sábado, 6 de julio de 2013

YA ERA HORA, Y AHORA A QUIÉN LE TOCA

                        Es el comentario más popular desde que saltó la noticia de que el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz ha acordado el ingreso en prisión provisional y sin fianza de Luís Bárcenas. “Ya era hora” expresa la satisfacción social generalizada porque, en este caso, la justicia coincide con el veredicto mayoritario del pueblo sobre el destino que merecen determinados personajes como Bárcenas hasta que en sede judicial se determine el alcance de sus responsabilidades penales o civiles por sus presuntos pero más que probables delitos cometidos. Pero es tan larga la lista de espera de los presuntos delincuentes, que, inmediatamente, se completa el comentario expresando una incertidumbre inevitable, “y ahora a quién le toca”. Aunque esta reacción espontánea de los ciudadanos -legos en asuntos jurídicos, y sin motivaciones interesadas particulares-, contrasta con la de los políticos y sus respectivos voceros mediáticos que, como ya es costumbre, se enredan en una cascada de especulaciones e hipótesis sobre el caso con el único objetivo de intentar, tanto los unos como los otros, moldear la opinión pública para hacerla más favorable a sus respectivos intereses particulares, sin tener en cuenta -ni unos, ni otros- las enormes incoherencias en las que incurren si se contrastan con las hipótesis y especulaciones que dichos elementos mantenían hace bien poco, cuando las circunstancias eran otras.
            Bárcenas, de momento, ya está en la cárcel y, por mucho dinero que tenga, no puede comprar su libertad. Esto es lo importante, lo demás es circunstancial. Tras cuatro años de averiguaciones se le imputan los delitos de blanqueo de capitales, contra la Hacienda pública, cohecho, estafa procesal y falsedad documental en grado de tentativa. Es decir, casi todo el elenco de delitos posibles que va intrínsecamente aparejado a los chorizos de guante blanco. Y cometidos, presuntamente –vaya a ser que encima te pongan una querella-, de forma continuada. El juez Ruz toma la medida de prisión preventiva y sin fianza, solicitada por la Fiscalía Anticorrupción, ante el alto riesgo de fuga y ante la posibilidad de que destruya o altere pruebas relacionadas con los delitos que se le imputan. ¡Cómo si no hubiera podido hacerlo en estos años!, dicen algunos. ¿Por qué ahora y no antes? “, se preguntan los especuladores, para contestarse entre sí con diversas hipótesis antagónicas a las que manejaban entonces. Al final, la respuesta más convincente y menos especulativa es porque han aparecido nuevas circunstancias y se le imputan nuevos delitos, tal como explica Ruz en su auto. Menos mal, más vale tarde que nunca, dice el común, no vaya a ser que, como acaba de suceder con Blesa, una decisión errónea del juez le convierta en el mejor defensor del presunto delincuente. Hay que tocar madera para evitar que –como ya ha sucedido en demasiados casos- un error procesal devuelva a Bárcenas su libertad y pueda seguir disfrutando de sus casi cincuenta millones de euros, cuya procedencia se desconoce (parece que es el cobro de comisiones ilegales a las empresas a cambio de adjudicarles obras públicas…¿les suena de algo?) que, hasta la fecha, le han permitido viajar de lujo por donde le ha venido en gana (para eso se ha hecho rico), esquiando o escalando por las montañas del mundo y haciendo peinetas a todos los españoles, para dejar bien claro que siempre ha habido clases. Se supone que de ladrones, claro.
Y, hablando de ladrones, en este caso de guante blanco, el común desea con toda su alma que el resto de jueces que, como Ruz, instruyen la indecente cantidad de casos de corrupción que apestan casi todos los rincones de España, no yerren, para que lo antes posible desaparezca la incertidumbre de “y ahora a quién le toca” (curiosamente la jueza Alaya acaba de imputar, entre otros, a la ex consejera andaluza y ex ministra, Magdalena Álvarez). Es la diferencia abismal frente a quienes, más pendientes de salir airosos de sus respectivas vergüenzas que de llegar a la verdad de todas ellas, generan intencionadamente una especie de ceremonia de la confusión mediática que, ante la incertidumbre de que ahora le toque a alguno de los suyos, pasa por poner en duda la actuación del juez correspondiente para ver si incurre en el más mínimo error que posibilite echar por tierra la pertinente imputación. Especulaciones, hipótesis, y más especulaciones intentando hacer creer que lo que se está instruyendo es una “causa general” contra el PP o contra el PSOE, tal como afirman en cada caso sus respectivos dirigentes, o “un ataque a Cataluña”, como mantienen los dirigentes independentistas, o vaya usted a saber que otras ocurrencias. Todo con tal de enturbiar más el lodazal para que cada vez haya más dudas sobre la verdad. Entretanto, a la mayoría de los ciudadanos, que nada teme, le importa un pepino si Bárcenas tira de la manta, si Alaya actúa según el calendario del PSOE-A, si Rajoy o Griñán van a quedar tocados, si unos u otros colaboran más o menos con la justicia, y tantos otros síes especulativos por el estilo. Lo que le importa es que quien la haga la pague de una vez, sea quien sea y caiga quien caiga. Que la sentencia sea contundente. Que incluya la devolución de lo robado (presuntamente, vaya a ser que nos metamos en problemas) pues tiene la certeza de que de forma honrada es bastante complicado amasar, desde la nada, las fortunas que los presuntos chorizos amasan, poniéndolas a buen recaudo en los paraísos fiscales. ¡Ah, se me olvidaba, y que los jueces no caigan en ningún error! Toquemos madera.

                                    Fdo. Jorge Cremades Sena 

Google+ Followers