miércoles, 11 de febrero de 2015

PABLO IGLESIAS, EL CHÁVEZ ESPAÑOL

                        Como un jarro de agua fría ha debido caer a los dirigentes de Podemos el reciente discurso de Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y primer vicepresidente del oficialista y gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela, jactándose orgulloso de que Syriza y Podemos son claros ejemplos del chavismo en el mundo. En efecto, tras el triunfo de Tsipras, dice Cabello que “ahí está lo que pasó en Grecia, ahí está lo que va a pasar en España más temprano que tarde” y remata con que “eso es el chavismo, que anda dando la vuelta al mundo entero” y, para colmo, lo dice en un foro conmemorativo del inicio de la revolución bolivariana, cuando Hugo Chávez intentó dar un golpe de Estado contra el presidente constitucional Carlos Andrés Pérez, seguramente convencido de que, como dice Pablo Iglesias, parafraseando a Marx, “el cielo no se toma por consenso sino por asalto”. En definitiva, un verdadero mazazo para quienes, como cúpula monocorde de Podemos, intentan ahora, por meros intereses estratégico-electorales, echar tierra sobre su reciente pasado, no sólo de asesoramiento, sino incluso de admiración y adoración al fallecido Chávez y a su régimen “chavista” que ha llevado al pueblo venezolano al enfrentamiento, a la ruina y a la falta de libertad… No vaya a ser que los españoles descubran finalmente el verdadero rostro que se esconde tras la careta de ese “leninismo amable” que, camuflado en la transversalidad ideológica con grandes dosis de populismo falaz, intenta vender el ideólogo y empresario comunista Monedero y la plana mayor de Podemos para esconder, una opción política, tan legítima como otra cualquiera, de ideología comunista marxista-leninista, pero de poco atractivo para la ciudadanía española. No es plato de buen gusto en estos lares europeos, contrarios al caudillismo, que te asimilen con gobernantes, como Maduro, que siguen instrucciones dadas desde el más allá, a través de pajaritos o apariciones en los túneles, por su antecesor Hugo Chávez, o, como éste, que, rodeado de sus lacayos en plena calle señalaba edificios con el dedo y esperpénticamente ordenaba “¡Expropiesé!” ante el alborozo de la comitiva, que tomaba nota para ejecutar la orden… y el pueblo haciendo colas y colas en las tiendas para intentar adquirir los productos más básicos.
            Pero la realidad es la que es y, por más que quieran ocultarla, al final prevalece. Por más que Pablo Iglesias y compañía, ante las perspectivas de obtener un buen resultado electoral, pretendan borrar ahora su reciente pasado de colaboración con y admiración al chavismo, que reconocen los diarios venezolanos, como Sexto Poder, llevando en portada la imagen de Iglesias y calificándolo como “El Chávez español”, y por más que ahora renieguen de su glorioso pasado chavista, ganándose el “chavecito español”, como también le suelen llamar, el apelativo de Judas traidor al régimen, los variados testimonios documentales hablan por sí solos e impiden negar la evidencia, a pesar de que, en vez de reconocerlo, arremetan contra quienes los sacan a la luz acusándoles de un ataque despiadado hacia ellos por parte de la “casta”. Guste o no guste, hace menos de dos años, Iglesias homenajeaba a su ídolo Hugo Chávez manifestando que era “la democracia de los de abajo, la democracia de la mayoría social, la democracia”; guste o no guste Monedero, entre otros muchos episodios, en conversación telefónica con Chávez, a quien calificaba como “hiperlíder”, le decía con admiración reverencial “Presidente, usted es un referente, así que haga su parte, cuídese mucho y sepa que hace falta gente como usted, con su trayectoria, porque el capitalismo todavía quiere hacer mucho daño y tenemos que, entre todos, pararlo” (fin de la cita, que diría Rajoy); y, guste o no guste, es constatable la asunción como propios de términos usados en su momento por Chávez, como “casta” o “tic-tac”, y de objetivos como, entre otros, acabar con la Constitución mediante unas “constituyentes”. Es comprensible que desde el régimen chavista les consideren traidores por renegar de la fuente de inspiración en que tan fervientemente bebieron o que desde la oposición venezolana carguen contra este elenco de asesores, especialmente contra Monedero (el ideólogo del grupo), por llevar a la ruina a su país con tan preciada colaboración al “chavismo”.
            Si, elogiando a Hugo Chávez, el número tres del “Chávez español” o el “chavecito” (como prefieran) dice que “los presidentes como él ponen el listón tan alto que a veces pensamos que tienen que pasar cien años para repetirlo” y que se siente digno “defendiendo a Chávez frente a la basura mediática española” (en todo caso la misma que les ha catapultado a ellos), advirtiendo “que la derecha se cuide mucho de tocarle un pelo a Nicolás Maduro”, esperemos que no tengan que pasar cien años para que el pueblo venezolano recobre la libertad plena y el progreso, para que los medios de comunicación venezolanos clausurados vuelvan a salir a la luz o para que la derecha, como el resto de la oposición venezolana, quede libre de amenazas y excarcelada por tocar, como dice Monedero, al intocable Maduro. Y a su vez, esperemos que pasen más de cien años en España sin semejantes salvadores de la Patria que, como el hiperlíder Chávez, se mueven al grito de “Patria, socialismo o muerte”.

                            Fdo. Jorge Cremades Sena 

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