jueves, 2 de enero de 2014

LOS DESAFÍOS DE RAJOY

                        Los datos positivos de los últimos días (bajada de la prima de riesgo, bajada del desempleo, repunte de la intención de voto al PP, vuelta a cifras positivas del IBEX, crecimiento del mercado de vehículos, incremento de inversiones extranjeras, entre otras) están provocando una cierta euforia en algunos y una especie de frustración en otros que para nada favorece la definitiva salida de la crisis. Rebasar la lógica perspectiva de ver el vaso medio lleno o medio vacío, para situarse en el desbordamiento o la sequía del mismo, es perder la perspectiva de una realidad presente, pasada y futura, imprescindible para optar por las políticas más convenientes de cara al futuro para la mayoría de los españoles. Ni hay que echar las campanas al vuelo por los éxitos logrados, que los ha habido, ni rasgarse las vestiduras ante los fracasos, que también los ha habido, ni ante todo lo que queda por hacer, que son los verdaderos desafíos a los que ha de enfrentarse Rajoy y su gobierno en lo que queda de legislatura.
            En primer lugar, por la repercusión en otras medidas de carácter económico, el desafío de cumplir el compromiso del déficit con la UE, que, a pesar de los recortes presupuestarios y subidas de impuestos, requiere de nuevos ajustes y la exigencia de que las CCAA cumplan su parte. Si la promesa final de Rajoy es que a final de legislatura bajen los impuestos (así lo exige la mayoría según las encuestas), cada vez le queda menos tiempo para conseguir dicho objetivo.
            En segundo lugar, implantar la reforma educativa, la conocida “ley Wert” que tanta oposición ha generado en la inmensa mayoría de sectores y en algunas autonomías, que incluso se niegan a implantarla en sus territorios, augurando un próximo inicio de curso escolar bastante tumultuoso.
            En tercer lugar, la reforma de la ley del aborto, que cuenta con el rechazo de toda la oposición e incluso de algunos líderes o barones del propio PP, además de otros grupos sociales, sindicales, etc
            En cuarto lugar, la reforma fiscal que exige la Troika, apuntando a que hay margen para subir el IVA y recaudar más con el IRPF y Sociedades sin aumentar los tipos, obligando al gobierno a optar entre recaudar más sin incrementar los impuestos a los ciudadanos o, simplemente a crear impuestos de nuevo cuño.
            En quinto lugar, la reforma eléctrica, obligada tras el intento de una subida superior al 10%, que la intervención del Gobierno ha dejado en el 2´3%, evidenciando el fracaso de su reforma de julio, que ahora afrontará entre el descontento de consumidores y de empresas eléctricas que se sienten defraudadas.
            En sexto lugar, la Ley de Seguridad Ciudadana que, siendo más garantista que la actual, es rechazada frontalmente por la oposición y considerada “altamente problemática” por el Consejo de Europa, al afrontar temas sensibles sobre manifestaciones etc.
            En séptimo lugar, el proyecto de Código Procesal Penal que sustituiría a la Ley de Enjuiciamiento, con propuestas novedosas como quitar la instrucción a los jueces para dárselo a los fiscales o limitar la información a los medios, que levantan ampollas como es lógico.
            En noveno lugar, la reforma del Código Penal que introduce, entre otras novedades, la prisión permanente revisable, la libertad vigilada, el delito de resistencia pasiva y otros referentes a la corrupción, que, aun homologando a España con la mayoría de sus socios, ha provocado una reacción feroz en la oposición.
            En décimo lugar, afrontar unas elecciones europeas en mayo, que, sin lugar a dudas, serán un auténtico termómetro de cara al último tramo de la legislatura.
            Y, por si este decálogo fuera poco, tener que afrontar todos estos retos en un ambiente enrarecido, no sólo por la oposición casi unánime del resto de partidos políticos (esto es España, no Alemania, donde se razona), sino además por el desafío soberanista de Artur Mas y compañía que, con total seguridad, seguirá, al menos hasta noviembre, sacando de quicio a todos los españoles, incluidos los catalanes, con su esquizofrénica hégira hacia la nada. Una deriva loca que, antes o después, invalidará sin duda la estrategia actual de firmeza de Rajoy en sus declaraciones ante la escalada de la política de hechos consumados por parte de los independentistas, obligándole a pasar a la acción para evitar la consumación definitiva de tamaño delirio. Como presidente del Gobierno, está obligado a ello, por más cantos de sirena que algunos ingenuos le hagan con el argumento de evitar lo que llaman “choque de trenes”, cuando lo que sucede en realidad es que uno de ellos se ha salido de la vía y está a punto de descarrilar, si es que ya no lo ha hecho, y ahora lo que toca es reparar los daños causados y atender a los damnificados.
            Este es el vía crucis que le espera a Rajoy en la segunda parte de la legislatura, por más que, a pesar de lo que ha caído en la primera parte, todavía, según las encuestas, ganaría las elecciones sacando casi diez puntos al PSOE de Rubalcaba que no remonta ni a la de tres. Si para ello se requiere que Rajoy caiga diez puntos más, mejor que se queden todos como están y que ambos anuncien que en la siguiente legislatura gobernarán en coalición, como en Alemania, para salir definitivamente de este negro agujero.

                                    Fdo. Jorge Cremades Sena                        

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