jueves, 27 de octubre de 2011

UN POCO DE CORDURA


            ETA anuncia el cese definitivo de su actividad armada y se convierte en principal protagonista de la campaña electoral, ya iniciada “de facto”, eclipsando los verdaderos y graves problemas que padece el pueblo español. Nuestros políticos –al menos los democráticos-, quienes una y mil veces han declarado que el terrorismo no sería utilizado como reclamo electoral, se afanan en inventar todas las sutilezas posibles para posicionarse de forma distinta ante un asunto que debiera gozar de unanimidad, y punto. Sin embargo, coincidiendo en la obviedad de que, de entrada, se trata de una buena noticia, intentan buscar las diferencias en su significado de cara al futuro y en quien lo hizo mejor o peor en el pasado para conseguir que ETA por fin la anunciara. Mientras que desde instancias europeas instan a ETA a su disolución y desarme, aquí, en España, un abanico variopinto de declaraciones animan la ceremonia de la confusión sobre lo que algunos políticos ya han dado en denominar el posterrorismo. Curiosamente, de la noche a la mañana se acabó el terror. Ya no hay asesinos, ni memoria histórica reciente, ni cuentas pendientes que saldar. Todo ha sido un mal sueño, una pesadilla infernal, que se ha desvanecido con el despertar a este nuevo periodo de concordia.
            En este nuevo amanecer, preludio de una democracia inmaculada, quedan atrás todas las estrategias practicadas por los diferentes gobiernos en la lucha antiterrorista, desde los contactos directos o indirectos hasta la negociación, desde la persecución legal hasta el uso de métodos ilegales. Todos dicen con la boca grande que la derrota de ETA es el triunfo de todos los demócratas, por tanto de todos los gobiernos que se han sucedido; pero con la boca pequeña cada uno pretende apuntarse un plus de eficacia de cara al electorado. Todos hablan de unidad de acción futura con la boca grande, pero con la boca pequeña cada uno prepara su propia estrategia. Pero nadie puede, ni debe, dejar atrás y olvidar el triste balance de la pesadilla. Un balance real de más de ochocientas personas asesinadas y sus respectivas familias rotas para siempre, miles y miles de personas amenazadas y huidas del País Vasco, otras tantas saqueadas con el tristemente famoso impuesto revolucionario y, en definitiva, toda una sociedad, la vasca, sometida al miedo y a la falta de libertad por una minoría violenta, bajo el pretexto de una serie de reivindicaciones políticas que podían haber reivindicado, como el resto de vascos y españoles, desde la convivencia pacífica. Desde aquel consenso político, modélico ante el mundo, que finiquitó la dictadura y dió paso a la libertad hace ya más de treinta años. Un consenso que algunos dirigentes políticos pretenden incluir como parte de la pesadilla y no de la realidad en este mágico despertar.
            Entendiendo las sutilezas de algunos para afrontar la buena nueva en plena campaña electoral, es intolerable que otros rebasen descaradamente los límites de la cordura. Las dificultades que atraviesan los partidos políticos en el nuevo escenario electoral no pueden avalar un discurso irresponsable, olvidando que, tras las elecciones, es cuando queda todo por hacer al respecto. En este ranking de irresponsabilidad, hasta el momento, ocupan el liderazgo los peneuvistas Urkullo y Anasagasti. Como si el PNV no hubiera tenido nada que ver en la gobernabilidad española y vasca en todos estos años de democracia, abducidos por este nuevo ciclo posterrorista, regresan a los años setenta del pasado siglo, reniegan de la transición e, instalados en la predemocracia, se declaran genuinos paladines de una nueva y necesaria transición democrática que permita el paso a un proceso constituyente en Euskadi. Sin rubor alguno, desde una especie de amnesia patológica, abogan por un adelanto electoral en el País Vasco, por una amnistía política a todos los presos etarras –incluidos los condenados por delitos de sangre, ya que los mayores son los de Franco- y por una petición de perdón a todas las víctimas en un escenario nuevo sin vencedores ni vencidos. Se olvidan de forma indecente del periodo democrático más largo de toda la historia de España –y por tanto vasca-, del papel importante que ellos mismos y su partido han desempeñado en el mismo. Se olvidan de que en este tiempo todo, absolutamente todo lo actuado, goza de plena legitimidad y, por tanto, no cabe ningún tipo de amnistía política, menos aún un proceso constituyente y otras barbaridades por el estilo. Franco, afortunadamente, murió hace ya mucho tiempo. Ahora, sólo cabe responder ante la ley de los delitos cometidos, acatando las correspondientes sentencias y respetando a todas las instituciones del Estado siempre que actúen sobre las competencias que cada una de ellas tiene encomendadas. Lo contrario es regresar a un oscuro pasado que todos, a estas alturas, ya tenemos olvidado. Ellos, parece ser que no.
            Si no se pone un poco de cordura para evitar estas enajenaciones mentales, espero que transitorias, el radiante amanecer posterrorista que algunos proclaman se puede convertir en un negro anochecer, preludio de nuevas y horrendas pesadillas.
          Fdo. Jorge Cremades Sena

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