domingo, 19 de octubre de 2014

PODEMOS, LA HORA DE LA VERDAD

                        Durante este fin de semana celebra Podemos su Congreso Constituyente como partido político, llegándole así la hora de la verdad al tener que definir claramente ante la ciudadanía en qué consiste su proyecto político, como el resto de formaciones políticas, y cuál será su modelo de partido. Aunque el resultado final no se conocerá hasta dentro de siete días, plazo dado a las bases para que voten por internet las propuestas de esta asamblea, que reúne en Madrid a unos siete mil seguidores, genera gran interés conocer a fondo ese genuino modelo, vendido como representativo indiscutible de las esencias más democráticas y sustancialmente distinto del que tienen los partidos clásicos, a los que Pablo Iglesias tilda como decadentes y representantes de la “casta”. Así sabremos si, como dicen sus líderes autoproclamados, estamos ante un proyecto novedoso, que pretende revolucionar la forma clásica de hacer política en democracia y libertad, o, por el contrario, como decimos algunos, asistimos a un proyecto ideológico más dentro del sistema que, obviamente con total legitimidad, pretende abrirse camino entre el electorado, como ya hicieron, con mayor o menor fortuna, todos y cada uno de los surgidos hasta la fecha, con promesas programáticas, más o menos atractivas y, sobre todo, más o menos creíbles, viables o utópicas. Si de momento, sólo sabemos que su objetivo es participar dentro del sistema, no para mejorarlo, sino para destruirlo (también otros lo pretenden), aunque, obviamente, disfrutando entretanto de las ventajas que les aporta (entre ellas los sueldazos de los escasos cargos públicos que hasta ahora detentan), a partir de ahora, conoceremos con todo lujo de detalles su verdadero rostro. Es justo esto lo más positivo para nuestro panorama político.
            Ya de entrada, desde el comienzo del Congreso Constituyente, sabemos que sobre la mesa hay dos cuestiones sustanciales en discusión, el modelo de organización y el plan de acudir o no a las municipales. De un lado Pablo Iglesias y su círculo más íntimo (Errejón, Monedero, Alegre, Bescansa…), partidarios de no acudir con sus siglas a las municipales sino camuflados, defienden un modelo unipersonal, es decir, un líder (secretario general) y una cúpula “para asegurar coherencia y unidad”, en definitiva, un liderazgo fuerte ejercido por un Secretario General y rodeado de otros portavoces. De otro lado Pablo Echenique, sus compañeras en el Parlamento Europeo, Teresa Rodríguez y Lola Sánchez, así como Izquierda Anticapitalista, partidarios de comparecer en las municipales, defienden un modelo de dirección colegiado, una especie de triunvirato con capacidad ejecutiva, para defender “la pluralidad de puntos de vista a todos los niveles”. En el fondo, de lo que se trata es de diseñar el control político de Podemos y la mejor forma de hacerlo operativo y eficaz como partido político. En definitiva, con los maquillajes que se quiera, por lo mismo que se lucha en el resto de partidos, generando obviamente una lucha por el poder, aunque ya sabemos que en los demás partidos sería una indecente lucha por el poder y en Podemos un loable debate enriquecedor y plural.
            Pablo Iglesias, cuyo modelo es más parecido al de los demás partidos que el de Echenique con su “triunvirato”, ha dejado bien claro que, si su propuesta “integral” de modelo y equipo para consolidarlo no logra el respaldo necesario, “sería lógico” que el proyecto lo encabezaran los responsables del modelo ganador. Y lleva razón. Ya Felipe González, hizo lo propio con el asunto del “marxismo” frente a quienes pretendían imponerle su modelo para que él lo liderara. Como los socialistas en aquel histórico Congreso extraordinario, los podemistas (desconocemos su ideología, que ocultan intencionadamente) tendrán que mojarse ahora al respecto. Luis Alegre lo tiene bien claro: “si no nos apoyan, tendrá que liderar Podemos otro”. La última palabra, al igual que los delegados socialistas en aquel congreso extraordinario, la tienen los 130.000 simpatizantes que se han inscrito para votar hasta el día 27 a través de las redes sociales (novedad sin duda esta votación tecnologizada y no instantánea y directa en una democracia asamblearia, aunque Artur Mas haga lo propio pero con cajas de cartón).
Como ven, salvo estas innovaciones procedimentales, nada nuevo bajo el Sol. Bueno, sí, aparte de los eufemismos para que los conceptos desprestigiados suenen mejor y parezcan otra cosa, es novedosa la apoteósica entrada de Pablo Iglesias al Congreso Constituyente (perdón, según su lenguaje, el primer encuentro presencial de la Asamblea Ciudadana Sí Se Puede), acompañado de seis guardaespaldas (el jefe, aunque no sea “casta”, es jefe), para proclamar ante los miles de militantes (mejor asistentes o simpatizantes), enfervorizados, que es el único líder capaz de ganar las elecciones al PP y al PSOE (de los demás, ni mu, se ve que ya los da por derrotados) y, parafraseando a Carlos Marx, afirmar rotundo que “el cielo no se toma por consenso, sino por asalto”. Es obvio que España ya cuenta con un salvador capaz de sacar del infierno a todos los españoles para llevarnos al paraíso. Esperemos que los daños colaterales en el asalto al mismo sean los menos posibles.

                            Fdo. Jorge Cremades Sena 

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