domingo, 28 de septiembre de 2014

ARTUR MAS CONSUMA SU FELONÍA

                        No merece otro calificativo. Con la publicación de la Ley de Consultas, como pretexto torticero para convocar el ilegal referéndum, y con la rúbrica solemne del decreto de convocatoria del mismo para el 9-N, su deslealtad y traición al Estado de Derecho y, en definitiva, al pueblo español, incluidos los catalanes, queda más que probado. Una felonía pues, en toda regla, merecedora de la repulsa pública que merecen los traidores. Pero además, una vez traspasada la frontera de la amenaza, ejecutándola, Artur Mas, casi con toda probabilidad, incurre en el grave delito de prevaricación, uno de los peores que pueden cometer los funcionarios públicos, pues no es baladí faltar, a sabiendas o por ignorancia inexcusable, a las obligaciones y deberes de su cargo. Y es obvio, al margen de lo que explícitamente diga el Tribunal Constitucional en su momento, que el Molt Honorable conoce, o tiene la obligación de conocer, que ningún gobernante puede exceder su ámbito competencial ni sus funciones, es decir, lo que tiene asignado legalmente y, como es público y notorio, sin necesidad de ir a Salamanca, que dirían nuestros antepasados, ningún Presidente autonómico, incluido él por supuesto, tiene competencia para convocar un referéndum independentista, ni a nivel de toda España, ni, mucho menos, a nivel de una autonomía (en este caso Cataluña), porque, además de excederse del ámbito competencial, que “per se” lo convertiría en ilegal y delictivo, añadiría la agravante de usurpar al pueblo español nada menos que su soberanía, adjudicándosela de forma caprichosa a quienes arbitrariamente considera oportuno (en este caso a los catalanes). Por tanto, una gravísima decisión por parte de Mas, que, en térmicos político-jurídicos pudiera calificarse, sin andar muy errado, como de Golpe de Estado en toda regla, pues, salvo el requisito de violencia (de momento), es a lo que más se le parece. ¿Acaso no se trata de tomar el poder político por parte de un grupo de poder, vulnerando la legitimidad institucional establecida en un Estado? Pues, eso.
Con su conducta, extremadamente irresponsable e indigna de cualquier gobernante democrático, Artur Mas ha preferido ser leal a la promesa que hizo a Oriol Junqueras que a la que hizo al Estado de Derecho cuando asumió el cargo de President de la Generalitat, dejando el destino de Cataluña y, por tanto de España, en un callejón sin salida, muy difícil de sortear. Pero es más grave aún que, al menos por sus declaraciones públicas (y desde luego por las de su socio Junqueras), cuando llegue el momento de ir a las urnas, aunque el mismísimo Tribunal Constitucional desautorizara la consulta por estar convocada ilegalmente, desacatarán la sentencia e impondrán su criterio totalitario. Ya, por si acaso, ante lo que parece evidente, se ha desencadenado una campaña interesada de desprestigio institucional, incluido el del TC, buscando todo tipo de triquiñuelas (que si está al servicio del Gobierno, que si del PP, que si está politizado, que…) para dejar de antemano desvalorizada su sentencia y poner a buena parte de la población catalana contra el Gobierno que, obviamente, recurrirá al TC, con pleno apoyo de PP y PSOE, para detener “ipso facto” esta locura antidemocrática que, sin lugar a dudas, es el mayor ataque que ha sufrido el Estado de Derecho tras aquel esperpéntico golpe frustrado del 23-F, que, junto al 9-N, pasarán, sin duda alguna, a engrosar las páginas negras de la Historia de España. Así pues, como entonces, y como siempre, la medicina no puede ser otra que aplicar e imponer la Ley, pues sin Ley, sencillamente, no hay democracia.
            En fin, la felonía, cuando no algo incluso peor, de Artur Mas y su gobierno, no sólo alienta la división intolerable entre catalanes y resto de españoles, sino además la de catalanes entre sí mismos, dejando de cara al futuro una Cataluña dividida, amenazada por movilizaciones callejeras de unos u otros. En definitiva, amenazada de violencia. No en vano el propio Mas, tras consumar la felonía, insta a los partidarios de la misma a que le apoyen, con un “espero que ayudéis” y que “nadie se asuste porque se exprese la opinión en una urna” (una manipulación más), que suena a incitación a la rebelión, al extremo que los grupos soberanistas ya anuncian manifestaciones para defender la consulta ilegal. Bien sabe Mas que nadie se asusta porque se exprese la opinión en las urnas, ni siquiera, ¡faltaría más!, por lo que se decida en ellas; y bien sabe que nadie tiene que ayudar para que las urnas hablen, pues, afortunadamente son parte de nosotros y deciden nuestra convivencia desde hace ya treinta y seis años. Lo que asusta es que algunos, como él, no respeten su veredicto y, por tanto, la petición de ayuda debe ser para obligarles a respetarlo y a someterse al mismo. ¿Qué se puede esperar de quienes sacralizando las urnas traicionan lo que éstas han dicho anteriormente? ¿Quién puede asegurar que acatarán lo que digan en el futuro? ¿Cómo te puedes fiar de gobernantes que actúan al margen de la ley? Contesten las preguntas ustedes mismo.

                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

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