viernes, 2 de enero de 2015

SYRIZA EN GRECIA, PODEMOS EN ESPAÑA Y…

                        Y podríamos completar una larga lista de partidos populistas europeos, siguiendo con el también griego Amanecer Dorado de extrema derecha, el FPO austriaco, el Frente Nacional francés (o el izquierdista FDI), la Liga Norte italiana (o el izquierdista Movimiento Cinco Estrellas), el UKIP británico, la Alternativa para Alemania, el Partido por la Libertad holandés… y así sucesivamente, tanto en países de la UE como en países terceros, en muchos de ellos, como ven, con la doble versión contrapuesta de radicalismo o populismo de extrema derecha o extrema izquierda. Al final, por el famoso principio de que los extremos se tocan, unos y otros vienen a ser lo mismo, convergiendo en el objetivo de finiquitar el sistema político democrático hegemónico en la inmensa mayoría de los Estados de Europa y en la propia UE (liderado durante décadas por la alternancia política entre moderados de derecha e izquierda) e implantar otro sistema, reinventado a su imagen y semejanza. Eso sí, un nuevo sistema indefinido e impreciso que, obviamente, a medida que crece entre las distintas poblaciones el apoyo a estos partidos populistas radicales genera una preocupación progresiva en el sistema político actual vigente ya que, no por definición sino por aproximación comparativa con referentes que gozan de la admiración de sus respectivos líderes, ya sean referentes actuales (bolivarianismo, castrismo, chavismo…) o históricas (nacismo, comunismo…), todos ellos suponen o supusieron un empeoramiento respecto al sistema actual vigente y, en definitiva, el fracaso rotundo de una convivencia en paz, progreso y libertad. Estos populismos, que no son ni de izquierda ni de derecha (así se autodefinen muchos de ellos), no basan su atractivo en cuestiones de ideología, ni de principios, sino en su estrategia de fomentar y aprovechar el descontento en momentos de crisis para cosechar votos de todas partes adaptando su discurso a las necesidades de cada momento, sin orden ni concierto, con la prioritaria y casi única finalidad de alcanzar el poder como sea.
            Maestros todos ellos en aglutinar descontentos, tanto de un asunto como el contraria, se mueven como pez en el agua en la oposición democrática; maestros en arremeter contra un mal ajeno (Bruselas, capitalismo, inmigración, bancos…), siempre culpable de todos los males de la sociedad, jamás son responsables de nada; y maestros en diseñar proyectos alternativos a base de sofismas atractivos, obviamente irrealizables, sus programas (si es que los tienen) no aguantan ni un cuarto de hora de análisis crítico riguroso. Pero ello no importa, lo importante es menoscabar la gobernabilidad y el “statu quo” y, para ello, cuanto peor, mejor, aunque, si se consigue el respaldo mayoritario democrático (¡menos mal!) la alternativa se desvanezca como un castillo de arena. Al final, lo que no puede ser, no es, y además es imposible. Sólo así se explica, por ejemplo, que el adelanto electoral en Grecia y el previsible triunfo de Syriza, haya sido aplaudido no sólo por Podemos, sino también por el Frente Nacional en Francia. ¿Qué tienen en común Tsipras, Iglesias y Le Pen?; simplemente su convergencia antisistémica. ¿Se imaginan una Europa con Grecia, España y Francia gobernada por semejantes personajes? Pues todos ellos y algún que otro por el estilo en algún que otro país, tienen cada vez más posibilidades de lograrlo. ¿Es motivo de preocupación de cara al futuro? (aunque ellos le llamen miedo, que, según ellos, ha cambiado de bando, sin que sepamos qué miedo tenían hasta hoy en el suyo), júzguenlo ustedes. En definitiva, una posible Europa ingobernable, como desgraciadamente sucede hoy con Grecia, que sólo puede abocarnos a un empeoramiento drástico de la actual situación.
            Se preguntaba Pablo Iglesias, eufórico por el fracaso del sistema en Grecia (entre otras cosas por la irresponsabilidad de Syriza no arrimando el hombre para la gobernabilidad de Grecia en momentos cruciales), si la reacción negativa de los mercados e instituciones financieras ante la crisis griega no será porque temen lo que pase en Europa si Syriza gobierna en Grecia y las cosas mejoran para los griegos. ¡Ojala así fuera! Y añadía que “¿será que temen que después de los griegos les llegue el turno de votar a los españoles?” Quienes no nos movemos en el maniqueo de ángeles y demonios, entendiendo que, por sentido común, cualquier gobernante democrático sólo pretende, aunque sea por mero egoísmo, el bien para su pueblo (otra cuestión es que pueda lograrlo), lo que tememos es que Grecia no pueda conseguir los miles de millones, que no tiene y por tanto necesita, para pagar las pensiones a los griegos, los sueldos a los funcionarios, el gasto de los hospitales y centros educativos…. Tememos que nadie se los preste o lo hagan de forma tan abusiva (su prima de riesgo está por los 900 puntos) que no pueda ser asumible en una situación ya insoportable, susceptible de empeorar. Tememos que Syriza, con su teórico proyecto expansivo, al margen de la UE (dentro de ella no es posible por más excepciones que se hagan), no tenga la varita mágica para sacar todo ese imprescindible dinero de la manga. Y lo tememos porque no nos dice cómo y de dónde lo va a sacar, al igual que hacen el resto de sus colegas populista del resto de países europeos. Ese es el temor, que no miedo, ante quienes, como Iglesias, dicen que “las élites y sus partidos están nerviosos”… ¿acaso ellos no son élites de sus respectivos partidos? Me olvidaba, ellos son los ángeles; el resto, los demonios. Ellos quieren el bien para sus pueblos; el resto, el mal. ¡Así cualquiera!

                                               Fdo. Jorge Cremades Sena

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