viernes, 28 de febrero de 2014

TENDENCIA Y REALIDAD

                        Acabado definitivamente el debate sobre el estado de la nación con la aprobación de veintidós resoluciones (las trece del PP y otras nueve pactadas con distintas fuerzas políticas) entre las ciento tres propuestas votadas, conviene hacer una valoración crítica de todo lo acaecido en el desarrollo del mismo que, a mi juicio, es manifiestamente mejorable. Y lo es desde el momento en que Rajoy, para justificar la validez de su política económica, decide analizar retrospectivamente la realidad española para avalar, comparando los datos actuales con los de hace un año, el cambio de tendencia producido, especialmente en muchas variables macroeconómicas, que permiten albergar una cierta esperanza en el futuro, mientras que la oposición, comenzando por Rubalcaba y acabando con los de menor representatividad parlamentaria, decide apostar por la imagen fija de la todavía deplorable realidad actual para adjudicar al Gobierno toda la responsabilidad de la misma, eludiendo la propia y omitiendo cualquier propuesta alternativa de mejora.
            Con tales mimbres se elabora el cesto de un debate inocuo que, a lo sumo, sólo es útil para dar cierta satisfacción a las clientelas ideológicas de unos y otros, cuando el objetivo debiera ser un análisis profundo de la realidad pasada y presente en base a la tendencia positiva o negativa de cara al futuro que se esté dando como consecuencia de las políticas concretas que al efecto se vienen practicando. Es la única forma de seguir apoyando y mejorando aquellas que se consideren positivas, así como de rechazar y ofrecer nuevas alternativas a aquellas que se consideren negativas para obtener los objetivos deseados. Es la esencia de un debate en serio sobre la realidad actual, sus causas y las recetas para mejorarla, frente, como es el caso, a una sucesión de monólogos electoralistas que, ni siquiera tratan de la misma temática. Mientras el Gobierno se refiere al dinamismo variable de la tendencia, la oposición lo hace sobre la foto fija y estática en blanco y negro de una realidad dramática sin duda surgida por generación espontánea, dándose al final una especie de diálogo de sordos con la única finalidad de la autocomplacencia.
            Tan verdad es, por ejemplo, que hace un año seguía creciendo el paro, como que hoy se ha detenido la hemorragia aunque sea tímidamente; que hay más de cinco millones de parados, como que tres millones y medio de ellos perdieran el empleo durante el gobierno de ZP; que hace un año se estaba en recesión, como que hoy se está ante un tímido crecimiento; que se estaba al borde de un rescate generalizado al estilo de Grecia, como que hoy se está fuera de duda de que ello vaya a suceder… y así sucesivamente en toda una serie de variables que evidencian un cambio real de tendencia positiva, pero a la vez, que la realidad actual sigue siendo dramática para la inmensa mayoría de los trabajadores. Minimizar o maximizar cualquiera de las dos verdades por separado con intención de obtener rédito político partidista es una manifiesta irresponsabilidad en un debate sobre el estado de la nación y las posibles medidas a tomar para mejorarlo en el futuro. Sólo sabiendo y asumiendo globalmente dónde estábamos hace un año, de dónde veníamos, qué políticas nos condujeron a aquella situación catastrófica, qué cambios concretos se han producido desde entonces y qué políticas se han aplicado para conseguirlos, se puede mejorar la situación actual que es lo que, en definitiva, esperan los españoles. Y nada de eso se ha hecho en el debate.
            Rajoy, aunque adjudicándole el éxito al sacrificio de todos los españoles, se quedó en el relato de los positivos cambios de tendencia, olvidando que la realidad social en España sigue siendo dramática y generando una sensación de optimismo inapropiado. Rubalcaba, se quedó en la descripción de los sufrimientos de la gente, culpando al presidente de los mismos y olvidando la insostenibilidad manifiesta del ficticio estado del bienestar que dejó en herencia el gobierno socialista. El resto de portavoces de la oposición, coincidiendo con Rubalcaba en adjudicar todos los males a la política del gobierno de Rajoy y en la ausencia de ofrecer propuestas alternativas para mejorarlas, se quedaron en el discurso mitinero ideologizado, añadiéndole en su caso el tema de política sectorial que les caracteriza. El anuncio por parte de Rajoy de algunas medidas para incentivar el empleo y de algunas reformas pendientes, indiscutidas por la oposición, completan el debate sin debatir absolutamente nada.
            Instalado cada cual en su particular mundo de intereses políticos partidistas se olvidaron del interés general que debiera regir su toma de decisiones. Tal vez por ello la pregunta de Rubalcaba “¿En qué país vive, presidente?” quedó sin respuesta cuando lo previsible era contestar algo así como “en un país al borde de la quiebra que nos dejó un gobierno en el que usted era ministro importante que necesita ahora el concurso de todos para sacarlo del atolladero”.  Obviamente es público y notorio que no todos están por la labor.

                                   Fdo. Jorge Cremades Sena

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