viernes, 21 de octubre de 2011

INDECENCIA INDIGNANTE


            La autodenominada “Conferencia de paz de San Sebastián” sólo merece, desde principio a fin, el apelativo de indecencia indignante desde cualquier punto de vista con que se quiera analizar. Desde su título a sus conclusiones, la terminología utilizada, la frivola puesta en escena, la ausencia de análisis y argumentos, y hasta el momento de su celebración en precampaña electoral, suponen una indignante falta de honestidad con nuestro proceso democrático, con las víctimas del terrorismo, con el esfuerzo de la lucha antiterrorista, con las instituciones del Estado y, en definitiva, con el sistema democrático que, salvo ETA y su entorno, decidimos los españoles para vivir en paz y libertad. Una farsa incomprensible e impensable en cualquier estado europeo y, menos aún, en cualquiera de los que, junto al nuestro, integran la UE. Lamentablemente aún está vigente para algunos la teoría de que “unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas” ¡Menuda desvergüenza!
            Que mediadores internacionales, a sueldo y en plena crisis, celebren en nuestro propio territorio una conferencia de “paz”, como si estuviéramos en guerra, y que tengan la osadía de calificar el terrorismo de ETA como “confrontación armada”, justo cuando menos capacidad asesina tiene ETA, es una afrenta indignante para nuestra ciudadanía. Que hablen de “bandos enfrentados”, que insten a los gobiernos de Madrid y París –pero desde aquí- a promover un “diálogo” con el bando etarra para tratar “exclusivamente las consecuencias del conflicto” y a que den la “bienvenida” a una supuesta declaración de “cese definitivo de la actividad armada” con el inicio de “conversaciones” y “pasos profundos para avanzar en la reconciliación, reconocer, compensar y asistir a todas las víctimas” para que, acabada ETA, se realice “una consulta a la ciudadanía” sobre la independencia del País Vasco, es, sencillamente, intolerable. Y que para una supuesta supervisión internacional de todo el proceso, se declaren dispuestos a “organizar” el correspondiente “comité de seguimiento”, que reclama ETA para su desarme, y poner fin así a “la última confrontación armada en Europa”, es un insulto inaceptable. En definitiva nos tratan como si de la noche a la mañana, democráticamentes hablando, hubiéramos dejado de ser mayores de edad y necesitásemos la pertinente tutela para garantizar nuestra propia convivencia en libertad, equiparándonos con cualquier república bananera. Por tanto, el bando demócrata, es decir el Estado democrático, ha de ponerse, según ellos, en un plano de igualdad con el otro bando en litigio, el antidemocrático, para finiquitar una guerra civil que dura cincuenta años. Por ello omiten en su lenguaje vocablos como terrorismo, banda armada y asesinato. En las guerras sólo hay ejércitos y víctimas legales de uno u otro bando. ¿Cómo es posible semejante desfachatez?.
            Pero lo más indignante es que tamañas barbaridades se hayan expuesto en un foro con representantes peneuvistas y socialistas, y, para colmo, hayan menospreciado sus tímidas intervenciones en el sentido de que el fin de ETA llegue “sin contrapartidas políticas de ningún tipo”, de que “ETA nunca debió existir” y de que “nunca ha habido un conflicto armado de dos bandos, sino el ataque sistemático de una minoría totalitaria y violenta que atenta contra la convivencia democrática y la pluralidad”. Una lamentable representación que, como se veía venir, sólo ha servido, “a priori”, para avalar la indecente farsa del entorno etarra y, “a posteriori”, para dejar en ridículo a los partidos políticos democráticos implicados. Tanto el PNV como el PSE, por su actitud permisiva y colaboradora con semejantes despropósitos, han servido como tontos útiles al objetivo etarra de zarandear una vez más nuestra democracia, provocando el regocijo en el intolerante mundo abertzale y la desazón en el resto de la ciudadanía, incluidos muchos de sus propios militantes. Una desazón “in crescendo” muy preocupante ante la falta de autoridad del PSOE que, gobernando en España y en Euskadi, se declara incapaz de controlar a sus propios dirigentes territoriales, especialmente a los del PSE y del PSC, para integrarlos en un proyecto político nacional común, propiciando una peligrosa deriva nacionalista -impensable hace unos años- que le aleja de la solvencia que tuvo antaño como instrumento vertebrador de la gobernabilidad de España, para erigirse en protagonista de catastróficos experimentos nacionalistas como el que nos ocupa o como el deplorable y extinto gobierno tripartito catalán.  
               ¿Acaso la Constitución española no es homologable con las del resto de su entorno? ¿no garantiza los derechos y libertades individuales, colectivas y territoriales al mismo nivel que las demás? ¿no es la que hemos elegido democráticamente los españoles? Es inadmisible pues que aquí, y sólo aquí, se soporten tamañas afrentas que atentan directamente a nuestra convivencia pacífica y laminan nuestro prestigio exterior. Ningún otro gobierno admitiría en su propio territorio foros tan insultantes como el de San Sebastián; ningún otro pueblo se lo habría tolerado. Ningún supuesto mediador se hubiera prestado a participar sabiendo que, ipso facto, provocaría la más enérgica condena gubernamental. ¿Por qué aquí sí? Esa es la cuestión.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena 

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