lunes, 12 de octubre de 2015

LA FIESTA NACIONAL DE ESPAÑA



                        Como cada 12 de octubre, el conjunto de los españoles celebramos en 2015 la Fiesta Nacional de España, al igual que cada Estado que se precie celebra su Fiesta Nacional propia, elegida en el calendario con motivo de alguna efemérides de indiscutible relevancia histórica. En España la Fiesta Nacional está regulada por una Ley cuyo único artículo dice: “Se declara Fiesta Nacional de España, a todos los efectos, el día 12 de octubre” y en la exposición de motivos se explica que “la fecha elegida, el 12 de octubre, simboliza la efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los Reinos de España en una misma monarquía, inicia un periodo de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos”. Fin de la cita, que diría Rajoy. Y es que, en efecto, a finales del siglo XV se finiquitaba en buena parte de Europa una forma de entender la vida (Edad Media) y, por tanto, las relaciones sociales, económicas y políticas entre los hombres y los pueblos, dando así paso a un nuevo periodo totalmente distinto (Edad Moderna) tras un largo proceso de sustanciales cambios en todos los órdenes a lo largo de los dos siglos precedentes. Y España, tras aquel memorable 12 de octubre de 1492, que simboliza todo el conjunto de cambios (no sólo la llegada a América), se convertía en pionera de los mismos, construyendo uno de los primeros Estados Modernos de Europa con la referida integración de los diversos Reinos Medievales (Corona de Castilla, Corona de Aragón, Reino de Granada y Reino de Navarra) que existían en la vieja Hispania romana, excepto el Reino de Portugal, entre los que, curiosamente, ni estaban, porque jamás existieron como tales reinos, el País Vasco y Cataluña, territorios que ya formaban parte de algunos de los reinos peninsulares citados por haberse integrado a ellos con anterioridad. Valga pues esta brevísima reseña histórica para entender (o mejor, no entender) algunos comportamientos de algunos de nuestros actuales gobernantes y líderes políticos en nuestra Fiesta Nacional que,  como todos los años, celebramos cinco siglos después de aquellos acontecimientos históricos de indiscutible relevancia nacional e internacional.
            Si se trata de la Fiesta Nacional de España es lógico (aunque este año se haga con mayor énfasis ante las serias amenazas independentistas) que la Jefatura de Estado, es decir, el Rey Felipe VI, y el Gobierno (al margen del color político que tenga, no es cuestión de colores) resalten el valor patriótico, como hacen los demás gobernantes en los demás Estados, pues se trata de manifestar el orgullo de pertenencia al mismo, asumiendo, para lo bueno y para lo malo, el legado de nuestros antepasados. Por ello lo normal es que hayan sido invitados al acto central en el Palacio Real más de 2.000 personas que representan a diferentes colectivos sociales, económicos e institucionales, así como los gobernantes autonómicos y los líderes de los distintos partidos políticos. Lo anormal e ilógico, lo incomprensible, es que a tan trascendental evento institucional rechacen asistir Urkullu, Mas y Barcos, respectivos presidentes de País Vasco, Cataluña y Navarra, así como Pablo Iglesias, líder de Podemos y aspirante a Presidente del Gobierno, olvidando los primeros que, respectivamente, gobiernan para y representan a todos los vascos, catalanes y navarros, por lo que tal olvido les hace indignos como gobernantes de dichos pueblos españoles, y olvidando el segundo que su comportamiento sectario le invalida y descalifica como aspirante a gobernar al conjunto de los españoles tras semejante desprecio a los mismos.
            Ya que estamos en plena precampaña electoral y ya que estamos en plena efervescencia de propuestas reformadoras de nuestra Constitución, no estaría de más que nuestros gobernantes y dirigentes políticos, visto lo visto, introdujeran en sus respectivos programas electorales medidas legales tendentes a que los comportamientos de nuestros gobernantes o aspirantes a serlo deban estar a la altura de la dignidad de los pueblos a los que pretenden gobernar, y medidas educativas para que las generaciones futuras no olviden jamás el legado histórico que le dejaron sus mayores para no repetir lo negativo y afianzar lo positivo que es mucho. Ningún pueblo merece gobernantes que reniegan de su patriotismo o amor a su patria, o sea el “lugar o país en que una persona ha nacido o al que se siente vinculada por razones legales, históricas o sentimentales”, mancillando así el orgullo del patriotismo popular por ser y sentirse parte de la misma; y ningún pueblo sobrevive con amnesia histórica, por lo que es preciso enseñarla de generación en generación para evitar el suicidio colectivo como pueblo. Como españoles, a tiempo estamos para evitarlo, la Historia nos avala sobradamente, no la defraudemos ahora poniendo nuestro futuro en manos de quienes no lo merecen.    
                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

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