martes, 14 de julio de 2015

EL VOTO DEL MIEDO



                        No sé si, porque los líderes políticos consideran a los ciudadanos tontos de remate o porque, careciendo de argumentos más convincentes, son ellos quienes recurren a tonterías manifiestas, lo cierto es que, próximas unas elecciones, como es el caso, aparecen todo tipo de banales recursos, justo cuando la ciudadanía requiere sólidas razones, para convencerse de a quienes han de votar. Y uno de los recursos más recurrentes en semejante trance electoral es denunciar al contrario de usar el “voto del miedo”, cuando dicho recurso, utilizado por todos sin excepción (con mayor o menor base real), en vez de miedo causa risa o indiferencia en cualquier ciudadano que, desprovisto de orejeras, pretenda ver algo más allá de la miopía causada por una pertinaz militancia partidista con tendencia a la ceguera. En todo caso, al ser utilizado tan banal recurso por unos y otros, algo de positivo tendrá desde el punto de vista electoral, que no a la hora de favorecer un voto responsable. Sin embargo, si determinados hechos o circunstancias se presentan favorables para alertar a la ciudadanía del ejemplo a rechazar, lo estúpido es acusar a quienes lo ponen de relieve de usar el “voto del miedo” como estrategia electoral, tal como se empeñan algunos acusando al PP en el caso de Grecia. Que Rajoy utilice el fracaso de las políticas de Tsipras en Grecia para alejar a los ciudadanos de la tentación de votar a Podemos en España, es tan explicable y comprensible como el uso que hubiera hecho Pablo Iglesias de un hipotético triunfo de la política demagógico-populista de Syriza obligando a la UE a claudicar. Que a Tsipras se le haya visto el plumero en su  errática estrategia, es un balón de oxígeno para Rajoy en su argumentario electoral, como debiera serlo para el resto de líderes de los partidos de la oposición, excepto para quienes, homologados con Syriza, pretenden vender humo en la campaña. Desde la pedagogía política no es desdeñable que los partidos democráticos utilicen la imagen griega como el ejemplo a rechazar por activa y pasiva; una imagen vale más que mil palabras y la de Grecia, en la ruina más absoluta hundiéndose en un “corralito” inaceptable, con un claudicante Tsipras como presidente de Gobierno a la deriva y hundido en sus propias contradicciones frente a su propio pueblo y a las instituciones europeas, es lo que menos desea nadie, salvo algún loco suelto, para su propio país. Y ponerlo en evidencia es lo lógico, siendo lo ilógico manifestar que hacerlo es utilizar el “voto del miedo”, pues como dice Rajoy (y lo diría cualquier otro presidente democrático) “no sé lo que es el voto del miedo, lo que sí da miedo es la situación de Grecia”.
            Que una incipiente recuperación, dolorosa y difícil, (como se percibía en Grecia cuando llegó Syriza), se haya hundido en la ruina total del país (al contrario de lo sucedido en Portugal, Irlanda o España con otras políticas), llena de razón a Rajoy cuando manifiesta que “no hay que irse muy lejos para ver lo fácil que puede resultar arruinar una recuperación en marcha”. La sinrazón está en quienes por intereses electorales, al igual que los que tenga el PP, pretenden soslayar la evidencia griega porque defienden políticas similares a las de Syriza (aún resuena el grito de Iglesias  abrazado a Tsipras: “¡Syriza-Podemos, venceremos!), cuyo flagrante fracaso les obliga ahora a remar contracorriente. Y la estupidez está en quienes, no teniendo un proyecto populista antisistema, como el de Podemos, ni liberal-conservador, como el del PP, andan navegando entre dos aguas pensando que su sempiterna indefinición, su absurda equidistancia, les aportará un perjuicio electoral si se ponen del lado de la evidencia en el caso griego (como tantos otros) porque puede favorecer al PP.
            Que tanto el asunto griego, como el de los pactos de gobernabilidad local y autonómica PSOE-Podemos (para muchos una estrategia errática), son hechos que, según evolucionen, pueden ir a favor del PP es evidente; que los populares van a utilizarlo, como harían los demás, también. Por tanto que desde Podemos intenten minimizar sus efectos acusando al PP de utilizar el “voto del miedo” y, a la vez, usándolo ellos mismos sin ninguna base de veracidad (“el miedo debe cambiar de bando”), es comprensible. Lo incomprensible es que el PSOE haga lo propio, cuando, en el caso griego a nivel europeo, tanto socialdemócratas, como conservadores y liberales, van al unísono frente a los experimentos de los radicalismos tanto de izquierda como de derecha. Por eso es absurdo que, por ejemplo, Jordi Sevilla, nuevo peso pesado del equipo de Sánchez, diga que de la crisis griega Rajoy “intenta sacar rédito electoral” (¡menudo descubrimiento!), cuando debiera preocuparse de por qué, frente a Podemos, el PSOE, por el bien de España, no saca rédito electoral con la que está cayendo en Grecia.
                        Fdo. Jorge Cremades Sena

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