martes, 26 de marzo de 2013

SELECCIÓN DEL PROFESORADO, EL ETERNO PROBLEMA


                        Me quedo perplejo al conocer la noticia de que el informe presentado por la Consejera de Educación de Madrid, Lucía Figar, concluye que sólo el 13´6% de los candidatos a una plaza de maestro de primaria supera la prueba de conocimientos en las oposiciones, al extremo de que más del 50% falla en cuestiones básicas, tratándose de un examen basado en conocimientos exigibles a alumnos menores de doce años. De ser cierta la noticia –los sindicatos cuestionan su veracidad- se trata de una verdadera tragedia para el futuro de nuestro sistema educativo. Que aspirantes a una plaza de docente, como se dice en los medios de comunicación, digan que el Ebro pasa por Madrid, que la gallina es mamífero, que Ávila es una comunidad autónoma…, que ignoren el significado de “escrúpulo” o de “pronóstico” y que cometan faltas de ortografía como “anbito” o “veverlo”, entre otras tantas barbaridades que se divulgan en los medios, es meridianamente inadmisible y, obviamente, inhabilita al aspirante para impartir clases, sea como funcionario o interino. Además revela que 3.857 interinos, que no superaron la prueba, han logrado trabajar por antigüedad y los 336, que aprobaron, no lo hicieron al carecer de experiencia y estar en la cola de la bolsa de trabajo. Por su parte los sindicatos tachan el informe de “sesgado” y de “falta de rigor” y califican como “una vergüenza” que la consejera dé publicidad a estos datos, argumentando que “posiblemente no sean correctos” y que su “única finalidad” es justificar el cambio de los criterios de baremo vigentes en las listas de interinos, es decir, la antigüedad, que, según la secretaria de CCOO, Isabel Galvín, son “los más justos de España” y que, según el secretario de ANPE, Francisco Melcón, lo que se pretende es “establecer bolsas específicas con criterios discrecionales de designación del profesorado” sin control sindical.
La Educación, una vez más, no se toma en serio y se utiliza como arma política arrojadiza cuando debiera ser uno de los principales asuntos de consenso. La falsa polémica desatada por el citado informe pivota sobre dos requisitos, conocimiento y experiencia, esenciales en un buen docente como en cualquier otra profesión. Pero si el primero es básico desde el inicio –no se puede enseñar lo que se desconoce-, el segundo se puede adquirir con el ejercicio de la profesión, aunque ambos deban mejorar a lo largo de la vida laboral. Por eso, de entrada, si lo que dice el informe es cierto, no cabe discusión, al margen de las intenciones de los autores del mismo al divulgarlo, pues la vergüenza no es publicar los datos, sino que candidatos a ejercer como maestros, sean los que sean, cometan errores en tan elementales cuestiones y excluirlos de la docencia es lo más sensato. Pero, dicho lo anterior, también es vergonzoso que, aprovechando los pésimos datos del informe, unos y otros, se enzarcen en una guerra mediática de intereses que, en definitiva, provoca una falsa imagen generalizada del profesorado, cuando, como en todas las profesiones, los hay buenos, malos y regulares.
              De lo que se debiera tratar es de buscar una buena fórmula de selección del profesorado que, a todas luces, es deficitaria en nuestro sistema educativo desde tiempos inmemoriales. El actual sistema de oposiciones es manifiestamente mejorable, ya que no garantiza la idoneidad docente. Así es desde que en los años setenta del pasado siglo aprobé las mías; me he jubilado y, a pesar de las variables introducidas, sigue siendo bastante deficitario. Hay que tener en cuenta que para ejercer la docencia, no sólo basta conocer la materia a impartir, que es una obviedad, sino que, además, son imprescindibles otros conocimientos pedagógico-didácticos y una serie de cualidades personales en el ámbito sicológico que los actuales sistemas de acceso no contemplan o lo hacen de forma insuficiente. Resultado, la frustración de muchos de los que acceden a la docencia, muchos de ellos excelentemente preparados en las materias que imparten. Pero una cosa es saber y otra, bien distinta, es saber enseñar lo que sabes y, a la vez, saber educar, que rebasa ampliamente el ámbito de los conocimientos. ¿Por qué el debate no se centra en estas cuestiones que son las reales? Ellos sabrán.
            Si a lo anterior añadimos el injusto dual sistema de acceso a la docencia con funcionarios e interinos, diseñado por evidentes intereses económicos, la esquizofrenia colectiva está servida. El propio informe desvela que, al margen de las medidas que se tomen, no se resuelve el asunto de la capacitación. Si 3.857 interinos, incapacitados por la administración para la docencia por no superar las pruebas, han trabajado, mientras que 336 aprobados no lo hacen al estar en la cola de la bolsa de trabajo, poco o nada se resuelve, por lógico que sea, poniendo a éstos a la cabeza ya que 3.521 –basta hacer una resta- seguirían trabajando a pesar de no tener, según la administración, la capacidad mínima para hacerlo. Es indecente enmascarar el interés de la administración y los sindicatos por el control de las listas de interinos, que es lo que provoca realmente esta polémica, como un debate sobre la idoneidad del profesorado. Bastantes problemas tienen los interinos como para que los intereses de unos y otros les compliquen aún más su existencia en vez de mejorarla. Como ser pormenorizado al respecto no cabe en este espacio, os remito a un artículo anterior, “Profesorado interino, drama profesional” que cuelgo ahora en mi blog, aunque está publicado en diversos medios el 25 y 26 de enero de 2007, donde expongo las injusticias que sufren los interinos. Poco ha mejorado el tema desde entonces.
Durante mi larga experiencia docente he visto a muchos interinos hacer un trabajo excepcional, al igual que a muchos funcionarios. También he visto lo contrario. Por eso me duele que frívolamente se cuestione mediáticamente al profesorado de forma generalizada y sin conocimiento de causa. Muchos tertulianos, algunos muy expertos en su materia, debieran acercarse a un aula de Primaria o Secundaria e impartir clases sobre la materia que mejor dominen durante una semana, sólo una semana. Así entenderían de lo que estamos hablando, pues hay músicas que es difícil tocar de oído, sobre todo si se tiene poco sentido del ritmo.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

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