sábado, 3 de agosto de 2013

SIMPLEMENTE INDECENTE

                        Desde el instante en que se produjo el trágico accidente ferroviario de Santiago de Compostela –y ya ha pasado más de una semana- se desencadenó en las distintas cadenas de televisión un frenético y especulativo debate sobre las causas y los responsables del mismo que, hasta hoy, sigue conformando buena parte de sus respectivas programaciones. En lucha despiadada por la audiencia, bajo el atractivo formato de “tertulias políticas”, cada cadena exhibe su elenco de tertulianos, sobradamente conocido por la parcialidad ideológica argumental de cada uno de sus miembros, para que, una vez más, se tiren los trastos a la cabeza públicamente sin entender que, aunque sólo sea por el debido respeto a las víctimas y al dolor de sus familiares, determinados asuntos y circunstancias, como es el caso, jamás deben utilizarse si, como parece, se pretende obtener cualquier tipo de ventaja (económica, política, profesional, etc), pues es, simplemente, indecente. Una vez más el comportamiento ejemplar del pueblo, muy en especial del pueblo gallego, supera con creces al de quienes debieran ser el espejo en que mirarse por la posición cualificada de responsabilidad social o política que desempeñan. Con varias decenas de cadáveres aún sobre las vías del tren y un centenar de heridos, algunos muy graves, hospitalizados en diversos centros, con toda la población cercana volcada en ayudar a las víctimas y a sus familiares, con todos los profesionales sanitarios y de emergencias de la zona haciendo su trabajo de forma impecable y con todo el pueblo español conmocionado por la tragedia es, como mínimo, indecente, se mire como se mire, generar simultáneamente y alimentar machaconamente tan especulativo como innecesario debate público que, en definitiva, sólo provoca más dolor en el entorno de las víctimas, más incertidumbres en toda la población y un deterioro de la imagen exterior de España.
            Cuando todo el mundo sabe que, si un vehículo toma una curva duplicando el límite de velocidad, el accidente es seguro; cuando el propio conductor, desde el primer instante, reconoce de forma honesta (a diferencia de quienes abarrotan los juzgados) que se ha distraído y no sabía ni por qué tramo circulaba (a unos 190 kmt/hora cuando debiera ir a 80); cuando no se trata de un novato ni desconocedor del trayecto, que venía recorriendo varias veces a la semana; y, cuando no existen, que se sepa, informes técnicos competentes cuestionando la seguridad del sistema utilizado (aunque siempre existan otros más seguros), es irresponsable, además de indecente, poner en cuestión, públicamente y a toro pasado, los sistemas de seguridad de nuestra red ferroviaria (por cierto, una de las más seguras) mediante un debate público emitido por entregas y basado en futuribles que, puestos a exagerar, nos llevaría a concluir que tal tipo de accidentes sólo se evitaría al cien por cien si no hubiera trenes. Por tanto, ni se trata de demonizar al maquinista que, como cualquier ser humano, es susceptible de cometer errores, ni de victimizarlo por trabajar expuesto a una supuesta inseguridad del sistema ferroviario que, hasta el día del accidente, nadie cuestionaba. No hay curvas peligrosas en la red ferroviaria si se toman a la velocidad adecuada. Hay errores, negligencias o imprudencias humanas que las hacen peligrosas.
            Dicho lo anterior, como en cualquier otro accidente, es lógica e imprescindible la apertura de una investigación judicial que esclarezca las responsabilidades civiles y penales que procedan por los daños causados; también, la de una investigación técnica que estudie qué elementos materiales paliarían, que no evitarían, en el futuro tan trágicas consecuencias provocadas por evidentes errores humanos; y, por supuesto, la comparecencia en sede parlamentaria del ministro correspondiente para responder a las cuestiones que la oposición considere oportuno plantearle. Pero no es lógico que, iniciada la investigación judicial, anunciada la técnica y solicitada la comparecencia, el sindicato Manos Limpias, por ejemplo, denuncie genéricamente al maquinista, a Renfe y a ADIF, ni que una serie de sindicalistas ferroviarios se conviertan en tertulianos ocasionales, junto a los habituales, para especular sobre lo que pudo haber sido y no fue, dando la sensación, que no la certeza, de que clamorosos errores o negligencias de gestión técnica y política son los verdaderos responsables del accidente. Una estrategia de erosión irresponsable basada en la insinuación, que no en la denuncia pura y dura, que, consciente o inconscientemente, desacredita nuestras infraestructuras al extremo de que, según el gusto de cada cual, los reproches se elevan al exministro socialista Blanco, que inauguró dicho tramo ferroviario, o a la actual ministra popular Ana Pastor que lo gestiona ahora. Y como colofón de tan indecente proceder, el diario catalán “El Punt Avui” cuela en su Web una viñeta en la que aparece una vía de tren con los raíles cruzados delante de un cartel que anuncia la “Marca España” a los pies de un toro. Una majadería miserable en toda regla. Sin comentarios.

                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

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