sábado, 1 de febrero de 2014

HOLLANDE, LIBERAL; RAJOY, SOCIALDEMÓCRATA

                        Algún fenómeno extraño debe estar sucediendo cuando, tanto Hollande en Francia como Rajoy en España, son criticados severamente, no tanto por los contrarios, que también (algo totalmente lógico), sino por los propios (ilógico e incomprensible si encima sus críticos son los más genuinos representantes de sus respectivas ideologías). En efecto, la izquierda francesa en general y la del Partido Socialista en particular echan chispas contra las políticas del Gobierno de Hollande, mientras la derecha española en general y la del Partido Popular en particular, hace lo propio contra el Gobierno de Rajoy. Si añadimos que en buena parte les critican porque sus políticas son, respectivamente, continuidad en muchos aspectos de las de Sarkozy y las de Zapatero (sus respectivos antecesores, ideológicamente opuestos a cada uno de ellos), cabe deducir que, según los sectores más representativos de la pureza ideológica de sus respectivos partidos, Hollande es un gobernante liberal y Rajoy un socialdemócrata. Es lo que sus mismos compañeros dicen de ellos. Menuda paradoja cuando el francés fue aclamado y elegido precisamente para dar un giro copernicano a las nefastas políticas anteriores de Sarkozy y el español para hacer lo propio con las de Zapatero. Así lo dijeron ambos en sus respectivas campañas electorales. Así lo prometieron en sus programas. Y así lo incumplieron después, decepcionando especialmente a los suyos y a sus electores. Salvo que, como dicen en mi pueblo, una cosa sea predicar y otra, dar trigo, lo que avalaría el descrédito generalizado de la política, considerada cada vez por más gente como el arte de engañar con tópicos trasnochados en nombre de las ideologías.
            Hollande desencadenó una verdadera euforia, no sólo en Francia sino en otros lugares, entre quienes le consideraban un genuino representante de la izquierda auténtica, no sólo francesa sino también europea e internacional. El PSF y él mismo se encargaron en la campaña de vender la necesidad de un aire fresco en Francia y en la UE para poner freno a las perniciosas políticas europeas, lideradas por la derecha alemana, y a las locales, ejecutadas al dictado de Merkel. Hoy  consideran a Hollande como un traidor incapaz de cuestionar la unión monetaria, la necesidad de recortes y la austeridad que tanto criticó desde la oposición. Y algo parecido, aunque menos pretencioso (al menos en su dimensión europea), generó Rajoy entre quienes, hartos de la ineficacia e incapacidad del gobierno de ZP para afrontar la crisis (incluso claudicando al fin a las recetas de Merkel), consideraban, como en Francia, que sólo un vuelco ideológico del gobierno existente sería capaz de resolver la situación. Al final, esta especie de cambio de cromos entre Francia y España (derecha por izquierda y viceversa), como receta absurda, converge en una realidad tozuda que desmonta el torrente argumental electoral de carácter ideológico para claudicar ante las recetas economicistas globalizadas de los malditos mercados, con sus consecuencias perniciosas para los más débiles, para los trabajadores y para las clases medias que, al final, son las verdaderas víctimas.
            Ni, por ejemplo, la subida de impuestos (típico de la izquierda) estaba en el programa de Rajoy, ni  la negociación favorable a la patronal (típica de la derecha) en el de Hollande, sino todo lo contrario; es un buen ejemplo, entre otros muchos que se podrían citar, de cómo lo prometido en campaña por ambos gobernantes es luego incumplido. Y entretanto, ambos señalan como primer objetivo la lucha contra el paro, mientras que. ante su escaso éxito, ambos piden paciencia hasta que acaben sus respectivos mandatos; ambos, sometidos a los dictados del déficit público, se ven obligados a recaudar más y gastar menos, caiga quien caiga (y siempre caen los mismos); y ambos, en definitiva, son reos de las exigencias de la globalización.
La sumisión de las ideologías a la economía es un hecho incuestionable. Por ello lo grave no es ya si el socialista Hollande practica una política liberal, como dicen los suyos, o si el conservador Rajoy practica una política socialdemócrata, como dicen los más radicales de la derecha española. Lo grave es el mínimo margen que les queda, tanto a uno como al otro (y al resto de gobernantes democráticos), para hacer algo distinto, al menos en las políticas económicas, que, en gran medida, condicionan las políticas sociales, provocando una resignación generalizada que, sin lugar a dudas, aprovechan los extremos más radicales de las frustradas opciones ideológicas moderadas con tendencias indiscutibles hacia modelos totalitarios. Por ello es urgente hacer pedagogía política que exponga, con crudeza realista y con rigor, las limitaciones existentes y desenmascare, con datos ciertos y fiables, a los vendedores de humo. Pero ello requiere ajustar las promesas electorales a la viabilidad de las mismas, al margen de utopías irrealizables en el corto plazo de un programa de gobierno, y tener el coraje político de realizarlas en tiempo y forma una vez conseguido el respaldo ciudadano para gobernar. En definitiva, justo lo contrario de lo que han hecho el liberal Hollande y el socialdemócrata Rajoy….
Perdón, el socialista Hollande y el conservador Rajoy. Pero si éste (dirán ustedes) no se ha atrevido, como aquél, a desmantelar los campamentos de gitanos que tantos quebraderos de cabeza causaron a su antecesor Sarkozy. Bueno, está bien claro, Sarkozy era de derechas igual que Rajoy. Pero ¡no dicen los suyos que es socialdemócrata!... En fin, mejor dejar el asunto como está y que cada cual califique a cada quien como le venga en gana. Al fin y al cabo va a dar igual en este ocaso de las ideologías que preludia una nueva era.

                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

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