viernes, 25 de octubre de 2013

LA PREGUNTA DEL REFERÉNDUM CATALÁN

                        A medida que se acerca la fecha inaplazable (por parte de Junqueras) para convocar el referéndum independentista en Cataluña se pone de manifiesto, entre otros desacuerdos de mayor profundidad, algo tan elemental como una falta de consenso entre sus promotores sobre qué pregunta plantearán al pueblo catalán para que tome una decisión acertada e inequívoca al respecto. Supongo que esta falta de consenso obedece a las múltiples posibilidades que se encierran bajo el difuso y confuso eslogan del vago “derecho a decidir”, que ha servido de base para aglutinar a casi todas las opciones políticas (autonomistas, autonomistas con financiación singular, centralistas, federalistas simétricos o asimétricos, confederalistas, independentistas de España pero no de la UE, de España y de la UE, pancatalanistas… y vaya usted a saber cuántas más), pasando por alto que tal derecho sólo está reconocido internacionalmente en una serie de supuestos que no se dan en Cataluña, por lo que ejercerlo, imponiéndolo de forma unilateral, acarrea graves consecuencias para los propios catalanes. Pero, en fin, habiendo decidido ilegalmente el Parlament que, legal o ilegalmente, el pueblo ejercerá ese derecho inexistente, no se trata ahora de dispersar el voto con una pregunta con múltiples respuestas (tantas como las opciones citadas), que añadirían más confusión a la ya innecesariamente generada, ni tampoco se trata de simplificar genéricamente  el voto en “independencia, sí o no” que, según las últimas encuestas, daría un resultado muy igualado ante las consecuencias graves de una decisión desacertada a causa de la desinformación calculada al respecto.
            Por tanto, la pregunta escueta, sin más, de “¿Quiere la independencia de Cataluña?” con la escueta respuesta de Sí o No, genera tantas dudas que, obviamente, requiere una serie de aclaraciones o datos previos que la conviertan en realmente segura y atractiva para la inmensa mayoría de catalanes. Algo así como “¿Desea la independencia de Cataluña, si, aunque sea ilegal la decisión, el resto de españoles y sus socios europeos, ya que nosotros no perteneceríamos a la UE al no tener ningún tratado firmado, no mostraran hostilidad alguna ante nuestra unilateral decisión y, por tanto, si nos exoneraran del pago de la deuda que tenemos contraída cuando éramos España, que asumirá generosamente nuestra parte; si nos siguieran comprando productos catalanes en idéntica proporción que ahora (50% España y 30% la UE) sin establecer ningún arancel como hacen con el resto de países terceros; si aceptaran nuestra nueva moneda como propia de la eurozona; si nos garantizaran que las empresas multinacionales no se deslocalizarían de la Cataluña ajena a la UE; si nos siguieran prestando las ayudas comunitarias; si nos ayudaran a que nuestra banca y empresas emblemáticas siguieran manteniendo el mismo volumen de negocio que tienen ahora fuera de Cataluña para que no caiga el PIB catalán; si nos financiaran a pesar de la pésima calificación de nuestras cuentas públicas; y si, en caso de que el experimento no funcionase, a pesar de todos estos apoyos, o, simplemente, considerásemos que sería más rentable adherirnos a la UE como cuando éramos parte de España, nos garantizaran que nuestra solicitud sería recibida con los brazos abiertos, al extremo de modificar los tratados para agilizar los complejos procedimientos, incluso suprimiendo la actual unanimidad que se requiere para el ingreso de un nuevo miembro por si algún estado tiene la tentación de oponerse impidiendo nuestra entrada?”. Fácil decir sí o no a esta pregunta que, aunque un poco larga,  puede concitar un amplio respaldo o rechazo popular, según la credibilidad que merezca al electorado sus diferentes condicionantes.
Si además de todo lo anterior se garantizara que, en caso de que en alguna de las provincias o comarcas catalanas saliera un no rotundo a la independencia, les sería reconocido el “derecho a decidir” frente al resto de catalanes, al igual que ellos se lo reconocen a sí mismos frente al resto de españoles, la pregunta sería casi perfecta, para que los catalanes decidieran con total conocimiento de causa, sin correr riesgos innecesarios. Al margen de la credibilidad o no de los condicionantes de la pregunta, a los electores sólo les quedaría una mínima duda sobre el modelo del nuevo estado que, obviamente, sería una república, pues no cabe pensar en una monarquía,  si tenemos en cuenta que Cataluña jamás fue Reino independiente a lo largo de toda su historia, y, apelar a ésta, recurriendo a los viejos condados catalanes, sometidos a los Condes de Barcelona (cuyo titular actual es el rey de España), quedaría como muy anacrónico. Por tanto, la mejor opción sería una República, aunque con la duda que, aunque pequeña, tiene su importancia, de si se trataría de una República Liberal Occidental o de una República Popular Democrática, asunto que, en todo caso, dependería de la correlación de fuerzas políticas que hubiera en las elecciones constituyentes, porque supongo que, al menos, se celebrarían dichas elecciones. Es evidente que el Movimiento Nacional, promotor de la independencia, que aglutina a CiU, ERC, SI, CUP, ICV y compañía, una vez conseguida ésta, se rompería, apostando cada partido que lo integra por su modelo de estado favorito y más acorde con su ideología, ya que, en caso de no disolverse el resultado sería muchísimo peor. Sería la única incertidumbre que les quedaría a los catalanes a la hora de votar, que no es poco.

                                    Fdo. Jorge Cremades Sena 

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