayoritaria frente al PSOE -su verdadero objetivo a batir como organización política-, o desaparece y se integra en el PSOE para aglutinar el voto de izquierdas.
Por tanto, el declive actual del PSOE –como en 1993- explica, por sí mismo, la posición que IU tiene en Extremadura y en otros lugares; basta recordar la famosa “pinza” de Anguita con Aznar frente al deteriorado Felipe González. Si el PSOE gobernara con el apoyo de IU, tras hacerlo durante mucho tiempo por mayoría absoluta y relegarla al desprecio, quien saldría beneficiado como partido en el futuro sería el PSOE ya que votar IU para el entreguismo carece de sentido. Si ambos pasan a la oposición frente al PP, la disputa del voto de izquierdas recobra sentido para desalojar del poder a la derecha como enemigo común, aun con el riesgo de que el voto se decante por el PSOE, como sucedió a partir del 2000, provocando de nuevo el hundimiento de IU. Pero es la única alternativa que tiene IU de sobrevivir, siempre que no aparezcan traiciones de militantes significativos –como viene sucediendo-, quienes, obviamente, serán acogidos de forma entusiasta por el PSOE y les premiará con cargos importantes para seguir manteniendo a IU en una posición minoritaria como apéndice de los socialistas. ¿Es esto lo que le conviene a IU como organización política partidaria? ¿Es lo que le conviene a la izquierda? En sus filas tendrán que descubrir las respuestas a su dilema existencial.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

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