miércoles, 10 de agosto de 2016

ACTO DE RESPONSABILIDAD POLÍTICA



                        Por fin, después de varios meses mareando la perdiz con una irresponsable ceguera política casi generalizada, se vislumbra una luz de esperanza para salir del negro túnel de ingobernabilidad en el que nuestros líderes políticos nos han metido. Si los partidos políticos democráticos son instrumentos al servicio de los ciudadanos para resolver sus problemas cotidianos y no meros organismos que generan problemas al estar exclusivamente interesados en defender los intereses de sus miembros, por legítimos que estos sean, las cúpulas dirigentes de los mismos no pueden, ni deben, inhibirse de sus responsabilidades intentando diluirlas con demagogias baratas, incoherentes y contradictorias que, por inconsistentes, se caen al final por su propio peso. Es lo que, lamentablemente, viene sucediendo en España desde el 20-D y, muy especialmente, desde el 26-J, cuando los españoles dejaron bien claro cuál era el camino a seguir. Basta echar un vistazo a la realidad electoral para entender el itinerario que nos lleve al destino marcado por los ciudadanos que, guste o no, es la urgente gobernabilidad de España a base de inevitables pactos con el partido que por dos veces consecutivas ha ganado las elecciones sacando sustanciales ventajas en votos y escaños al resto de cada uno de los partidos concurrentes a las mismas. Todo lo demás, por muchos cálculos matemáticos que se hagan o muchas justificaciones que se inventen, son, en el mejor de los casos, meras chapuzas que generarían, en caso de prosperar, muchas más incertidumbres sobre nuestro futuro y, en caso de fracasar, como ya sucediera tras el 20-D, una pérdida de tiempo inconveniente e indeseable, para afrontar los retos que España tiene planteados, que no son pocos ni poco importantes. Basta entender que lo que no puede ser, no es, y además es imposible. Y si el arte de la política es “hacer posible lo deseable” en cada momento, dentro de un marco de prioridades, lo deseable y prioritario en estos momentos es posibilitar como mínimo un gobierno a través de un acuerdo programático de mínimos tendente a mejorar sustancialmente aquellos aspectos fundamentales para un mejor funcionamiento de nuestro sistema democrático, susceptible de mejoras evidentes. Y luego, ya veremos.
            Dicho lo anterior, es obvio que el gran objetivo prioritario es ayudar a que se configure un gobierno que evite la convocatoria de nuevas elecciones, indeseables e indeseadas por todos, lo que requiere salir de esta especie de compartimentos estancos, sin vasos comunicantes entre ellos, en que se han instalado los distintos partidos políticos a base de previos vetos e inmovilismos incomprensibles, que sólo añaden más incertidumbres a la resolución de los problemas que los españoles tenemos. Y en pro de dicho gran objetivo, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, que ya hizo un tímido gesto de buena voluntad desechando vetos iniciales y transitando del “no” a una abstención de cara a la investidura, da ahora un paso positivo más y toma una decisión importante poniendo ante Rajoy una serie de condiciones previas que, de ser aceptadas, conllevarían un apoyo positivo a la investidura y a la gobernabilidad. Un incuestionable acto responsable que Felipe González califica incluso como “el primer acto de responsabilidad política desde las elecciones”. Se trata concretamente de varias medidas para la “regeneración democrática”, asunto esencial del programa de Ciudadanos, que van desde la eliminación de aforamientos a la expulsión de todo cargo imputado por corrupción, o desde cambiar la ley electoral a limitar el mandato presidencial, pasando por acabar con los indultos por corrupción, crear una comisión parlamentaria sobre el “caso Bárcenas” y, previamente, anunciar ya la fecha de investidura. Rajoy, que considera la decisión de Rivera como un “avance positivo” pide unos días para someterlo a la dirección del PP y responder a la oferta, que obviamente, aunque se llegase a acuerdo seguiría siendo insuficiente sin el concurso de otros grupos que, salvo CC con un solo escaño, siguen enrocados en el inmovilismo del “no”.
            Acto de responsabilidad política sin duda que, siendo insuficiente aún para lograr el objetivo del desbloqueo político (los escaños de cada uno son los que son), pone al resto de partidos (a cada uno en la parte alícuota de responsabilidad que le corresponda) en la tesitura de mantenerse en el bloqueo político o permitir por activa o pasiva la gobernabilidad del Estado, como hace Ciudadanos. Lo primero, al no vislumbrarse mejor alternativa viable, conduciría a nuevas elecciones, las terceras, que, según los sondeos, conformarían un escenario parlamentario bastante similar al actual; lo segundo abriría una legislatura con un gobierno en minoría (el de gran coalición parece descartado), monocolor del PP o bicolor de PP-Ciudadanos, condicionado a materializar, sí o sí, las medidas de “regeneración democrática” propuestas por Rivera y obligado a pactar con la oposición cada una de las leyes concretas futuras. Es el dilema planteado al resto de partidos.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

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