martes, 20 de octubre de 2015

FASCISMO EN LA UA



                        Sin lugar a dudas, los españoles tendremos que hacérnoslo mirar lo antes posible si queremos que nuestro sistema democrático, que tanto sacrificio y esfuerzo nos costó construir a quienes ya estamos bien entrados en años, prevalezca en el futuro como garantía de libertad, paz y desarrollo social, pues cada vez en nuestra zarandeada España son más frecuentes los episodios intolerables de violencia política, de atentados y atropellos a los derechos y libertades de los españoles que ampara nuestra Constitución, democráticamente elaborada, para finiquitarla por la fuerza, so pretexto de haber quedado obsoleta y, por tanto,  sustituirla, mediante acoso y derribo, por otra que por arte de magia nos traiga un nuevo régimen paradisiaco, cuando la alternativa a la democracia es el totalitarismo. Con planteamientos fascistas y totalitarios proliferan grupos organizados e incluso partidos políticos, insólitamente legalizados, que, en vez de pretender mejorar nuestro sistema democrático (susceptible de mejoras como todo en la vida) por las vías democráticas establecidas, que es lo que procede en democracia, prefieren imponer su peculiar visión mediante actos violentos, verbales o físicos, desacatando la legalidad, para impedir el normal desarrollo de la convivencia en paz y libertad, pretendiendo hacer irrespirable el sistema democrático para generar así un caldo de cultivo adecuado que justifique ante la opinión pública su violento proceder. Para ellos, cuanto peor, mejor; sobre todo si brilla por su ausencia el único mecanismo legal coercitivo de defensa democrática, que es la imposición de la legalidad establecida o si ésta es demasiado permisiva con los violentos, haciéndoles verdugos de la ciudadanía y convirtiendo a los verdaderos ciudadanos en sus víctimas propiciatorias. Algo así sucede últimamente en España, no siendo casualidad la proliferación de atentados a la democracia y la libertad que, aunque culminen con los dirigidos por los gobernantes catalanes independentistas (verdadero golpe de Estado civil, inexplicable sin un previo proceso plagado de interminables actos ilegales e impunes de menor envergadura), menoscaban, sin lugar a dudas, la calidad de nuestra democracia de forma progresiva.
            Valga como paradigma de lo anterior el intolerable comportamiento de un grupo de supuestos estudiantes que, para manifestar su rechazo al, según ellos, “fomento de las políticas neoliberales en América Latina, la destrucción de lo público y la liberalización y globalización del mercado”, han irrumpido hace unos días en la Universidad de Alicante, pancarta en mano y al grito de “fascista”, “fuera empresarios de la universidad” y “la uni no se vende, la uni se defiende” con el claro objetivo de hacer callar a los conferenciantes en pleno sancta sanctorum del conocimiento, del debate y de la razón que es lo que deben ser las Universidades en vez de, según lo visto, reducto de liberticidas fascistas y totalitarios del signo ideológico que sea, obcecados en imponer el silencio a quienes discrepen de sus totalitarias formas de ver la vida en vez de rebatirlas con argumentos razonados y razonables en y desde la libertad.
            Es más, resulta paradójico y fuera de toda lógica que los protagonistas de semejantes comportamientos fascistas, llamen “fascista” directamente a Felipe González, uno de los conferenciantes, evidenciando, además de su cerrilismo ideológico, un cerrilismo cultural o conceptual, pues justo a Felipe, protagonista indiscutido e indiscutible en la lucha por la libertad democrática, se le podrá tachar seguramente de muchas cosas, pero de “fascista” precisamente sólo cabría hacerlo desde un desconocimiento profundo de la reciente historia de España o del significado del concepto de fascismo (o de ambas cosas a la vez), lo que resulta incluso grotesco en un ámbito universitario. Que chavales veinte o treintañeros, nacidos en un Estado democrático que garantiza plenas libertades y que jamás vivieron en un régimen dictatorial, insulten y arremetan con semejantes comportamientos fascistas a quienes tanto lucharon por erradicar el régimen dictatorial en España para sustituirlo mediante métodos democráticos, que no por la fuerza, por un régimen de democracia plena, homologable con el de nuestros vecinos, posibilitando el mayor periodo de paz, libertad y progreso de toda la Historia de España, no sólo es un gesto de desagradecimiento hipócrita e insulto a nuestra memoria histórica, sino que supone además un grave atentado en toda regla contra la higiene democrática de nuestro actual sistema de convivencia pacífica que tanto nos costó consolidar.
            Ya sólo falta que quienes luchamos durante la dictadura para conseguir mediante el consenso una transición hacia la democracia sin necesidad de usar la violencia, que, en todo caso, tendría cierta justificación durante la dictadura, seamos tachados como fascistas por quienes en plena democracia ejercen métodos fascistas, como los presuntos estudiantes de la UA, para imponer el silencio de sus oponentes cuando disfrutan de todo tipo de libertades y derechos para hacer llegar a la opinión pública sus proyectos políticos propios y para contrastarlos razonadamente con los ajenos. Ya ven, sí había fascistas en la UA… pero, curiosamente, no era Felipe González.
                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

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