viernes, 4 de febrero de 2011

REPUGNANCIA


                   Repugnancia, en cualquiera de sus acepciones, es la sensación que puede llegar a sentir cualquier persona que se detenga en hacer un mínimo análisis de muchas de las actuaciones de los dirigentes políticos actuales. Una repugnancia grande en aquellas personas, hoy mayores, que, en su día, lucharon por instaurar en España la libertad y la democracia, entregándose a la actividad política, sin nada que ganar y mucho que perder personalmente, con el único objetivo de que sus diferentes principios ideológicos, según los casos, tuvieran cabida en una sociedad plural que ellos jamás disfrutaron. Una repugnancia inmensa en quienes, desde un ideario de izquierdas –que se decía entonces, pero de verdad- con un plus de entrega y dedicación, de honestidad, de riesgo y de ilusión, tras sus horas de trabajo o estudio, dedicaban el resto del día a una activa militancia partidaria y sindical hasta conseguir que vieran la luz las primeras instituciones democráticas en las que sus representantes adquirían cada vez mayor protagonismo. ¡Qué diferencia con lo que hoy sucede!
          Repugnancia, cuando unos y otros se acusan de actuaciones poco éticas, o incluso delictivas, intentando poner la diferencia en la cantidad de las mismas, al extremo de que, finalmente, reducen el debate a si es más grave no poder demostrar que se han pagado unos trajes o unas obras realizadas, o, en definitiva, a que si en tu partido o en el mío hay más casos de aceptación de favores o prebendas, siempre, ¡cómo no!, donadas altruistamente por algún empresario con el que, por razones del cargo, han tenido más o menos vinculación los susodichos políticos.
          Repugnancia cuando, unos y otros, hasta reconocen implícitamente –trampas del subconsciente- la generalización de sus actuaciones indecorosas, por no calificarlas peor, utilizando incluso para ello hasta el mismo lenguaje. Ripoll, sobre las obras realizadas en la casa de Luna manifiesta que “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”; Natalia Guijarro, portavoz del gobierno de Benidorm, agradeciendo la propuesta de la ejecutiva local socialista de la candidatura de los tránsfugas y justificándola, manifiesta “quien esté libre de culpa que tire la primera piedra”. Idéntica conducta pero con la gran diferencia ideológica, ¡faltaría más!, de que Ripoll, probablemente más creyente, recoge la cita bíblica tal cual, en tanto que Guijarro, probablemente no creyendo en los pecados, lo sustituye por “culpa”.
          Repugnancia ante la desvergüenza en justificar perniciosas actuaciones propias porque los de enfrente también las cometen. Los socialistas alegan que en Villajoyosa, Denia y otros lugares el PP ha obrado tan antidemocráticamente como ellos van a hacerlo en Benidorm. Por su parte Clemente, número dos del PPCV, se olvida de lo actuado por su partido en los pueblos citados y, para defender la candidatura de Pérez Fenoll, el alcalde desalojado de Benidorm por los tránsfugas, no siente ningún rubor al manifestar que lo que le hicieron es “el ataque más grande a la democracia en España”, olvidando incluso que, con todos los matices que se quiera, ellos actuaron igual con el socialista Catalán Chana.
          Repugnancia, en definitiva, ante tanto descaro, tanta incoherencia y tanta mentira con el único objetivo de conseguir el poder personal a base de debates demagógicos y vacíos de contenidos, que aburren sistemáticamente a la ciudadanía y menoscaban la democracia, consolidando un país mortecino que bate todos los records negativos. Un país injusto con los sinvergüenzas, políticos o no, a los que les sale muy barato delinquir, e injusto con los honrados, políticos o no, a los que les sale muy caro seguir siéndolo. Un país de chiquilicuatres o, en su más peyorativa acepción, de zascandiles, que utiliza incluso como reclamo de actividades culturales y sindicales a quien así se autodenomina artísticamente, lo que jocosamente no estaría mal, pero la situación está para pocas bromas y una huelga general es algo muy serio ¿o ya no lo es?.
          Por el bien de todos, especialmente de nuestros hijos, se hace urgente dar un giro copernicano a este siniestro panorama. Ellos, que nacieron y vivieron en democracia, que no tuvieron que luchar por conseguirla, no deben llegar a la conclusión de que sólo sirve para proporcionarles un oscuro futuro, si sus comportamientos son decentes, o un brillante porvenir, si imitan los comportamientos indecorosos de quienes debieran ser sus referentes. Nosotros, que sí sabemos el valor de vivir en libertad y su fragilidad, que sí sabemos lo que cuesta conseguirlo en caso de perderlo, hemos de evitar a toda costa que esta repugnancia los contagie. Para ello es primordial que cada uno de los partidos políticos, instrumentos básicos del sistema, limpie respectivamente sus basuras en vez de instarse mutuamente a que las limpie el contrario o de competir públicamente sobre cuál de ellos tiene más. Nosotros, al fin y al cabo, hasta podemos soportar esta repugnancia durante un cierto tiempo con tal de no llegar a la náusea de tiempos pasados; ellos, no sé si podrán soportarlo.

                            Fdo. Jorge Cremades Sena

Google+ Followers