domingo, 10 de mayo de 2015

REINO UNIDO Y ESPAÑA, NADA QUE VER

                        El inapelable triunfo de Cameron por mayoría absoluta en los comicios británicos, contra todo pronóstico, justo cuando se inicia la campaña electoral en España para las inminentes elecciones locales y autonómicas, pone patas arriba las expectativas de los diferentes partidos españoles sobre el resultado, tanto en las citadas elecciones, como en las generales que se celebrarán a finales de año. No en vano, entre Reino Unido y España, se dan ciertas similitudes a primera vista, pues en ambos países gobiernan sendos partidos conservadores (el tory en Reino Unido, el popular en España), con jefes de partido y gobierno impopulares y poco carismáticos (Cameron y Rajoy), con encuestas que les sitúan en difícil coyuntura electoral y, en el mejor de los casos, si ganan las elecciones, lejos de una mayoría absoluta que les garantice el gobierno en la siguiente legislatura. Además, en sendos países, hay un verdadero debate sobre la integridad territorial con partidos nacionalistas, cuando no independentistas (escoceses en Reino Unido; catalanes y vascos en España), que añaden, si cabe, mayores incertidumbres de cara al futuro y a la salida de la crisis económica, así como populismos de nuevo cuño en sorprendente ascenso a causa de la crisis (UKIP en Reino Unido, de extrema derecha, y Podemos en España, de extrema izquierda) y en la oposición mayoritaria partidos progresistas (laboristas en Reino Unido, socialistas en España) que han sido desalojados del poder y que apuestan (a mi juicio, erróneamente) por un giro hacia la izquierda como estrategia para recuperarlo. No extraña pues que, ante tantas similitudes, el rotundo e inesperado triunfo de Cameron haya desatado cierta euforia en el PP y en el Gobierno español, así como cierto desasosiego en quienes, desde la oposición, según los sondeos, tenían más que garantizado el descalabro de Rajoy y su partido, que, como Cameron, apuesta por una estrategia basada en la mejora de los datos económicos, que ayudará a salir de la crisis; en la gobernabilidad, frente a aventuras inciertas; y en la experiencia contrastada, frente a los oportunismos coyunturales, que podrían suponer un freno al camino iniciado de la recuperación, cuando no un regreso al caos de la recesión más angustiosa. ¿Y si Rajoy da la sorpresa como Cameron? Esa es la cuestión.
            Ante los anteriores paralelismos el Gobierno de Rajoy, a pesar de las  encuestas, augura que las elecciones españolas seguirán el patrón británico, al extremo de que la mismísima vicepresidenta afirma rotundamente que “hay similitudes con lo que va a ocurrir en España”, olvidando que, frente a las similitudes anteriormente citadas, Reino Unido y España no tienen nada que ver en cuanto al sistema y la ley electoral vigente en ambos países, pues, de haberse aplicado la actual ley electoral proporcional española en Reino Unido, el reparto de escaños no hubiera otorgado a Cameron la mayoría absoluta parlamentaria que goza tras los resultados electorales. Es más, Rajoy, a quien las encuestas otorgan el triunfo casi generalizado (a diferencia de Cameron que en el mejor de los casos le concedían un empate con el laborista Miliband) aunque alejado de la mayoría absoluta, con el sistema electoral mayoritario británico nada tendría que temer sobre su futuro como gobernante, pero no es el caso. Por tanto Santamaría confunde los deseos con la realidad, pues las similitudes sociológicas e incluso políticas, así como las que pudieran darse sobre motivaciones de los votantes, quedarían distorsionadas a la hora del reparto de escaños. Baste recordar que con el sistema proporcional español es impensable que un partido político, siendo tercera fuerza política con casi un 13% de los votos, sólo obtenga una representación parlamentaria de un solo diputado, tal como ha sucedido al eurófobo UKIP en Reino Unido.
            Es pues iluso extrapolar resultados con leyes electorales tan distintas para determinar una hipotética composición parlamentaria por similares que puedan ser los porcentajes de votos obtenidos. Y, aunque la tendencia es buscar sistemas electorales que favorezcan la gobernabilidad (como sucede en Grecia, por ejemplo, o acaba de implantarse en Italia), en España, con menor bagaje histórico democrático, somos más papistas que el Papa y, siendo un debate recurrente, ni queremos primar las listas más votadas, ni adoptar sistemas electorales mayoritarios, ni otras medidas más garantes de gobernabilidad. Preferimos el “totum revolutum” de un multipartidismo de opciones minoritarias, aunque dibujen, como en Andalucía, un escenario ingobernable, apelando a una absurda pureza democrática, frente a la certeza de gobernabilidad segura de la opción mayoritaria elegida por los españoles; el chalaneo mercantilista, que no el acuerdo programático, marcado por meros intereses particulares frente a los generales o, directamente, la ingobernabilidad. Y con dichos planteamientos hasta somos capaces de dar lecciones de democracia a los mismísimos británicos, incluso acusándoles de antidemócratas porque un partido, como UKIP, al margen del porcentaje obtenido,  sólo tenga un representante en el Parlamento, justo el de la circunscripción en que ganó. Seguro que en ella se lo curró, aquí es lo que menos importa.

                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

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