martes, 5 de noviembre de 2013

NO, CÁNDIDO; NO, TOXO. ¡NO!

                        Se veía venir. Como en otros tantos casos de corrupción, a medida que avanza la investigación judicial y el consabido “soy inocente” inicial de los afectados se desvanece, cada una de las noticias que van apareciendo, cada nuevo dato, va constatando no sólo la veracidad de los hechos protagonizados por los corruptos sino incluso sus malas artes a la hora de practicarlos. Tras señalar al mensajero como “culpable”, la excusa de siempre, por publicar falsedades, se pasa al “no todos somos corruptos”, el refugio indefinido, para salvarse cada uno de la quema. Dos falsedades descomunales que demuestran que el culpable, por acción u omisión, eres tú, especialmente si formas parte de la dirección de la institución u organización afectada, por no denunciar al mensajero, supuestamente calumniador, y por no actuar contra aquellos compañeros o colegas que tú mismo reconoces como corruptos implícitamente en tu máxima “no todos somos corruptos”. Es el prototipo de actuación en todos y cada uno de los casos de corrupción que se investigan en España. Y, obviamente, el caso de los EREs fraudulentos de Andalucía, con sus ramificaciones sindicales incluidas, no podía ser la excepción que confirma la regla. Es más, hasta su especial naturaleza fraudulenta le confiere aspectos que la hacen aún más despreciable.
            Desde que todo el mundo comienza a tener claro que el asunto de los EREs no era cuestión de “cuatro golfos”, como se dijo al principio, ni una especie de caza de brujas por parte de quién sabe quién, cada noticia publicada, cada acción-reacción de los afectados, ha ido engordando de forma descomunal e indecente la inmensa bola de basura que, descendiendo de lo más alto de la Junta, se precipita por todos los rincones de Andalucía hundiendo a los andaluces, especialmente a quienes más lo necesitan, no sólo en la miseria sino en el desamparo más absoluto. No en vano lo defraudado es dinero destinado a los más desfavorecidos, que no a los ricos, y los supuestos responsables del fraude e incluso beneficiarios del mismo, son quienes se auto titulan defensores ideológicos de las clases trabajadoras, un gobierno socialista, y luchadores por mejorar sus condiciones laborales, unos sindicatos de clase, especialmente los mayoritarios, UGT y CCOO. Y por si lo anterior fuese poco, tanto Cándido Méndez como Toxo, sus máximos dirigentes, tirando balones fuera.
            Ni las imputaciones de hechos delictivos a dirigentes sindicalistas, ni la imposición de fianzas millonarias, ni la detención y encarcelamiento de algunos de ellos, ni las evidencias manifiestas de haber participado, aprovechado en beneficio propio, de  amigos o familiares, en el chollo de los EREs fraudulentos que investiga la jueza Alaya, hacen caer del burro ni a Cándido ni a Toxo. A lo sumo, admiten un cierto “desorden”,  una “facturación manifiestamente mejorable”, presuntos “fallos”  y pequeñeces por el estilo que, eso sí, estarían dispuestos a resarcir y reparar las cantidades irregularmente utilizadas pues, ¡faltaría más!, su colaboración con la Justicia está fuera de toda duda. Uno y otro anuncian investigaciones internas para esclarecer los hechos, que nunca se esclarecen, mientras que lógicamente confían “en los dirigentes y militantes” de las distintas federaciones. Y como jamás se depuran internamente las responsabilidades, han de ser los hechos tozudos, que todo el mundo sabe en el entorno de los afectados, y la investigación judicial quienes al final echan por tierra esta ceguera congénita de los máximos dirigentes.  
            Ante semejante panorama, con un rosario de imputaciones in crescendo sobre dirigentes sindicales en Andalucía, que al final ha desembocado hasta en la dimisión en pleno de la Ejecutiva Provincial de UGT-Cádiz  ante la detención y posterior puesta en libertad con cargos de su Secretario General por parte de Alaya, a quien hace unos días insultaban y vejaban en las puertas del juzgado, tachándola de ser la “continuidad de los tribunales franquistas”, ni se puede mirar a otro lado, ni se puede hacer justificación alguna. Menos aún, como hace Cándido, eludir responsabilidades diciendo que "Quien debe agilizarse o agilizar los procesos es la Junta de Andalucía, es la que tiene la responsabilidad en la transferencia de estos programas públicos, que digan qué ha ocurrido", exculpando así a sus compañeros por el supuesto mal uso del dinero público. Ni siquiera vale si la intención fuera, como piensan algunos,  dar una especie de aviso a navegantes, en este caso a la Junta, que, por cierto, sigue manteniendo las subvenciones íntegras a dichos sindicatos a pesar de todo lo que se va conociendo sobre su fraudulento uso.
            No, Cándido; no, Toxo. Los millones de parados y los millones de trabajadores que conservan su trabajo, pueden aceptar que en muchas ocasiones, por razones claramente políticas, agitéis o no a la ciudadanía, movilizando o no a la gente por razones no estrictamente laborales. Pero les es totalmente inaceptable que además hagáis o permitáis un uso indebido del dinero destinado a mejorar su situación y, encima, les toméis el pelo negando la evidencia o desviándola hacia otra parte. No, Cándido; no, Toxo. ¡No!. Azí no vamos a ninguna parte.

                            Fdo. Jorge Cremades Sena 

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