lunes, 24 de marzo de 2014

MARCHAS POR LA DIGNIDAD

                        Decenas de miles de personas llegadas de todos los puntos cardinales de España, se han manifestado en Madrid, colapsando el centro de la ciudad, como destino final de las autodenominadas Marchas por la Dignidad. En la difícil situación  que atraviesa España es más que justificable el descontento (e incluso la indignación)  de millones de personas afectadas directamente por una o varias de las políticas adoptadas por el gobierno actual o los anteriores, quienes, al final, nos han conducido a este lamentable panorama social, político y económico. Pero, teniendo en cuenta que la queja es globalizada sectorialmente (abarcando todos los sectores, desde la educación a la sanidad, desde el paro a la reforma laboral, los desahucios, etc,) y territorialmente (desde Galicia a Andalucía, desde Baleares a Extremadura, etc,) y que tiene múltiples convocantes (decenas de colectivos sociales, sindicatos e incluso partidos políticos), extraña que, en vez de decenas de miles de personas, no hayan acudido a la concentración cientos y cientos de miles que, con toda seguridad, comparten y sufren directamente los efectos de alguna o varias de las carencias sectoriales aludidas o se solidarizan con quienes las padecen.
            ¿Quién no va a apoyar la reivindicación de “Pan, trabajo y techo para todos y todas” que plantean en su manifiesto? Todo el pueblo avala dicha petición, así como, probablemente, la de “ni un recorte más”, pues ya son demasiados los que soportan. Entonces, ¿por qué no salen millones y millones de personas a las calles ante una invitación tan sugerente?, ¿por qué las encuestas dan un pequeño porcentaje de apoyo electoral a todo el conjunto convocante?, ¿por qué sus líderes y oradores carecen de predicamento ante las masas y sobre todo ante las urnas? Seguramente se deba a que, junto a las citadas reivindicaciones, los convocantes proponen otras que la inmensa mayoría de ciudadanos no comparte, simplemente por sentido común, como, por ejemplo, “fuera los gobiernos de la troika” o “no al pago de la deuda”, bien porque saben que ese camino empeoraría la situación, bien porque no se fían de que sus mentores, en caso de obtener el poder, seguirían apostando por el modelo de democracia representativa occidental que, siendo susceptible de todo tipo de mejoras, no deja de ser, hoy por hoy, el modelo que, a pesar de todo, mayor prosperidad y libertad ha aportado a los pueblos que la han practicado, entre ellos, España.
            El conglomerado de grupos antisistema y otros grupos radicales, encuadrados en los aledaños del sistema por pura conveniencia política en vez de convencimiento propio, genera muchas más incertidumbres de cara al futuro que el conjunto de partidos políticos que, al margen de sus respectivas ideologías, juegan limpio con las reglas de juego establecidas. Maestros de lo fácil, como la crítica despiadada a los gobernantes democráticos por las carencias que sufren sus gobernados, y pésimos alumnos de lo difícil, como aportar alternativas viables y compatibles con la libertad, utilizan falacias constantes para sustituir tan perverso sistema político democrático por otro, paradisiaco e indefinido, en el que, sin explicar cómo, todas las carencias mutan en universales abundancias para ser repartidas equitativamente, bajo la supuesta sapiencia inexplicable de líderes buenos y benéficos, frente a los gobernantes malos y maléficos democráticos, sean de derecha o de izquierda. Una invitación en toda regla a la nada o a regímenes de partido único.
            Si además al final de semejantes concentraciones, siempre surge una violencia desmesurada contra las fuerzas de orden público y los bienes públicos o privados que se encuentran en el trayecto, el rechazo mayoritario a las mismas, reflejado en las urnas, está más que justificado. Ya sé que se trata de “minorías violentas” que, curiosamente, siempre acompañan a este tipo de convocatorias, seguramente alentadas por la validez que algunos convocantes conceden a la violencia como método político adecuado para conseguir sus reivindicaciones. Pero, en todo caso, que haya más de un centenar de heridos (la mayoría policías, enviados allí para garantizar la paz y la seguridad ciudadana) evidencia los métodos violentos de grupos de manifestantes y la pasividad, en el mejor de los casos, del resto de la comitiva que, siendo tan mayoritaria y los grupos tan minoritarios, bastaría con un manifiesto respaldo hacia los cuerpos de seguridad para disuadir a los supuestos grupos violentos de que ese no es el camino. En fin, lo de siempre.
            “Dejadles morir” era el grito de los indignados, según un trabajador sanitario, mientras socorría a policías heridos. “Nunca los miembros de la UIP se han sentido tan desamparados por los responsables policiales y políticos” es el grito de los antidisturbios intervinientes, por haberles ordenado “no salir con los medios adecuados”. Algo estamos haciendo mal y cada vez peor. Es una indignidad que en estas marchas por la dignidad, nuestros policías, enviados para garantizar la seguridad con el monopolio democrático de utilizar la fuerza de forma legal si fuera preciso, sean las víctimas de “traumatismos craneoencefálicos, contusiones, pérdida de dientes, heridas por arma blanca, rotura de huesos….” tal como describe alguno de sus sindicatos, porque se les dio la orden de “aguantar” y de no utilizar material antidisturbios. Ante el resultado, ¿se imaginan qué tipo de paz impondrían estos sujetos violentos si detentaran el poder y tuvieran el monopolio del ejercicio de la fuerza? De momento, sólo la ejercen ilegalmente en estas concentraciones supuestamente pacíficas, sabiendo que pueden desbordar a la policía. Ahora, como pretende su abogado, toca que los detenidos salgan en libertad lo antes posible, vaya a ser que sus derechos ciudadanos sean atropellados. ¡Ah, y los desperfectos en el mobiliario público a pagarlos entre todos los españoles! Lo haremos con dignidad.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena
                                   D.N.I. 25.891.970-L
                                   Maestro jubilado.
                                   Ex Diputado en Cortes Generales por Alicante (1982-1996).

                                   Alicante, marzo de 2014.                      

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