martes, 27 de octubre de 2015

PARLAMENT, INTOLERABLE FARSA



                        Coincidiendo con la disolución de las Cortes Españolas y la pertinente convocatoria de Elecciones Generales para el 20-D, se constituye el Parlament de Cataluña con el que se inicia la undécima legislatura autonómica catalana desde la recuperación de la democracia. Un Parlament que, a diferencia de los anteriores, se convierte desde el inicio en una intolerable farsa que puede acarrear consecuencias muy graves para todos los españoles y, en especial, para los catalanes. De entrada, para presidirlo los independentistas optan por el perfil más inadecuado, el de Carme Forcadell, que hace gala de su radical parcialidad independentista en su discurso tras su elección, cuando se supone que la presidencia de una Cámara Legislativa, en cualquier democracia del mundo, ha de regirse por la tolerancia a la pluralidad ideológica de sus componentes, el respeto a la ley democráticamente establecida y la imparcialidad más absoluta a la hora de dirigir los debates. Pues bien, Forcadell, elegida con 77 votos a favor (62 de Junts pel Sí, 10 de la CUP, que hubiese sido suficiente, y 5 de Catalunya sí que es Pot, que demuestra las verdaderas intenciones de Podemos) y 57 en blanco (no se puede votar en contra), se permite, sin estar facultada legalmente ni ser elegida para ello, dar por zanjado el “Parlamento regional”, que es a lo que se ha presentado como el resto de diputados catalanes, y abogar por la secesión sin ningún tipo de contemplaciones ni de respeto a más de la mitad de los catalanes que apostaron en las elecciones por candidaturas no independentistas y a sus representantes políticos presentes en el Parlament asegurando que “con esta undécima legislatura del Parlament también cerramos la etapa autonómica; protagonizamos un momento fundacional: de un Parlament regional de competencias limitadas, recortadas y recurridas a un Parlament nacional con plenas atribuciones” y concluye “¡viva la democracia, viva el pueblo soberano y viva la república catalana!”. Es difícil para cualquier demócrata no reaccionar ante semejante declaración totalitaria, atropello a los derechos ciudadanos, usurpación de competencias y, en definitiva, ante semejante atentado contra el Estado de Derecho.
            ¿Quién ha otorgado competencias a Forcadell y los suyos para liquidar y transformar por arte de magia el Parlament autonómico catalán y convertirlo en Parlament nacional de una inexistente República Catalana independiente con plenas atribuciones? ¿Qué legitimidad democrática tienen cuando libremente se han presentado y han sido elegidos como legisladores autonómicos en el ámbito de las competencias que les otorga la legalidad democrática, la misma que les legitima para detentar la autoridad que ahora tienen pero no otra? ¿A qué democracia vitorean si disfrutando de ella pretenden liquidarla y sustituirla a su antojo por el régimen que les viene en gana? ¿A qué pueblo soberano se refieren cuando pretenden ultrajarlo y acabar su soberanía sabiendo que reside en el pueblo español? ¿Y a que imaginaria República Catalana vitorean cuando pretenden crearla bajo las premisas del más puro totalitarismo fascista o marxista? Estas preguntas, y no otras, son las que Forcadell y los suyos debieran responder, sin tapujos ni mentiras, al pueblo español, incluido el catalán, en vez de hacer gala de conceptos abstractos como “democracia”, “derecho a decidir”, “soberanía”, “libertad” y otros tantos por el estilo que están sobradamente acotados y concretados no sólo por la legalidad, nacional e internacional, sino también por el mero sentido común y la razón, aunque sólo sea como garantías de convivencia en paz y libertad, que en ningún caso puede ser ilimitada ni ejercida al libre albedrío, tal como pretenden los independentistas catalanes.
            Ni los independentistas catalanes están legitimados para poner en marcha el proceso de secesión, tal como pretende Forcadell en vez de ceñirse a ejercer el cometido institucional que se le ha encomendado legalmente, ni los catalanes no independentistas merecen tal afrenta totalitaria, ni el resto del pueblo español puede quedarse de brazos cruzados ante tamaños atropellos. De brazos cruzados se quedaron muchos pueblos ante los atropellos totalitarios de Hitler y cuando quisieron reaccionar ya saben lo que pasó. En aquellos momentos los liberticidas actuaban en nombre del nacionalismo y el socialismo (el nacionalsocialismo, de trágico recuerdo), así como en otros lares en nombre del pueblo y la democracia popular (el estalinismo, de idéntico recuerdo), para, en definitiva, imponer mediante la fuerza y de forma unilateral su proyecto totalitario dictatorial. Hoy los independentistas catalanes juegan a lo mismo bajo el mantra de un “derecho a decidir” ilimitado que no existe y la estrategia de un victimismo (como hacía Hitler) para justificar todo tipo de atropellos a la ley democrática. Bien sabemos cómo acabaron aquellos experimentos, pero falta saber cómo acabarán estos, aunque la intolerable farsa de la constitución del nuevo Parlament de Cataluña presagia un final traumático, pues, ya ven, lo que mal empieza mal acaba y esta legislatura autonómica, finiquitada como tal por Forcadell, no ha empezado mal, sino peor.
                            Fdo. Jorge Cremades Sena

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