miércoles, 2 de octubre de 2013

AMENAZA ANTIDEMOCRÁTICA EN EUROPA

                        Un informe bastante fiable pone en alerta a las autoridades de la UE. Dicho informe revela un deterioro progresivo de la calidad del sistema democrático en Europa, detectando importantes retrocesos en la lucha contra la corrupción, el respeto a las minorías y a los derechos humanos. Encargado por el euro-grupo socialdemócrata, el estudio pone cierto énfasis en las amenazas provenientes desde la extrema derecha y un cierto descuido de las provenientes desde la extrema izquierda, pero, en todo caso, concluye acertadamente que “la democracia no puede darse por sentada, puede decirse que está amenazada”. De haber puesto idéntico énfasis en ambas “extremas” la conclusión hubiese sido más alarmante aún. Y no sólo en los países más recientemente incorporados a la UE, sino también en las viejas democracias; no sólo en los países del sur o el este, sino también en los del norte, el oeste y el centro. Por unas u otras causas se constata de forma generalizada el incremento de agresiones a inmigrantes, de rechazo a musulmanes, de euroescepticismo, de partidos de extrema derecha… que están haciendo retroceder los valores que se fueron consolidando en los años noventa.
            Sin pormenorizar en los detalles del estudio, basado en una combinación de más de veinte indicadores muy diversos, agrupados en cinco campos (procesos democráticos, incluida la corrupción; derechos fundamentales; respeto a las minorías; ciudadanía activa, y capital social y político), Grecia y Hungría son los estados peor paradas en calidad democrática (la irrupción del partido neonazi griego Amanecer Dorado en su parlamento y el auge de la derecha autoritaria húngara con 43 diputados y 3 en el parlamento europeo del partido Jobbik de extrema derecha, vaticinan incluso más deterioro futuro). Pero el auge de la extrema derecha (preñada de populismo, nacionalismo y xenofobia) no se circunscribe sólo a estos dos países. La reciente entrada en el parlamento sueco de Demócratas de Suecia, que se suma a las presencias parlamentarias en Países Bajos, Dinamarca, Austria, Eslovaquia, Letonia, Bulgaria, Francia, Finlandia… (por no añadir el haberse quedado a las puertas en Alemania, ni el peculiar caos italiano), así como el éxito en las últimas elecciones europeas obteniendo entre el 5% y el 10% de apoyos (Rumanía, Finlandia, Grecia, Francia, Reino Unido y Eslovaquia) e incluso superando el 10% (Países Bajos, Bélgica, Dinamarca, Hungría, Austria, Bulgaria e Italia), ponen en evidencia que el totalitarismo derechista es una real amenaza en Europa. Si se añade el variopinto movimiento antisistema (antiglobalización, anticapitalismo, anticonformismo militante…) auspiciado a veces por grupos pacifistas inconformistas (ecologistas, verdes…), pero utilizado y manipulado por grupos violentos heterogéneos, que van desde la extrema izquierda (anarquistas, comunistas…) a la extrema derecha (fascistas, neonazis…), proclives ambas a la violencia urbana y a la acción directa de la fuerza, el panorama europeo es sombrío en un ambiente de malestar colectivo causado por la crisis económica y la creciente desconfianza en los esquemas clásicos en que se han basado las llamadas “democracias occidentales”.
            Se precisa pues un revisionismo político regeneracionista en la vieja Europa para superar los viejos esquemas de proyectos políticos basados en los cuatro tópicos clásicos, ya desfasados, que diferencian las opciones políticas democráticas entre la izquierda y la derecha. La globalización exige planteamientos nuevos ante nuevos retos y nuevos obstáculos, al extremo de que determinados asuntos (inmigración, derechos humanos, integración cultural, terrorismo, drogas, delincuencia….) no pueden quedar como falsas armas arrojadizas electorales, de unos u otros, para generar en la población mayor desencanto, frustración y desconfianza en el momento en que se hace patente su inviabilidad o inconveniencia de ponerlas en práctica al obtener el gobierno. Baste como ejemplo, la decisión del gobierno socialista de Hollande de expulsar de Francia a gitanos búlgaros o rumanos, desmantelando sus campamentos, con el argumento de su nula voluntad de integrarse, convirtiéndose en focos de delincuencia incontrolables. ¡Quién lo diría cuando en campaña electoral calificaba las expulsiones como prácticas caprichosas e inhumanas del gobierno de derechas de Sarkozy, asumiendo las perversas políticas de extrema derecha de Le Pen! Si los desalojos eran entonces “inmorales e ilegales”, ¿por qué ahora no lo son? Y así, tantos otros ejemplos, sobre otros tantos asuntos (islamismo, “sin papeles”, libre circulación…) que, a todas luces, sería más sensato afrontar (y más eficaz frente a los planteamientos xenófobos de partidos totalitarios) mediante un consenso democrático generalizado, superador de opciones de izquierda o derecha, sobre la integración de los inmigrantes, su regularización y su control por parte de las instituciones, como la de cualquier otra persona no inmigrada, justo para garantizarle, como al resto, sus derechos y exigirle sus obligaciones sin agravios comparativos.
            Es urgente pues un papel más activo de la Comisión Europea para vigilar la calidad democrática dentro de sus fronteras. Pero, como en otros tantos asuntos, ni la UE tiene mecanismos al efecto, ni los estados miembros están dispuestos a concedérselos, ni los partidos democráticos de Europa quieren renunciar al privilegio demagógico de usar como propias cuestiones de sentido común con el único objetivo de ganar elecciones para quedar después con el culo al aire. Una frivolidad que puede traer graves consecuencias para la paz y la libertad en un futuro más próximo de lo que algunos prefieren creer. Entretanto un nuevo amanecer dorado para los totalitarismos, que en tales condiciones se mueven como peces en el agua.

                                    Fdo. Jorge Cremades Sena

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