viernes, 14 de marzo de 2014

POLÍTICOS CON PEDIGRÍ

                        Algunos de nuestros políticos no dejan de sorprendernos con sus ocurrencias y despropósitos, al extremo de que obtendrían mucha más credibilidad ante los ciudadanos si, simplemente, cuando carecen de argumentos para defender sus tesis frente a sus oponentes, se quedasen callados. En efecto, en la más genuina línea argumentaría de Leire Pajín, Bibiana Aído y compañía (Ver “Ocurrencias y despropósitos” en Blog Ojo crítico, http://jcremadesena.blogspot.com.es/,  de fecha 3-3-2011) el diputado socialista por Alicante Gabriel Echávarri viene a ilustrarnos, desde el Pleno del Congreso, sobre el pedigrí que han de tener los políticos para, desde su punto de vista, obtener una fiabilidad ideológico-política, buena o mala. Descalifica el diputado al ministro Gallardón y a sus tesis sobre el aborto y la violencia de género, distintas obviamente a las del diputado, sin argumento concreto alguno (salvo el genérico de la intencionalidad de querer machacar la libertad de las mujeres) cuando hay para dar y tomar al efecto en favor y en contra, avalando su descalificación con el pedigrí del ministro, en este caso, negativo. Es decir, en una especie de determinismo genético-ideológico que, de aplicarse simplemente al resto de los miembros de la Cámara, pondría en evidencia, al margen de los pedigríes puros y auténticos, su alto índice de bastardía o mestizaje, no sólo en las filas de la derecha, sino también en las de la izquierda, invalidando las tesis del diputado en favor de un Parlamento formado por grupos políticos genéticamente puros desde el punto de vista ideológico. Una aberración sin duda, se mire como se mire, que nos conduce al absurdo, por no decir algo peor.
            Ni se sabe, ni tiene por qué saberse, ni tiene la menor importancia al ser un asunto irrelevante, desde el punto de vista político e ideológico, cuál es o fue la adscripción político-ideológica del padre o el abuelo de Echávarri, ni del resto de políticos que, ya ven, tan acertadamente dirigen nuestros destinos. Son ellos “per se” quienes, al margen de sus respectivos “pedigríes” ideológicos, a los que tanta importancia da Echávarrri, han de demostrar su capacidad personal, tras posicionarse ideológicamente, desde su libertad, dónde les venga en gana, al margen de lo que hicieran sus antepasados. Es un principio básico democrático sólo prostituido por mentes totalitarias que, en su afán maniqueo de dividir a las gentes entre buenos (ellos mismos) y malos (los ajenos), apelan, para justificar su aberración, a purezas ancestrales de origen para colocarlos en cualquiera de sus diabólicas categorías. Por ello no se entiende el argumento utilizado contra Gallardón por parte de Echávarri: “Usted....como un hijo de buena estirpe, se limita a seguir la senda que le marcó su padre, para hacer desaparecer los derechos y libertades de las mujeres” al que Gallardón responde “Atáqueme a mí, no me mencione usted a mi padre porque él está muy por encima de la dignidad que usted puede llegar a alcanzar”. Fin de la cita, que diría Rajoy. Como ven, un debate genético-político de valor incalculable para mejorar, en todo caso, el importante asunto que les ocupa.
            Dejando a un lado las cuestiones sobre estirpes y dignidades, lo cierto es que la intervención de tan alto representante parlamentario alicantino es un fiasco, tanto en el fondo como en la forma, así como en su inoportunidad. Apoyándose en el pedigrí del ministro, todo le cuadra: la violencia de género no está entre las prioridades del Gobierno ya que con el Gobierno socialista (de otra estirpe por supuesto) la lucha contra la violencia de género era “una cuestión de Estado”, mientras que con el PP (la estirpe maldita) “ha vuelto a las páginas de sucesos” convirtiéndose en “una cuestión privada” que “quieren que se ventile entre las cuatro paredes de una casa”. Y se queda tan pancho. Sin aportar datos concretos (salvo la pertenencia a la estirpe perversa) que avalen un cambio sustancial en las políticas de violencia de género o sencillamente un alarmante resultado estadístico progresivo que, a partir del gobierno popular, avale un incremento sustancial anual de víctimas mortales (71 en 2007; 76 en 2008; 56 en 2009; 73 en 2010; 61 en 2011; 46 en 2012 y 66 en 2013), es indecente utilizar como arma arrojadiza tan grave problema sin documentarlo con datos y argumentos serios irrefutables. Máxime cuando, para bien o para mal, fue un gobierno socialista el que puso la base legislativa del tratamiento del problema (Ley orgánica 1/2004 de 28 de diciembre…) que, curiosamente, acaba de ser cuestionada por Alejandro Soler, ex alcalde de Elche y compañero de Echávarri, tras haber sido absuelto y, por tanto, víctima del mal uso de la misma que, supuestamente, ha hecho su ex mujer acusándole sin fundamento de malos tratos. Una petición de modificación de la ley que Soler, tras sufrirla en sus propias carnes, propone justo en el sentido contrario de lo que Echávarri reprocha al ministro, cuando éste hace exactamente igual que lo que hicieron sus predecesores socialistas desde la aprobación de la ley.
            Si lo que pretende Echávarri es mejorar la protección de la mujer maltratada, en vez de considerar a sus oponentes políticos varones como especímenes de estirpes perversas y a las hembras como masoquistas empedernidas, mejor le iría si, tras pactar con Soler y el resto de sus compañeros las revisiones que propone para mejorar su propia ley, le oferta al ministro, olvidándose de su estirpe, las propuestas pertinentes. Entre ellas las que contemplen un mayor rigor frente a quienes utilizan la ley de forma fraudulenta, amparándose en el genérico concepto previo de adjudicar determinadas maldades y bondades según criterios sexistas.   

                            Fdo. Jorge Cremades Sena 

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