sábado, 16 de marzo de 2013

SIMPLEMENTE, KAFKIANO


                        Es tan extraño, tan absurdamente complicado, el comportamiento y la actuación de destacados dirigentes políticos y personajes relevantes para la opinión pública española que está provocando en la ciudadanía tal estado de desconcierto que convierte el presente en un momento histórico simplemente kafkiano. O, sencillamente, han perdido el norte y les es difícil recuperar la lógica y el sentido común, o, sibilinamente, actúan adrede para crear una ceremonia de la confusión propicia para sus intereses particulares; salvo que todo obedezca a sus altas dosis de incapacidad para ejercer responsablemente el cargo que se les tiene asignado. Sea por lo que fuere, lo cierto es que han generado tal grado de frustración en los ciudadanos que hace difícil ver con claridad, no sólo dónde vamos, sino también dónde estamos y, lo que es peor, de dónde venimos, propiciando que casi todas las instituciones del Estado, los partidos políticos y sindicatos, los jueces y magistrados, las ideologías, las leyes y hasta nuestra Constitución estén siendo cuestionadas de forma creciente. Crece el rechazo ciudadano al sistema en su conjunto y la demanda de una especie de revolución que cambie todo radicalmente, sin reparar en que el problema no es el entramado político-institucional, homologable con los países de nuestro entorno, sino el comportamiento improcedente de la clase dirigente, con lo que, probablemente, haciendo los retoques pertinentes y exigiendo las responsabilidades encomendadas a cada cual, tal como sucede en los países vecinos, se conseguiría la normalidad que ellos disfrutan.
            En ninguno de estos países se concibe que el principal partido que les gobierna, tras conseguir una reciente mayoría absoluta, sea incapaz de resolver de un plumazo el bloqueo al que le somete un presunto delincuente, mientras que el principal partido de la oposición, recientemente relegado del gobierno, se desmorona en mil pedazos ante la incapacidad de un liderazgo para evitar la anarquía. ¿Por qué el PP no se querella como tal ante un Bárcenas insolente y chulesco? ¿Por qué el PSOE no rompe con el díscolo PSC y crea su propia federación en Cataluña? ¿Por qué Rajoy y Rubalcaba prefieren complicar lo fácil con estrategias absurdas que nadie entiende? Simplemente, kafkiano.
            En ninguno de estos países se admite que desde las instituciones democráticas se desafíe al propio Estado al margen de la legalidad que las legitima. Menos aún si se hace de forma reiterada y chulesca, al extremo de tachar al gobierno de opresor y antidemocrático ante la posibilidad de que ejerza su responsabilidad para impedir que semejantes desmanes prosperen. ¿Por qué los partidos democráticos no consensúan un manifiesto de repulsa contundente a esta deriva antidemocrática y de apoyo al Gobierno para que, en el uso de sus competencias constitucionales, la erradique definitivamente? ¿Por qué se enredan en interpretaciones confusas si lo fácil es aplicar la ley? Simplemente kafkiano.
            En ninguno de estos países se entiende que el partido que hace gala de determinados principios, sólo los defienda públicamente cuando le interesa, dejando en los demás casos como paladín de los mismos a quienes, supuestamente, son más tibios en su defensa. ¿Por qué la cúpula del PSOE no repudia públicamente a su secretario de organización en Huelva, Jesús Ferrera, por manifestar que la ministra Báñez “estaría mejor…haciendo punto de cruz”? ¿Por qué no lo hizo con su socio Valderas cuando, ante Cayo Lara, llamó a Blanca Alcántara “la de las tetas gordas”? ¿Por qué, si han distorsionado hasta el propio lenguaje para adecuarlo a la igualdad, dejan que sea el PP quien repudie semejantes expresiones machistas? ¿Por qué estos comportamientos absurdos si lo fácil es la coherencia en la defensa de los principios ideológicos? Simplemente, kafkiano.
              En ninguno de estos países se tolera que los distintos poderes del Estado, sus autoridades y funcionarios actúen al margen de sus estrictas competencias o hagan dejación de sus responsabilidades, por lo que avalan sin fisuras las sanciones que correspondan en caso de que tales conductas se produzcan. ¿Por qué aquí no se hace con el fiscal general del Estado, Torres-Dulce, al expedientar al fiscal-jefe de Cataluña, Rodríguez Sol, por su comportamiento inadecuado? ¿Por qué somos malévolos con quienes asumen su responsabilidad y benévolos con quienes la incumplen o se extralimitan al ejercerla? Simplemente, kafkiano.
            Son los ejemplos más recientes de todo un rosario de comportamientos similares que sería eterno relatar. Además, por si no fuera suficiente, una serie de tertulianos televisivos o radiofónicos, empeñados en defender lo indefendible, se encarga de crear una opinión pública esquizofrénica con argumentos irresponsables que distorsionan los hechos al extremo de que, en muchas ocasiones, quien debiera ser reprobado es aplaudido socialmente y viceversa. Así las cosas, de nada servirán los cambios, lógicos y necesarios, para modernizar nuestro Estado de Derecho si, entre todos, no somos capaces de cambiar nuestro comportamiento colectivo, que pasa por el acatamiento estricto a la legalidad, caiga quien caiga, y la exigencia mayoritaria de que la haga cumplir quien tiene la responsabilidad de hacerlo, sea quien sea. Es así de fácil. Es lo que hacen todos los países democráticos desarrollados. Por eso funcionan, al margen de la legalidad que cada uno de sus pueblos se haya dado. Por eso su modelo de estado es válido y el nuestro no. Siendo así de fácil ¿por qué nos empeñamos en complicarlo de forma tan absurda? En definitiva, simplemente, kafkiano.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

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