martes, 11 de junio de 2013

CARMONA Y LOS EREs FRAUDULENTOS

                        No se confundan con el título del artículo. No trata sobre los EREs fraudulentos que la Junta de Andalucía ha tramitado en el municipio sevillano de Carmona, entre otras cosas, porque desconozco si allí concretamente ha tramitado alguno de ellos y si era fraudulento o no. Trata sobre el cínico rol mediático que juegan los partidos políticos y sus militantes cualificados ante casos de corrupción, propios o ajenos, mientras se investigan en sede judicial. El popular tertuliano y diputado socialista en la Asamblea de Madrid, Antonio Miguel Carmona, deja bien claro a sus compañeros de Chamberí que su partido, el PSOE, teledirige su papel en los programas televisivos en los que participa, poniendo como ejemplo el debate sobre los EREs fraudulentos, celebrado en Telecinco, mientras la jueza Mercedes Alaya decide el levantamiento del secreto del sumario. Tras reconocer lo obvio, “Tenemos un problema con los ERE”, les dice concretamente: “El partido me mandó a mí al debate en Telecinco sobre los ERE… Y puedo decir, sin que nadie me grabe, que yo estaba teledirigido por Griñán… Tan teledirigido que me mandaban mensajes por WhatsApp todo el tiempo, como es natural”. Más claro, el agua, cuando lo natural debiera ser que ningún caso de corrupción fuera objeto de debates, sino, simplemente, de amplia difusión informativa para que, sin interferencias interesadas, concitase el lógico y natural rechazo que se presume en las personas decentes ante tan indecentes conductas. Por tanto Carmona avala mi criterio, manifestado públicamente en varias ocasiones, de que en estas tertulias o debates de piñón fijo sobre temas escabrosos, bajo la apariencia de cierta imparcialidad razonada y razonable de cada tertuliano, se enmascara un indecente objetivo propagandístico partidista, minimizando las miserias propias y maximizando las ajenas, en vez de aportar a la opinión pública los datos detallados y argumentos sólidos racionales que, al margen de intereses partidarios, generen una conciencia unánime de rechazo radical ante hechos que no debieran ser debatibles, pues sólo merecen o debieran merecer el repudio generalizado.
            Entretanto, junto a otros indecentes casos de corrupción, con entradas y salidas de la cárcel de sus presuntos autores, el levantamiento del secreto del sumario del caso de los EREs fraudulentos de la Junta de Andalucía, sobre el que Griñán teledirigía a Carmona en el televisivo debate, desvela a la opinión pública, al margen de las especulaciones vertidas en los debates mediáticos, la dimensión de un gigantesco caso de corrupción que, tanto por su fondo como por sus formas, causa náuseas a cualquier persona decente, especialmente si es progresista de izquierdas. Una trama delictiva gigantesca, desarrollada en el seno de una administración gobernada por socialistas, que malversa fondos destinados precisamente a los más desfavorecidos; que tiene 57 imputados, entre ellos, 7 ex altos cargos de la Junta y algún que otro ex dirigente sindicalista; que cuenta con un elenco de presuntos delitos continuados, entre ellos, malversación, cohecho, contra la hacienda pública, asociación ilícita, blanqueo de capitales, prevaricación y falsedad en documento mercantil; que incluye “intrusos” en los EREs, familiares y amigos de los presuntos chorizos, para garantizarles indemnizaciones y prejubilaciones inmerecidas; y que, entre otras indecencias, abona sobrecomisiones millonarias a intermediarios y a empresas consultoras mediadoras en cuyo entramado societario aparecen “testaferros”, incluido algún indigente que figura como administrador en seis sociedades “tapadera” para blanquear parte del dinero. Un tinglado repugnante que, en vez de intentar aliviar la ruina generalizada, ha provocado un enriquecimiento indebido, público y notorio, de demasiados listillos impresentables, quienes, convencidos de su poder e impunidad, no tienen reparo alguno, ni vergüenza, en exhibir sus esperpénticas conductas individuales, sino que, al contrario, alardean públicamente de sus poderosas fechorías y sus desorbitadas fortunas fraudulentamente conseguidas. Sólo así se entiende trayectorias y conductas como, por ejemplo, las de Juan Lanzas, el “conseguidor” y ex dirigente ugetista, que, desde la nada y no precisamente para defender a los trabajadores, se incluye a sí mismo como “intruso” en los EREs y, además, incluye a sus familiares (su mujer, su cuñada, su suegra…) sin haber trabajado en las empresas; que, en sus cuentas y las de su esposa, mueve durante años unos tres millones de euros anuales cada uno; que compran dieciséis inmuebles, algunos pagados en metálico; y, por no seguir con más detalles, que ingresa veinte o veinticinco mil euros semanales en la cuenta de su madre, quien, orgullosa de su hijo, no repara en alardear de su pública y notoria fortuna, diciendo a la propia Guardia Civil que hay dinero “hasta pa´asar una vaca”. ¿Qué es lo que hay que debatir sobre esto? ¿Qué instrucciones de Griñán ha de recibir Carmona al respecto?
            Flaco favor se hace a la democracia y a la necesaria trasparencia si, ante asuntos tan turbios, no somos capaces de ser imparciales, especialmente cuando usamos los medios de comunicación de mayor repercusión. Su impacto es decisivo tal como dice Carmona a los suyos: “No nos preocupemos demasiado por lo que sale en los periódicos… Imagínate que es una mentira en un blog de El País, pues no pasa nada porque la leen 133 personas. Sin embargo, sales en TV y te ven siete millones de personas. Yo voy a La Sexta y me ven tres millones”. Y no le falta razón al añadir que, por ello, tanto Tomás Gómez como él mismo, han intentado “meter gente en los medios de comunicación” pues “No se trata de algo personal, sino de enviar el mensaje del partido” que “es lo que hay que hacer y los que opinan lo contrario están muy, muy equivocados”. Todo correcto, pero depende de para qué se utilice. Supongo que el mensaje del partido en el debate televisivo de los EREs fraudulentos no sería para decir mentiras ni ocultar verdades… Pero, de no ser así, ¿qué mensaje teledirigía el partido a Carmona si sólo cabía el de la repulsa contundente y sin paliativos más absoluta? Para ello, era innecesario teledirigir a tan popular dirigente socialista, pues cualquier militante sencillo y honesto lo hubiese hecho con éxito, como él, sin necesidad de ninguna teledirección simultánea. Hay asuntos que no debieran requerir ningún asesoramiento y, menos, a personas suficientemente preparadas.

                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

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