sábado, 7 de febrero de 2015

CIS, PRELUDIO DE INGOBERNABILIDAD

                        El barómetro del CIS del mes de enero, que se acaba de publicar, pone de relieve la consolidación casi definitiva de un futuro Parlamento fragmentado que pondrá en graves dificultades la gobernabilidad de España en la próxima legislatura. Acostumbrados en todas las anteriores a una alternancia política segura y tranquila, protagonizada por PP y PSOE, garante en términos generales de una gobernabilidad alternativa enmarcada políticamente en la moderación que representan las clásicas opciones de derecha o izquierda democráticas europeas al uso, si se confirma la tendencia actual tendremos que prepararnos, por si no fueran pocas las dificultades que estamos atravesando, para soportar unos años de inestabilidad política, sin precedentes en esta España democrática, lo que, sin duda, puede incidir de forma negativa en esta incipiente salida de la crisis, que ya reconocen los expertos no sólo en España sino en el resto de los estados europeos. Con un panorama en el que, según el CIS, ni PP (con el 27´3% de votos) ni PSOE (con el 22´2%) levantan cabeza, en tanto que Podemos (con el 23´9%) se postula como la verdadera alternativa al Gobierno de Rajoy, relegando a los socialistas, mientras que IU y UPyD (con el 5´2% y 4´6% de votos respectivamente), así como Ciudadanos (3´1%), que se postula por vez primera en el escenario nacional, no alcanzarían a conformar alianzas para una mayoría gubernamental con ninguno de los tres partidos anteriores, la ingobernabilidad está más que asegurada. Del criticado bipartidismo PP-PSOE nos encaminamos a un tripartidismo PP-PODEMOS-PSOE que, casi con toda seguridad, puede que nos haga echar de menos los viejos tiempos el día de mañana, si, por razones obvias, no cabe un gobierno PP-PODEMOS y, porque así lo dice el PSOE, tampoco cabe un gobierno PP-PSOE, ni PODEMOS-PSOE, lo que, en el peor de los casos, nos llevaría, como en Grecia, a la convocatoria de nuevas elecciones generales, que, en todo caso generaría inestabilidad política en España y desconfianza en el exterior.
            En todo caso no están exentos de razón quienes a día de hoy consideran que sobre la intención de voto hay mucho voto oculto o indefinido (13% de abstención, 20´8% de indecisos, 5´6% en blanco y 1´2% no contesta), un terreno de más del 40% que puede decantar la votación definitiva dentro de un año (una eternidad, políticamente hablando) si los partidos hacen un plus de pedagogía política para explicar, desde ya, a la ciudadanía cuáles son las opciones y qué está en juego. Sobre todo cuando la citada estimación va acompañada de otras variables que no parecen corresponderse con ella al reflejar una ciudadanía que, en el mismo barómetro del CIS, manifiesta que, aunque en el último año haya girado un poco hacia la izquierda y sea algo menos independentista en sus comunidades, se considera bastante feliz, ve la crisis con más optimismo y se considera mayoritariamente bastante moderada. En efecto, si piensan que lo peor de la crisis ya ha pasado, siendo un problema para el 24´5%, en clara progresión a la baja desde hace años (enero de 2009, 51´9%; 2010, 47%; 2011, 53´1%; 2012, 53´7%; 2013, 38´9% y enero de 2014, 30´5%), aunque tanto el paro como la corrupción sigan siendo los principales problemas, no parece lógico que los ciudadanos opten por aventurerismos radicales, cargados de utopías y vacíos de contenidos razonables, frente a las opciones moderadas, homologables con el resto de gobiernos europeos (salvo la Grecia de Syriza, abocada al caos definitivo), y menos aún si estas opciones milagrosas, como Podemos, antes de empezar a gobernar en ninguna parte, ya andan envueltos en escándalos por presuntas corruptelas (siendo yo benévolo) de sus máximos dirigentes, tras presentarse como los exterminadores de la corrupción en España, avalados por su inmaculado currículo y limpios de polvo y paja. Es decir, mintiendo.
            Teniendo en cuenta que, según el barómetro del CIS, ninguno de los tres partidos principales se define ideológicamente como lo ven los votantes (PP se define de centro derecha y lo ven de derechas; PSOE se define de izquierda y lo ven de centro; Podemos no se define y lo ven de izquierdas, creyendo sólo el 4´8% su discurso de “transversalidad”) es obvio que sólo un inmenso esfuerzo de pedagogía política podrá despejar este borroso horizonte de incertidumbre gubernamental y, por tanto, de inestabilidad política. Más que nunca se requiere este esfuerzo adicional partidario, pues, más que nunca, las circunstancias así lo requiere. Al menos para que, en caso de que el pueblo soberano decida apostar por la aventura (está obviamente en su perfecto derecho) lo haga con conocimiento de causa para asumir después con responsabilidad y sin traumas las consecuencias de su decisión. Sería trágico que, en uno u otro sentido, ésta obedeciera a una manifiesta desinformación intencionada o a una reacción dirigida políticamente no “a favor de” sino “en contra de” pues no es la primera vez, ni será la última, que, con semejante planteamiento sentimental, que no racional, para rechazar lo regular o lo malo, se ha caído en lo peor o lo pésimo. Y, desde luego, un futuro Gobierno inestable puede ser cualquier cosa menos bueno. Y menos ahora.

                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

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