martes, 25 de octubre de 2011

CAUTELA Y PRUDENCIA ANTE EL COMUNICADO DE ETA


            Tras la insultante Conferencia de paz de San Sebastián -en la que han tratado a la ciudadanía española como menor de edad, necesitada de tutelaje internacional para resolver un conflicto armado inexistente- los asesinos etarras declaran el “cese definitivo de su actividad armada” que sustituye a su anterior declaración de “alto el fuego permanente”. Una excelente noticia, como la anterior, porque mantiene y reafirma el statu quo de cese de la violencia, existente desde entonces, que, en definitiva, es lo que desea la ciudadanía, bien definitiva o permanente, ya que, en todo caso, viene a significar lo mismo. Precisamente por esta sinonimia no se entiende muy bien la euforia generada por este último comunicado –comparada con la del anterior- al extremo de que casi todos los dirigentes políticos proclaman la derrota de ETA y el triunfo del Estado de Derecho. ¡Ojala así sea!. Pero no hay que olvidar que la declaración procede de personajes tan poco fiables que, en plena negociación con el gobierno, asesinó de nuevo a personas inocentes de forma traidora y repugnante, como han hecho siempre para enguarrar nuestra convivencia democrática. Por tanto, aun recibiendo el comunicado como muy positivo, convendría ser más cautelosos y prudentes para no generar en los ciudadanos excesivas expectativas que, en cualquier instante, pudieran tornarse en lamentables desilusiones. Lo permanente o definitivo, en cualquier momento, puede dejar de serlo en boca de esta gentuza. ¿Por qué ahora hay que darles plena credibilidad, si antes nuestros gobernantes siempre pidieron lo contrario?
            Los dirigentes de los distintos partidos políticos, del gobierno o la oposición, han coincidido, al menos últimamente, en que la única salida para la debilitada ETA era su disolución, la entrega del armamento, la petición de perdón a las víctimas y la puesta a disposición de la justicia. Una derrota en toda regla. El propio Rubalcaba, siendo ministro de Interior, no dió ningún crédito al comunicado anterior de “alto el fuego” precisamente porque no iba en dicha dirección. Todos los demás le apoyaron acertadamente. Pero curiosamente ahora, al contrario de entonces, todos aplauden el anuncio de “cese definitivo” cuando el comunicado no va en esa dirección, sino que incluso homenajea a los asesinos muertos –que no a los asesinados- y presos etarras, únicas víctimas, según ellos, de la crudeza de una lucha de la que se sienten orgullosos. Ningún arrepentimiento, ningún reconocimiento de error, ninguna disculpa. Ni siquiera renuncian a ninguna de sus reivindicaciones políticas, incluida la autodeterminación, que, obviamente, tienen todo el derecho de plantear, siempre que lo hagan por vías estrictamente democráticas, es decir en el marco de la Constitución, que, precisamente rechazaron en su momento a pesar de que, gracias a ella, fueron amnistiados como presos políticos por sus acciones anteriores. Sin embargo ahora, siendo los únicos responsables de romper la concordia constitucional española -y por tanto vasca-, apelan en el comunicado a una “solución justa y democrática al secular conflicto político” y a que “frente a la violencia y la represión, el diálogo y el acuerdo deben caracterizar el nuevo ciclo” en el que “el reconocimiento de Euskal Herría y el respeto a la voluntad popular deben prevalecer sobre la imposición”. Obviamente se refieren a la voluntad popular sólo de los vascos, lo que tiene difícil encaje constitucional. Es decir, ni siquiera  borrón y cuenta nueva para volver a la libertad. Los violentos y represores seguimos siendo los españoles, incluidos los vascos que no piensan como ellos, cuya voluntad popular inmensamente mayoritaria jamás respetaron y siguen sin respetar. ¿Cuál es la solución justa y democrática para ellos? Finaliza el comunicado con un llamamiento a los gobiernos de España y Francia a un diálogo directo -es decir, de tú a tú con ellos- para superar “la confrontación armada” y resolver las “consecuencias del conflicto”. Es decir, que finiquite la guerra civil, inventada por los ilustres mediadores de San Sebastián, que la califican como “la última confrontación armada en Europa”. Ya ven.
            Analizando pues todo el comunicado, no se entiende, salvo que haya cuestiones ocultas de alta política, que, precisamente cuando ETA está más debilitada, se acepte como creíble y válido el apartado referente al cese de la violencia, ya incluido en el anterior comunicado, y se le saque de todo el contexto, cuyas reivindicaciones en su conjunto debieran al menos plantear bastantes incertidumbres y recelos. ¿Es qué se van a aceptar todas las reivindicaciones? ¿cuántas de ellas? ¿Es que se les va a exigir la disolución, la entrega de armas, el perdón a las verdaderas víctimas y la puesta a disposición de la justicia? ¿todas ellas? ¿cuales sí y cuáles no? Cuando se despejen, entre otras, dichas incógnitas será cuando se pueda hablar o no del triunfo del Estado de Derecho, en este caso de dos, el español y el francés, frente a una banda de asesinos. Entretanto sólo cabe la cautela y la prudencia. Y la unidad de todos los demócratas, de todos los partidos democráticos, frente a errores cometidos en el pasado que sólo sirvieron para prolongar este calvario insoportable. Para ello conviene no confundir el deseo con la realidad. El comunicado de ETA, dice lo que dice y no lo que todos quisierámos que dijera. De momento sólo ha servido para priorizar en el debate electoral un problema que había quedado muy lejos entre las principales preocupaciones de los ciudadanos. ¿No estaba ya ETA derrotada? A tenor del comunicado, da la impresión de que no.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena 

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